Es el único día del año en el que no se celebra la Santa Misa. En su lugar se prepara un oficio religioso, cuyo centro esencial es la lectura de la Pasión según san Juan para recordar las horas amargas de la Muerte de Cristo en la Cruz ante su Madre y otras mujeres que estaban en el Calvario.

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Mientras, por las ciudades se organizan procesiones con las imágenes sagradas de estas fechas. Y las carreteras acogen el ruido de los motores de vehículos que queman gasolina para seguir contaminando el aire y adelgazando el bolsillo de los conductores.

En el oficio religioso que hoy tiene lugar sobresale, también, la llamada oración universal, durante la cual se hace un repaso rezando por todas las autoridades civiles, religiosas, sociales, económicas…a fin de que actúen siempre con criterios de justicia, paz y amor por todos.

Estas autoridades están en estas horas preparando sus viajes por los pueblos a congregar a las gentes que irán a votar el día electoral. Otros seguirán en sus lugares de descanso poniendo tierra por medio de los avatares políticos a los que tendrán que hacer frente en los días inmediatos.

Muchos católicos acompañarán el santo entierro de Cristo, quien será colocado en un sepulcro nuevo ante los ojos llorosos de su madre dolorosa y de sus pocos acompañantes, al ver derrotado y muerto a quien dijo que resucitaría de entre los muertos al tercer día.

En el interior de los templos existe la costumbre de celebrar el Vía Crucis un momento esencial de revivir los ratos esenciales de la Pasión de Cristo, desde que es prendido en el monte de los Olivos, hasta ser clavado en la Cruz y morir en ella.

La participación en el Vía Crucis es un sano ejercicio de piedad popular y personal para entrar en el misterio de Cristo muerto por nuestra salvación.

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