El desnortado grupo de los animalistas que tan de moda están creen que los animales son asimilables en su dignidad a la de las personas humanas. Por esto están contra todo lo que suponga la muerte o el maltrato de los animales.

Muchos de estos animalistas tienen a sus perros o gatos tratados como si fueran reyes, cuando el problema del hambre en el mundo les importa muy poco.

Veamos lo que nos dice la Palabra de Dios en este domingo:

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1.- La primera lectura del libro del Génesis es un momento esencial en la vida de la historia de la salvación: Dios hace su primera alianza con Abraham.

La ceremonia está llena de dramatismo, porque el patriarca ofrece a Dios lo que éste le pide: Tráeme una ternera de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, 
una tórtola y un pichón. Los parte por la mitad, y ante el olor a sangre animal aparecer las aves carroñeras a comerse los despojos. El patriarca las espanta como puede.

¿Habría que borrar este pasaje de la Biblia para que los animalistas se queden conformes?.

He tenido un debate con uno de ellos, y justificaba su ateísmo en la ferocidad de Dios ante el maltrato animal. Pobre persona que no sabe o no quiere entender el texto bíblico en su contexto histórico y de fe del pueblo israelita.

2.- San Pablo contrapone en la segunda lectura a quienes viven solamente pegados a la vida puramente terrena y animal, sin mirar en su interior para descubrir que su alma les eleva al cielo como hijos de Dios.

Solamente quienes pasan su vida atesorando bienes espirituales serán los que podrán gozar de las verdes praderas del Reino de los Cielos. Por el contrario, quienes solamente viven para lo estrictamente material son unos pobres diablos buscando las razones para vivir, cuando las tienen dentro de sí: su alma, su espíritu. Basta pararse y cambiar de vida.

3.- Este sentido de vida espiritual es la que nos ofrece el evangelio de hoy que es la Transfiguración del Señor en lo alto del monte Tabor delante de Pedro, Santiago y Juan.

La misión de Jesús en la tierra no es crear una gran nación material capaz de enfrentarse a todos los pueblos vecinos e imponer un imperio de poder humano.

La misión del Mesías es predicar el evangelio salvador, para eso tendrá que sufrir mucho, padecerá la crucifixión, morirá en ella y resucitará al tercer día. Su Reino no es de este mundo, por eso se transfigura delante de testigos para que después lo cuenten a los demás, que hemos llegado más tarde. De nosotros depende entrar en ese Reino espiritual.

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