En los medios de comunicación, en los grandes almacenes, en las tiendas de disfraces…tenemos que soportar la invasión de una costumbre muy yanqui, nada española, en torno a la fiesta de Todos los Santos, que celebraremos el próximo día 1 de noviembre.

Lo más grave es que los colegios públicos, y los privados en manos de frailes y monjas, mantienen esta insulsa manera de motivar a los niños, en vez de alabar a los Santos y rezar por todos los difuntos, en vestirse de carnaval en el final del mes de octubre haciendo el tonto.

Este domingo la Palabra de Dios nos deja los siguientes mensajes:

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1.- El libro del profeta Jeremías nos habla de cómo Dios juntará a su pueblo entero, donde no habrá distinción de ningún tipo: ciegos, cojos, mancos, parturientas, pobres…todos irán a disfrutar del torrente de aguas vivas.

Quien desee discriminar a otro por ser un discapacitado irá al infierno por toda la eternidad.

2.- En la segunda lectura la carta a los Hebreos nos enseña que el sacerdocio de Cristo está enlazado con la tradición sacerdotal eterna  según el rito de Melquisedec, y que por lo tanto, el Señor, no se llamó a sí mismo sumo sacerdote, sino que fue consciente de la misión sacerdotal que su Padre le encomendó al aceptar ser el Mesías Salvador de todos.

Esta misión sacerdotal, Cristo la confirió a sus discípulos en la última Cena, cuando instituyó el sacramento de la Eucaristía y del Orden Sacerdotal.

Quien no vea una línea de continuidad desde el sacerdocio de Cristo hasta los curas actuales es un ser ignorante y perverso, que no ama la Iglesia Católica.

3.- En el evangelio de hoy un ciego pide limosna a la gente que acompaña a Jesús. Sus voces molestan a los seguidores. Jesús se detiene y hace caso  al ciego curándolo quien lo sigue como uno más. Los que se molestaban de las voces del ciego eran los típicos tipos cascarrabias, que consideran que el Maestro es solamente para quien no tiene ninguna discapacidad.

Jesús tapa la boca a los que protestan por las voces del ciego. Hoy ya ningún ciego, por lo menos, en España, tiene que pedir limosna para vivir. Quien arregló la vida de los ciegos españoles fue Francisco Franco, quien hace ochenta años, creó la ONCE, la organización nacional de ciegos españoles, vendiendo los cupones de los iguales, que se sortean cada noche dejando un reguero monetario a quien ha comprado el cupón.

Existen hoy otros ciegos en España que no puede ingresar en la ONCE, porque están ciegos de soberbia, de odio, de rencor, de resentimiento, de intolerancia, de mentiras y embustes. Estos ciegos no desean saber que viven ciegamente, creen que ven y desean imponer a los demás lo que ven y cómo lo ven, saltándose las mínimas reglas democráticas. Son ciegos con alma de dictadores de mentes y vida, de dueños de vidas y haciendas. Estos ciegos son muy peligrosos y nos van a llevar a perder la vista a todos, es decir, a pasar hambre y morir de pena. Todavía estamos a tiempo de limpiar a estos ciegos de moda y pasarlos al olvido.

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