Hoy, en este domingo de la vigesimonovena semana del Tiempo Ordinario, celebra la Iglesia el día del Domund, el domingo mundial de la propagación de la fe, el día de las misiones. Hace años tal fecha como ésta  de hoy salían por las calles de las ciudades niños y jóvenes con una hucha que era la cabeza de un negrito o chinito, con una ranura donde se echaba el dinero voluntario para las misiones. Esta acción la promovían los colegios católicos de frailes y monjas, que creaban una conciencia misionera en los alumnos. Ahora, hoy, en los colegios privados se ha olvidado la educación para la misión. Ahora no se hace nada.

Este domingo tiene para nosotros un gran mensaje la Palabra de Dios que leemos en Misa:

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1.- El profeta Isaías habla de cómo gracias al sufrimiento padecido por el Mesías prometido, el pueblo se salvará y encontrará la justificación ya que cargó con los pecados de todos.

En estos tiempos la salvación se toma como un cuento para dormir a los desvelados por la falta de sueño, para los que no acuden al alcohol, o a las pastillas para cerrar los ojos. Nunca como ahora existen tantas personas sin poder dormir por sus propios pasos.

La salvación nunca es un cuento, sino una realidad operada en Jesús, el Mesías Salvador.

2.- En la carta a los Hebreos podremos leer literalmente:

“No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo, como nosotros, menos en el pecado.”

Cierto, Jesús es el sumo Sacerdote que ha padecido todas las debilidades humanas: el hambre, el dolor, el abandono, la soledad…y la muerte en la cruz. Lo que el Señor no ha sufrido es el pecado, ya que es impecable porque es el Hijo de Dios hecho hombre.

Nosotros pecadores, sufrientes de las debilidades humanas, hemos de acudir ante el Señor rogándole que nos auxilie en todas las necesidades que padezcamos.

Por lo tanto, la oración a Dios es esencial en la vida de los cristianos.

3.- San Marcos nos presenta a dos hermanos, amigos suyos, que le piden estar en los primeros cargos, son Santiago y Juan. El Señor les para los pies poniéndoles delante si son capaces de pasar por todas las penalidades como  él: el hambre, la desnudez, la soledad…la muerte. Ellos responden que son muy capaces.

Pero Jesús, para que el resto de la tropa no se revolviera contra él, les pega un corte radical:

“Sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado”.

A pesar de esta afirmación los otros discípulos se rebelan y se pelean por los primeros cargos, carguillos y carguetes. Porque Jesús ha venido a servir, y no a ser servido.

El católico actual es quien es misionero en su casa y tiene en cuenta al mundo de las misiones.

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