Santísima Trinidad

De forma que el Padre, es amor, el Hijo es heredero de ese mismo amor, y cualquier bautizado es coheredero con Cristo de todas las promesas de Dios. Estamos, somos, familia de la familia trinitaria de Dios, uno solo, con tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Santísima Trinidad.

Hemos llegado al último domingo del mes de mayo. Concluimos un tiempo clave en la vida cristiana: la etapa de las primeras comuniones. Muchos niños han recibido por primera vez el Cuerpo de Cristo. Tendremos que pensar que no será la última comunión de ellos. De su familia dependerá.

La Palabra de Dios de este domingo nos enseña lo siguiente:

1.- Nunca ningún dios de los pueblos vecinos a Israel había actuado como el Padre de todos los israelitas: que había hecho una alianza de amistad con todo su pueblo; que había perdonado todas sus infidelidades; que había rehecho siempre la renovación de la alianza a pesar de todos los pesares…

Por esto, Dios exige a su pueblo que lo adore con fidelidad, con amor, con dedicación exclusiva, con total entrega, porque es el Padre del Pueblo elegido desde la creación del mundo.

Cuando alguien vive la paternidad de Dios de ese modo es plenamente feliz. Los ateos y los agnósticos son las gentes más tristes y amargas del mundo, aunque nunca lo confesarán, aunque se les nota nada más verlos.

2.- San Pablo, en la segunda lectura, nos habla del Hijo de Dios, de Jesús de Nazaret, a quien el propio apóstol le debía su conversión.

A la vez, cualquier cristiano, bautizado en el interior de la Iglesia, es coheredero con Cristo de todas las promesas que Dios había hecho a todo el que le amara sobre todas las cosas.

De forma que el Padre, es amor, el Hijo es heredero de ese mismo amor, y cualquier bautizado es coheredero con Cristo de todas las promesas de Dios.

Estamos, somos, familia de la familia trinitaria de Dios, uno solo, con tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

El infinito amor de la Trinidad es el mayor don que tenemos los cristianos.

3.- El Señor se aparece a sus discípulos y les dice que bauticen a todos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y les recomienda que vayan hasta el último confín de la tierra.

Pero les avisa:

“Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

En esta seguridad la Iglesia Católica se expande por todo el mundo, llevando el evangelio y los sacramentos hasta el último rincón de la tierra.

Es el sacramento de la Eucaristía, el Cuerpo y la Sangre de Cristo, el alimento de los caminantes, el pan de los hambrientos de ser mejores cada día que amanece, el centro y la cumbre de la vida cristiana.

Por esto, los niños primocomulgantes no deben perderse en el jaleo de la vida. La familia es la responsable de lo que es ocurra.

Leave a Reply