D, Tomás de la Torre Lendínez

Domingo de la trigesimosegunda semana de Tiempo Ordinario

Comenzamos la recta final del año litúrgico. En estas fechas iremos cerrando el año en torno a las verdades eternas: muerte, vida, juicio, gloria. Es lo que el catecismo de Ripalda llamaba las postrimerías de la vida de los cristianos.
En esta dinámica, la Palabra de Dios nos enseña hoy lo siguiente:
1.- La Sabiduría es el mismo Dios que nos ilumina, nos orienta, nos conduce, nos estimula y nos traza los senderos por los que, respetando nuestra libertad individual, nos debemos encaminar a lo largo de nuestra vida.
Ella, la Sabiduría, “ella misma va de un lado a otro buscando a los que son dignos de ella; los aborda benigna por los caminos y les sale al encuentro en cada pensamiento”.
La Sabiduría divina desea siempre nuestro bien, somos nosotros los que elegimos el mal.
2.- En la carta a los fieles de Tesalónica, san Pablo recuerda los entresijos del misterio de la muerte humana, que debe ser siempre mirada desde la fe en Dios, porque de lo contrario la desesperanza y la desesperación serían monedas de curso legal para conducirnos al suicidio.
San Pablo nos indica que lo mismo que Cristo murió en la Cruz y resucitó de entre los muertos, para nunca más morir, lo mismo nos ocurrirá a nosotros, quienes todos moriremos, pero resucitaremos en la segunda venida del Señor, cuando venga a juzgar a vivos y muertos.
Es este un gran misterio, dice san Pablo, que con la fe nos debemos consolar mutuamente para vivir siempre preparados, porque no sabemos ni el día ni la hora de nuestra partida de este mundo.
Por lo tanto, la digna y constante preparación es la que nos debe conducir a mirar la muerte sin miedo, y con mucha esperanza, en que Dios no nos engaña.
3.- En el evangelio de hoy vemos cómo la insensatez es la que nos puede apartar de la misericordia de Dios. Existen necios que creen que tienen aceite en sus lámparas para siempre, y que nunca se les gastará. Por eso cuando llega el momento concreto de la segunda venida del Señor no se puede ir a comprar aceite, ya que no da tiempo, y nos podemos quedar con las puertas cerradas y con dos palmos de narices.
Por el contrario, las personas prudentes, sensatas, organizadas, orientadas al bien, solamente serán los beneficiados de tener siempre aceite de repuesto en sus lámparas para ir llenando el que se gasta por el paso del tiempo y el desgaste propio de la vida.
Por muchos seguros a todo riesgo que tengamos, por muchas franquicias, que no tengamos, nadie ni nada nos puede asegurar entrar en el Reino de los Cielos por nuestra bella cara, por nuestras grandes propiedades, por nuestra buena labia para defender nuestro caso.
Por lo tanto, vivamos la sensatez y la prudencia, la paz y la templanza, no atesoremos nada más que las obras de amor a Dios y a los hermanos, este es el buen aceite de nuestra lámpara. Lo demás equivale a vivir engañados deseando engañar al Señor en el último día.

Domingo de la trigesimoprimera semana de Tiempo Ordinario

A lo largo del Antiguo Testamento vemos diversas muestras de cómo Dios no se calla ni una de las faltas de su pueblo elegido. Se las echa en cara de manera directa. ¡Cuánto hemos de aprender del Señor en el este sentido¡
La Palabra de Dios de este domingo nos muestra los siguientes aspectos:
1.- En la primera lectura Dios señala uno de los fallos esenciales de los sacerdotes de la Antigua Alianza: la doble vara de medir a los ciudadanos judíos. A unos no les exigían nada y a otros los clavaban como insectos al modo de proceder de los entomólogos.
El Señor les advierte de la siguiente forma:
“¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos creó el mismo Dios?
¿Por qué entonces nos traicionamos unos a otros profanando la alianza de nuestros padres?”.
Aquella situación debería ser superada con la llegada del Mesías prometido por todos los profetas enviados a conducir al pueblo de las tinieblas a la luz.
2.- En la segunda lectura vemos claro cómo San Pablo alaba a los cristianos de Tesalónica, igual que ha venido haciéndolo en los domingos anteriores.
Hoy les indica que él, el apóstol, no deseaba ser gravoso para nadie en la comunidad católica, todo lo contrario Pablo actuó con una entrega no solamente a explicar la fe de Cristo, sino que deseó y lo hizo ser amigo de cada miembro de la familia católica.
La alabanza que les dirige es muy clarificadora:
“Por tanto, también nosotros damos gracias a Dios sin cesar, porque, al recibir la palabra de Dios que os predicamos, la acogisteis no como palabra de hombre, sino, cual es en verdad, como palabra de Dios que permanece operante en vosotros los creyentes.”
San Pablo, es, pues, un ejemplo de cómo dirigir una comunidad de cristianos para todos los tiempos, los lugares, las culturas y las razas.
3.- En el evangelio de hoy Jesús de Nazaret vuelve a dar en el clavo, a imitación de la primera lectura, a la hipocresía, a la soberbia, a la falta de honradez, de los sacerdotes, escribas y fariseos que brujuleaban en torno al templo de Jerusalén, buscando siempre disponer de pruebas para condenar al Mesías, acusándolo de cualquier desliz verbal o mental.
El Señor les habla tan claro que los deja desarmados, y de camino, nos da un repaso a los cristianos y curas de nuestros días a quienes con contundencia nos pone a caer de un burro. Ese burro del egoísmo donde vivimos instalados todos por miedo a que se descubran nuestras miserias y pecados personales y colectivos de la propia comunidad de los hijos de Dios.

Domingo de la trigésima semana de Tiempo Ordinario

Existen gentes que ante la dureza del lenguaje del Antiguo Testamento, tomándolo al pie de la letra, les da miedo y optan por creer que Dios es un ogro justiciero. Algo que les lleva a pasarse a las filas del agnosticismo y el laicismo.
Las lecturas de la Palabra de Dios de este domingo son focos muy iluminadores.
1.- La lectura del libro del Éxodo aparece esa figura guerrera y soldadesca, en el lenguaje literario, de un Dios duro y exigente con quienes atenten contra las viudas, los huérfanos, los pobres y los que empeñen el vestido que portan para cubrir su cuerpo.
Aparece una idea divina vengativa que tomará medidas drásticas contra quienes intenten ofender y pisar los derechos de los más pobres del pueblo de Israel.
Tras ese duro lenguaje se esconde la paternidad de Dios sobre los más pobres y necesitados, que son los predilectos del pueblo elegido por el Señor.
2- La segunda lectura presenta a la comunidad de Tesalónica como un buen ejemplo para otras tierras cercanas, como Macedonia o Acaya, donde los vecinos de la ciudad marítima fueron buenos misioneros y predicadores del evangelio del Señor.
San Pablo se prodiga en alabanzas para aquellos cristianos que están aguardando la llegada del Señor al final de los tiempos.
La acción misionera de la Iglesia nunca se ha detenido, ni se detendrá, porque está conducida por el Espíritu Santo.
3.- En el evangelio de hoy la pregunta que le hacen sus enemigos al Señor es para poderlo enfrentar a la primera lectura de hoy. Con la intención de ver si aceptaba la mirada y la predilección de Dios sobre los pobres y necesitados de la comunidad.
Como Hijo de Dios, encarnado y nacido de la Virgen María, Jesús, los deja con tres palmos de narices, cuando reafirma, ratifica, asegura y eleva el tono del primero y del segundo mandamiento de la Ley de Dios.
En el primero se debe amar a Dios sobre todas las cosas.
En el segundo se debe amar al prójimo porque es imagen y semejanza de Dios.
Es el sistema de la Cruz: el palo alto y vertical es la imagen de cómo nos dirigimos hacia Dios.
El palo corto y transversal es la señal de los brazos abiertos de Cristo en la Cruz que murió para salvar a todo el género humano sin excepción alguna.
Con esta visión de Cristo clavado en la Cruz, es más fácil amar a nuestros enemigos, y perdonar a todos los que nos ofendan.
Ahora el lenguaje del Antiguo Testamento se comprende desde la sensibilidad cultural de nuestros días, desde la paz con Dios y uno mismo en nuestra personal conciencia, lugar de la presencia divina en nuestras vidas.

Domingo de la vigesimonovena semana de Tiempo Ordinario

Abunda la gente que no desea oír que la Iglesia Católica explique y aplique la Doctrina Social de la Iglesia. Les repele que la Iglesia opine sobre asuntos temporales y discutibles. Con el conflicto catalán se da esta situación: por una parte, unos apelan a una mediación eclesial; por otra, otros desean que le Iglesia guarde su doctrina para el interior de las sacristías.
Este domingo la Palabra de Dios viene como guante a medida.
1.- En la primera lectura aparece cómo Dios eligió al rey, no judío, Ciro para apaciguar la situación del destierro a Babilonia, donde había sido conducido el pueblo de Israel.
Ciro dictó un rescripto devolviendo a la comunidad del Pueblo de Yahvé hasta su tierra de Palestina, a la tierra prometida, donde la había colocado la mano de Dios tras la salida de la esclavitud en Egipto.
El profeta Isaías deja muy claro que fue el mismo y único Dios, quien llamó a Ciro para que efectuase la gestión legal y real de sacar al pueblo judío del destierro.
Ciertamente, el profeta subraya que no existe otro Dios que el de Israel.
2.- En la segunda lectura san Pablo se dirige a los cristianos de Tesalónica, señalando que en todo momento damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones, pues sin cesar recordamos ante Dios, nuestro Padre, la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y la firmeza de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Señor.
Este elogio era completamente cierto, ya que aquella comunidad de católicos habían dado pruebas suficientes de que su fe, su amor y la firmeza de su esperanza estaba había estado a prueba de todas las asechanzas y peligros que los paganos habían intentado probar para buscar su caída en el pecado de abandonar el único Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.
La marítima ciudad de Tesalónica era un hervidero de gentes raras que llegaban con afanes de tirar por el suelo la fidelidad de la comunidad católica. No lo consiguieron.
3.- El evangelio de hoy es el momento cumbre en que Jesús deja aniquilados a sus enemigos, cuando le dicen que a quien habría que pagar al César, dominador del pueblo judío, a declararse insumisos tributariamente. Lo que suponía la muerte y la incautación de los bienes del insolvente.
El Señor pidió una moneda de curso legal, y como buen documentalista monetario, les hizo caer en la cuenta que la imagen y la inscripción grabadas en ella eran del César. Terminó con la frase genial:
«Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».
A partir de entonces sus enemigos se fueron retirando de la escena, ya que les había dado un golpe en el cogote para que siguieran aceptando que eran súbditos de los romanos, a quienes debían pagar los tributos impuestos.
La Doctrina social de la Iglesia nos ilumina sobre cómo debemos actuar en la vida temporal, en la vida cívica, en la vida pública, sabiendo buscar siempre el bien común de la comunidad cristiana, que es el resumen de la voluntad de Dios en todo momento. Por lo tanto, una Iglesia muda en temas temporales es inadmisible ayer, hoy y mañana.

Domingo de la vigesimoctava semana de Tiempo Ordinario

Dejamos la viña y sus enseñanzas. Hoy la Palabra de Dios nos habla de un banquete, al  que acuden los invitados y sus consecuencias.
1.- En la primera lectura el profeta Isaías anuncia un gran banquete en lo alto de un monte, donde se pondrán manjares exquisitos y vinos generosos, al que Dios invita a todos los miembros de su pueblo elegido.
A los invitados no les pillará la muerte, sino la vida. Perderán las lágrimas y en su lugar habrá alegría grande.  Aquel día la gente dirá que Dios es grande y padre de una gran humanidad.
Quien solamente se encuentre y se quede en lo puramente material: en los manjares y en la bebida no habrán entendido la gran lección que desea transmitir el profeta. La lección es sencilla: la salvación Dios la regala gratis a los que se lo merecen.
2.- En la segunda lectura san Pablo confiesa que él está preparado para todo: lo bueno y lo malo; la abundancia y la escasez; la riqueza y la pobreza; la salud y la muerte.
Afirma que todo lo hace con la fuerza de Cristo, que lo ha preparado para toda tribulación. San Pablo, de este modo, nos invita a saber acomodarnos a la voluntad de Dios sobre nuestras vidas.
Los cristianos debemos buscar y vivir siempre en esa tensión entre ser y tener, entre vivir o morir.
3.- En el evangelio aparece la parábola del banquete de bodas, al que el padre del novio invita a sus amigos enviándoles mensajeros para que les recuerden el acontecimiento. Pero los invitados se escaquean con pretextos absurdos.
Ante esta ausencia el padre monta en cólera y manda a sus soldados a que maten a los que no saben valorar la invitación al banquete de bodas.
Tras la tragedia, el padre del novio envía a sus criados a que llenen el salón con todos los tipos que se encuentren por las calles y los caminos. Cuando todo está repleto el padre pasa a saludarlos, y encuentra a uno que no tenía vestido de boda. Lo larga a la calle y el evangelio concluye con la conocida sentencia:
Muchos son los llamados, pero pocos los escogidos.
Existe angustia en ciertos cristianos que acuden al banquete de la Eucaristía cada domingo. Cuando ven que el número de asistentes disminuye, intenta buscar una explicación que nunca encuentran.
La razón está en la libertad de las personas, que sabiendo que están invitadas al banquete dominical, no acuden porque no les da la gana, aduciendo unos motivos infantiles e imposibles de mantener.
Hoy tiene la misma actualidad: Muchos son los llamados, pero pocos los escogidos. Dichosos éstos últimos que se benefician del alimento del Cuerpo y la Sangre del Señor.

Domingo de la vigesimoséptima semana de Tiempo Ordinario

Durante el mes de septiembre y parte de octubre está teniendo lugar la vendimia en todas las tierras donde están sembradas las vides que producen las uvas cuyo zumo servirá para la confección del vino y otros licores de más graduación.
La protagonista de la Palabra de Dios de este domingo es la viña, la cepa, los viñadores, el abono necesario y todo el significado que esto supone con la comparación con el Reino de Dios.
1.- En la primera lectura encontramos cómo la viña de Dios era el pueblo de Israel, elegido por el dedo divino, para realizar con él una Alianza de amistad y servicio, que siempre debería ser mantenida con fidelidad plena a la voluntad del Señor.
Sin embargo, la libertad del pueblo elegido produjo muchos momentos de ruptura de esa Alianza, apartándose de la voluntad divina.
En vez de uvas la viña del Señor le entregó agrazones, que no sirven nada más que para tirarlos a la basura.
Vivimos unos días donde en una región española se ha roto la cordura, la legalidad asumida por todos y el sentido común de la convivencia pacífica entre los ciudadanos y vecinos de aquella tierra. Han dado agrazones en vez de uvas sanas. Han sembrado el odio, en vez del amor entre los habitantes allí situados y el resto de España.
¿Debemos perder la esperanza y la paz interna en nosotros, en nuestras familias y vecinos por esta situación de conflicto social y político?.
Pienso que no, porque antes o después la sensatez se impondrá a la barbarie y el libertinaje.
2.- San Pablo nos dice en la segunda lectura que debemos valorar siempre y en todas partes todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta.
Aquí tenemos, los católicos, la meta de nuestra actuación presente y futura ante el asunto producido en tierras catalanas. Valorando a la buena y verdadera gente, a la noble parte de aquella sociedad, a los justos de aquella región, a los amables existentes entre ellas, y a los merecedores de alabanza, podremos restañar las heridas inferidas por un grupo de locos que han sembrado la semilla del odio contra el resto de españoles.
Con este ánimo podremos conectar con la parte buena, que existe, dentro del pueblo catalán.
3.- El evangelio de hoy es una copia casi literal de la primera lectura. Nos aporta cómo el dueño de la viña va enviando mensajeros para cobrar el arrendamiento correspondiente, a los cuales los matan de forma inicua.
Son capaces de matar hasta al mismo hijo del dueño de la viña, que es la significación de los que hizo el pueblo judío matando al Mesías prometido clavándolo en una cruz, desde la que perdonó a sus ejecutores porque no sabían lo que hacían. Los meses que se avecinan son para perdonar a todos los inocentes que cegados de odio, los han llevado hasta el matadero, aunque no son miles, sino cuatro que ni están en hospitales. El perdón es la mejor herramienta para reiniciar el camino de la convivencia en España.

Domingo de la vigesimoprimera semana de Tiempo Ordinario

Durante estos días muchos medios informativos están hablando de un imán y sus delitos con la consecuencia de la muerte de otros y la propia.
Algunos analfabetos están equiparando a este criminal  con cualquier cura que esté al frente de su feligresía.
Veamos lo que nos apunta hoy la Palabra de Dios:
1.- La primera lectura nos muestra cómo para Dios no existen cargos vitalicios, sino que donde hoy está tal persona, mañana habrá otra, que seguramente lo puede hacer mejor que
el anterior.
Así sucede con el mayordomo del palacio, quien fue sustituido por otro más eficaz y fiel  que su antecesor.
El recién elegido será el responsable pleno de los servicios y necesidades del palacio real.
Cuando existe una autoridad firme, siempre funciona todo mejor.
2.-  La segunda lectura nos aclara la frase paulina:
¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos!
Los secretos de la voluntad de Dios, solamente los conocemos cuando se desvelan y dejan de perder su desconocimiento al ser humano.
Cuando vemos cómo Dios actúa es el momento de saber que sus decisiones y caminos son absolutamente desconocidos para la mente humana, que llega hasta donde puede. Por lo tanto, meterse a decidir en lugar de Dios es estar mal de la cabeza.
3.- El evangelio de este domingo nos lleva a ver cómo el Señor pregunta sobre quien dice la gente quien es El. Les pregunta a sus discípulos. Solamente san Pedro da en la diana de la respuesta favorable, lo que le lleva a recibir la promesa de ser el primado de la Iglesia Católica, mediante la figura literaria de la entrega de las llaves, signo con el que el arte reflejará siempre a san Pedro en cuadros y esculturas.
Con esta decisión, el Señor constituye la jerarquía de la Iglesia, cuya cabeza es Pedro y el resto de discípulos, y así, a través de la historia, hasta nuestros días.
La religión católica se diferencia de las demás, ya que todo obispo o sacerdote hemos recibido el sacramento del Orden Sacerdotal, que nos habilita a ejercer el ministerio sagrado  en las comunidades cristianas, a cuya cabeza está el obispo.
Nos alejamos de la anarquía de otras opciones religiosas, donde cualquiera que pasa por la esquina puede ser un imán con todos los pecados que arrastre en su vida personal.
Gracias a la jerarquía de la Iglesia Católica, cuando un cura u obispo se saltan la ley, cometiendo algún delito lo pagan volando, y el control sobre la conducta personal de cada ministro sagrado está vigilada por el obispo y el resto de los compañeros sacerdotes. A pesar de estos controles las meteduras de patas en la vida eclesial se dan, porque la debilidad humana es la inclinación al pecado.  Aquí está la singularidad de la Iglesia Católica.

Domingo de la vigésima semana de Tiempo Ordinario

Parece que la religión israelita era solamente para los nacidos en la tierra de Israel. No era así, según los textos de la Eucaristía de este domingo. Veamos los puntos que nos presenta la Palabra de Dios.
1.- En la primera lectura se encuentra cómo eran recibidos los nacidos en el extranjero por parte del judaísmo oficial. Se legisló sobre ellos, se habla de cómo serían recibidos en el interior del Pueblo de Dios.
En definitiva, el pueblo peregrino de Israel sabía ser agradecido con cualquier extranjero que deseaba entrar en su religión y comenzar sus relaciones con el Dios bíblico.
La postura de aceptación de todo extranjero es la prueba de que los judíos habían sido peregrinos en la tierra de Egipto durante largos años.
2.- La segunda lectura la firma san Pablo, quien se titula él mismo como el apóstol de los gentiles, es decir de todas las personas que no hubieran nacido en el interior del judaísmo oficial.
San Pablo es la prueba palpable de la universalidad de la predicación del Mesías Salvador de todo el género humano. Lo demostró con rotundidad con su vida y sus cartas dirigidas a las varias comunidades cristianas que había creado esparcidas por la cuenca del Mediterráneo.
3.- En el evangelio de hoy encontramos uno de los momentos mejores demostrativos de cómo Jesús, fue el Divino Maestro, ya que en el encuentro con la mujer cananea, al inicio se hace el despistado, en un segundo momento los discípulos le dicen que la despache en su petición para que no siga dando voces.
En el tercer momento, Jesús afirma que él ha venido para salvar solamente a los hijos de Israel, pero la respuesta de la mujer es antológica:
“Los perros también se alimentan de las migajas que se caen de la mesa de los amos”.
Cuando el Señor se queda prendado de una fe tan perseverante le conceda la salud a la hija de aquella persona extranjera.
Llevamos en España un verano con campañas contra los turistas y extranjeros, que llegan hasta nosotros a dejarse los dineros en consumir y en inversiones, cuando compran apartamentos, muebles, y otros productos de primera necesidad.
La campaña está orquestada por gentes racistas, xenófobas, que les gustaría que por aquí, en vez de venir más de ochenta millones de turistas, no viniera ni Robinson Crusoe a las playas españolas.
Y que los puestos de trabajo que produce el turismo no existieran elevando el número  de parados hasta el infinito. Los promotores de la campaña contra el turismo son cortos de mente, no quieren entender que su postura nos aleja del sentido de emigrantes que hemos tenido los españoles a lo largo de la historia, cuando España se abrió al Nuevo Mundo descubierto por Colón y nos legó el Imperio  más grande donde nunca se ponía el sol.
El sentido de brazos abiertos que nos enseña hoy la Palabra de Dios es para que sigamos haciéndolo sin acepción alguna, porque todo visitante de España nos enseña, nos deja dinero y nos ilustra en cano que sepamos hablar su lengua nativa.
La Eucaristía es la asamblea del Nuevo Pueblo de Dios, donde nadie sobra y todos somos bienvenidos a la hora de celebrar alimentarnos con la Palabra de Dios y el Cuerpo de Cristo, que nos debe hacer hermanos de todos sin ninguna excepción.

Domingo de la decimonovena semana de Tiempo Ordinario

Vivimos unos tiempos en los que los números de circo tienen gran audiencia. Gusta mucho al público los espectáculos de luces de neón, los malabarismos con pelotas de juego, pero todo vacío de vida y de mensaje cristiano.
Veamos los tres puntos que nos presenta la Palabra de Dios de hoy:
1.- La primera lectura nos trae un ejemplo ilustrativo de donde se encuentra Dios. El profeta Elías debe distinguir si el Señor se encuentra en el viento recio, en el terremoto, en el fuego…En ninguno de estos fenómenos se encuentra Dios.
Solamente se le encuentra en la brisa suave, en el soplo casi imperceptible, ahí sí está Dios, porque nunca asusta a sus hijos, sino que desea que lo descubran en lo sencillo, en lo natural, nunca en el número circense.
2.- La segunda lectura nos muestra a un san Pablo que no duda en reconocer que al ser un conocedor, por sangre y cultura del judaísmo, reconoce la herencia familiar de Jesús, que es un judío de nacimiento, pero sin perder su trascendencia al ser Hijo de Dios, quien está por encima de toda raza, lengua y religión.
Reconocer que Jesús es judío de origen, le da más veracidad a su mesianidad, prometida por todos los profetas del Antiguo Testamento.
3.- En el evangelio de hoy encontramos a Jesús que ora a su Padre de noche solo en la cima de la montaña, acabada la oración, el Señor acude a ver a sus discípulos, quienes están montados en la barca surcando el mar de Galilea.
El Señor desea sorprenderles caminando sobre las aguas de modo suave. Ellos se imaginan que es un fantasma quien se les acerca. Ante la afirmación de seguridad de que era el Señor, ellos se quedan tranquilos, excepto uno de ellos: Pedro.
Quien siendo amigo de los números de circo, de pretender ser diferente a los demás, le pide al Señor que lo deje llegar hasta él andando por encima del agua.
El plan no le sale a Pedro, ya que le falta fe y cuando comienza a hundirse en el líquido elemento, pide ayuda al Señor, quien le recrimina ser una persona de poca fe.
El Señor lo toma de la mano, lo salva, pero le da una gran lección:
Sin fe no se alcanza nada, con fe se puede mover montañas.
¿Por qué no salen los planes de tantas personas apoyadas en hacer números circenses, en vez de hacer bien lo poco y bueno de cada día?.
Los defraudados católicos existentes por la vida son porque desearon como Pedro andar por encima del agua, pero sin fe. Pretender subirse al trapecio del circo pero sin red, es ponerse a matarse o ahogarse entre el griterío del público presente.
Nunca debemos buscar el aplauso fácil de las masas, busquemos más bien el regalo de Dios en el silencio de la oración y de la ejecución de la voluntad de Dios en todo momento de la vida.

Domingo de la decimoctava semana de Tiempo Ordinario. La Transfiguración del Señor

Este domingo la Iglesia celebra, como cada 6 de agosto, la fiesta de la Transfiguración del Señor, por lo tanto las lecturas de la Palabra de Dios son las propias de esta fecha tan señalada en la liturgia de calendario cristiano.
Veamos las enseñanzas de este domingo para todos los católicos:
1.- En la primera lectura el profeta Daniel encuentra cómo los seguidores de Dios serían muchísimos a lo largo del tiempo y el espacio.
El profeta encuentra la respuesta a cuantos podrían beneficiarse de la salvación ofrecida por Dios al género humano hasta el final de los tiempos.
Cuando el Señor venga a juzgar a vivos y muertos: es el anuncio de la segunda venida de Cristo.
2.- En la segunda lectura es el mismo apóstol San Pedro quien narra la escena de la Transfiguración del Señor de la cual fue un testigo señalado y singular.
Afirma que no es cuento para dormir a gentes insomnes, sino la realidad de cómo oyó la voz del cielo afirmando que quien estaba allí era el Hijo de Dios, en quien el Padre se complacía e invitaba a que se le escuchara.
3.- El evangelio de hoy nos presenta la escena propiamente hablando de la Transfiguración del Señor en lo alto de la cima del monte Tabor. Cuando se visita el mismo lugar de los hechos contados en el texto evangélico de hoy se comprende cómo el Señor eligió aquel sitio.
No puede subir ningún autobús, se llega en taxis, que dejan lejos de la basílica donde tuvieron lugar los acontecimientos contenidos en el evangelio.
Además, el aire es puro, el silencio se puede cortar con un papel de fumar, la arboleda invita a oír solamente el silbido del viento que mueve las hojas, y el templo es para quedarse allí extasiados rememorando la escena evangélica.
Es un sitio donde se respira y se presiente el Cielo en la tierra, la realidad celestial clavada en lo alto de un monte de nombre Tabor.
En este domingo invito a que hagamos, quienes puedan a ir alguna vez en la vida hasta la Tierra Santa, y cuando suban hasta lo alto del monte y reflexionen sobre la fiesta de la Transfiguración verán que el pelo se eriza, el esqueleto se conmueve y dan ganas de decir las palabras de Pedro:
“Señor, que bien se está aquí”.
Sinceramente no dan ganas de marcharse de la cima del monte Tabor, pero como le dice el Señor a los testigos, no debemos contarlo hasta que lo experimentemos.
Eso mismo lo digo yo, tras haber estado dos veces en el mismo lugar.
La Transfiguración del Señor es el anticipo de cómo seremos y estaremos en el Reino de los Cielos, siendo espíritus puros, adorando eternamente a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Allí se acaban los calendarios y los relojes.

Domingo de la decimoséptima semana de Tiempo Ordinario

Los tiempos actuales nos han traído un tipo de políticos inmaduros, incultos, vengativos, sembradores de odio y venganza, y dispuestos a agarrarse al poder aunque tengan que vender sus principios al diablo.
La Palabra de Dios nos trae tres puntos en este domingo final de julio:
1.- El rey Salomón agrada a Dios cuando no le pide riquezas, ni vencer a sus enemigos, sino a saber impartir justicia a un pueblo tan numeroso como el israelita, necesitado de un dirigente justo y sabio para dar a cada uno lo que necesita en la búsqueda del bien común.
Desde aquel momento Salomón se convierte en el prototipo de saber gobernar con sabiduría y justicia para toda la historia del pueblo de Israel y para el resto de los pueblos vecinos.
Tan ejemplar conducta real condujo a otros reyes de tierras diversas a mirarse en el espejo salomónico. Unos lo cumplirían y otros no. Pero la intención se mantuvo a pesar de los fallos humanos.
El mismo Salomón terminó sus días enemistado con Dios, ya que se perdió entre los halagos de este mundo y los placeres que le ofrecían las tentaciones a las que sucumbió.
Sin embargo, la lectura de hoy es un espejo donde deberían mirarse muchos dirigentes de hoy, quienes vienen de fábrica corruptos y otros aparentan que no lo son, cuando nadan en el cieno más negro y maloliente.
2.- En la segunda lectura san Pablo nos habla cómo los hijos de Dios somos llamados a ser seguidores suyos, y si lo hacemos conseguimos ser elegidos, somos predestinados y somos predestinados para hacer el bien seremos glorificados en la vida eterna.
A lo largo de la vida, encontramos a muchas buenas gentes que tienen un don especial para hacer el bien, y se marchan de este mundo con buen olor de recibir el pago del Señor en el Reino de los Cielos. Lo que nos demuestra que es posible la santidad con la Gracia de Dios.
3.- El evangelio de hoy insiste en la misma idea de sumar parábolas similares para que los oyentes de Jesús se enterasen bien del valor de trabajar por el Reino de Dios y su justicia y lo demás lo recibiremos por añadidura.
Es la sabiduría salomónica, es la credencial de la Gracia de Dios, la que nos debe llevar a acumular riquezas espirituales en esta vida que nos sirvan de pasaporte a la vida eterna.
Por el contrario, muchos cristianos solamente viven para atesorar valores que los pueden hundir los movimientos de la bolsa bancaria, o la polilla de la crisis económica, o el fuego que se propaga en cualquier momento de un accidente humano.
Por lo tanto, somos cada uno quienes debemos elegir entre las propiedades que tenemos que dejarnos aquí, cuando llega el momento de la muerte, o los bienes imperecederos, que nos regala el Señor, como concedió la sabiduría al rey Salomón.
Procuremos no equivocarnos en la elección, en ella está la verdadera felicidad.

Domingo de la decimosexta semana de Tiempo Ordinario

Si vivimos en la ignorancia es sobre la vida campesina. Algunos, los menos, colocan macetas en sus balcones o terrazas. Los mercaderes de los productos agrícolas han llevado a la sociedad actual a vivir de espaldas al campo y a la rica lección que se saca de sembrar, segar, recoger, guardar el grano y todo el rito ancestral de la vida agrícola.
En la Palabra de Dios encontramos los siguientes puntos:
1.- La sapiencia del Libro de la Sabiduría nos muestra cómo la doctrina del Señor es enseñar siempre una actuación justa con todos sin caer en acepción de personas, sin menospreciar a nadie, y con una escala de valores donde todos sean y tengan la misma dignidad e igualdad ante la norma humana y divina.
La lectura concluye: Actuando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus hijos una buena esperanza, pues concedes el arrepentimiento a los pecadores.
2.- El Espíritu es quien nos da la forma para pedir al Señor, ya que en caso contrario estaríamos considerando que Dios es un conseguidor de los que abundan por los concursos de los triunfos humanos.
De esta manera dejarse llevar por el buen Espíritu es la medida de orar con confianza y perseverancia, sin caer en el cansino insulso y falto de fe de muchas gentes.
3.- En el evangelio de hoy el Señor vuelve a sacar a relucir las labores del campo: el sembrador que esparce la semilla, pero el enemigo esparce la suya. El trigo y la cizaña nacen juntos, pero es mejor dejarlos crecer para que cuando llegue la hora de la siega se puedan separar y la cizaña vaya al fuego y el trigo al granero.
El enemigo es el demonio, quien nunca descansa, dando vueltas en torno nuestro, como león rugiente buscando el modo de comernos a dentelladas.
La cizaña la coloca en todo lo que hacemos, decimos, o pensamos. De modo que existen casos de personas que no son conscientes de cómo sueltan cizaña por su boca creyendo que están dando buenos consejos, buena sabiduría nacida de un espíritu cerca de Dios, cuando está más cerca de los criterio del demonio siempre envuelto en la mentira y la falsedad.
Los medios informativos, actualmente, son los encargados de sembrar cizaña en nuestras mentes y en los corazones, de forma que la sociedad española ha cambiado como un calcetín vuelto del revés, en buena parte, por culpa de unos medios que nos inyectan en vena, sin apenas darnos cuenta, sin querer, sin pretenderlo, unos criterios tan falsos, inmorales, injustos y demoniacos que, cuando vemos los resultados, nos quedamos medio lelos, sin habla y sin capacidad de reacción. Ya es tarde. Ha triunfado la cizaña de los enemigos de la fe católica.
Con todo, no debemos perder la confianza, no es parar desesperarse, pero sí para tomar buena nota a fin de que las nuevas generaciones no se nos vayan por el sumidero camino de la cloaca máxima, que arrastra el detritus de toda la sociedad.
Confiando en el Señor podremos vencer y convencer. Sin Él iremos todos al muladar.

Domingo de la decimoquinta semana de Tiempo Ordinario.

Si algo nos falta este verano es agua en nuestros pantanos para el consumo humano y el riego de los campos. Si algo nos sobra es el calor atosigante que nos rodea de día y nos impide dormir de noche.
La Palabra de Dios de este domingo nos presenta los siguientes puntos a meditar:
1.- Dios envía el agua y la nieve y nunca vuelven al cielo, sino que se quedan en la tierra para que procuren regar y hacer germinar las semillas que las manos humanas colocan amorosamente sobre la tierra labrada que nos produce el fruto apetecido para la alimentación de toda persona de buena voluntad.
Dios desea que demos frutos de buenas obras a favor de todos sin distinción ni excepción alguna. En ese deseo vivimos en una tensión permanente que el Señor nos pide que nunca dimitamos de ella hasta el último suspiro de nuestra vida.
2.- San Pablo nos dice que la creación entera, salida de las manos creadoras divinas, está viviendo esa tensión permanente para que nunca se pierda ninguna persona salvada por el Misterio Pascual de Cristo.
En esa lucha es como si la naturaleza estuviera con dolores de parto deseando encontrar dar a luz esa segunda venida de Cristo, donde seremos transformados en ciudadanos del Reino de los Cielos para toda la eternidad.
Por lo tanto, lo importante es dar buenos frutos en nuestra tierra personal y familiar.
3.- El resumen de la parábola del sembrador nos alumbra los diversos casos en los que podemos dar o no hacerlo buenos frutos que nos sean recompensados cuando el Señor venga a juzgar a vivos y muertos.
Jesús subido en una barca fondeada en el lago de Genesaret habló de cómo el sembrador echa la semilla en tierra buena, en el borde del camino, entre las piedras, entre abrojos,
Solamente la que cayó sobre tierra buena fue la que entregó y ofreció frutos buenos y sazonados. ¿Somos nosotros personas llenas de tierra buena, o por el contrario, tenemos piedras, abrojos o tierra dura, donde no florecen ni los jaramagos?.
Hoy es la fiesta de la Virgen del Carmen, patrona de los hombres del mar, esos que faenan para alimentar nuestros cuerpos del pescado sacado del fondo marino.
¿Cuántos podemos contar cómo amigos, familiares y conocidos, se han visto en peligro en altar mar e invocando a la Reina de los mares, la Virgen del Carmen, han salido con vida en sus labores pesqueras?.
Todos tenemos que invocar a la Virgen del Carmen cuando somos tragados por olas de la vida que nos aparta del buen camino y de la buena tierra que produzca frutos de verdad y justicia.

Domingo de la decimotercera semana de Tiempo Ordinario.

La sociedad de hoy tiene muchos contravalores, que nos hacen ser unas personas hoscas, hurañas, desconfiadas y plenamente egoístas. Muchos de nosotros hemos vivido en localidades donde en pleno verano existía una gran comunidad humana, donde los valores de las sanas relaciones vecinales y familiares eran muy apreciadas.
Hoy la Palabra de Dios sale a nuestro encuentro y nos recuerda lo siguiente:
1.- En la primera lectura se nota que la virtud de la hospitalidad sin dobles intenciones, sino con un corazón abierto, encuentra siempre el premio de parte de Dios.
El profeta Eliseo y su ayudante son aceptados en una casa donde les construyen una habitación cortando espacio en la azotea. Es el criado del profeta quien le sugiere que el mejor pago que puede recibir aquel matrimonio consiste en rogar a Dios que les conceda un hijo que les alegre la vida y la ancianidad.
Así ocurre. En el mundo de la cultura judía la hospitalidad no se cobraba pero sí se pagaba con un regalo. El don de un hijo a un matrimonio estéril es el mejor regalo que podían recibir.
El hospitalario tiene un corazón grande donde caben muchas personas.
2.- Los cristianos, según la segunda lectura, hemos de considerarnos muertos al pecado y resucitados con Cristo a la vida de la Gracia y la Amistad con Dios.
Cristo ha vencido a la muerte para siempre jamás, y ha resucitado de entre los muertos para nunca más morir.
Todos los hijos de Dios hemos de hacer este ejercicio a diario: morir al egoísmo para vivir resucitados a la Vida que es Dios Amor.
3.- El evangelio nos invita a practicar la hospitalidad cristiana de forma natural y espiritual. El mundo digital es muy propio para ejercer la virtud de la hospitalidad, aunque algunas veces se encuentra uno con gentes de malas ideas, y peores intenciones.
Los atacantes digitales viven en la oscuridad de las cuevas del dominio de los ciberataques, escondidos tras las máscaras de creerse héroes de grandes hazañas, cuando lo que consiguen es detener los dispositivos de la industria, del comercio y de la sanidad.
Cristo hoy nos indica que quien recibe a alguien que va en su nombre, le recibe a él mismo.
Los que hemos sigo acogidos hospitalariamente en casas, cuando hemos estado predicando misiones en zonas rurales de cortijadas y aldeas perdidas, hemos visto cómo las personas de esos lugares que a lo mejor no aparecen en ningún mapa, tienen un sentido humano de gran generosidad en sus corazones y en sus brazos abiertos, demostrando que entienden muy bien la virtud de dar hospedaje temporal al seminaristas o al sacerdote que se acuerda que estos ciudadanos no tienen ni iglesia, ni la presencia de los sacramentos con tanta costumbre permanente como ocurre en las grandes ciudades.
¡Cuánto he aprendido entre esos cristianos en minoría casi desaparecida de la escena social¡
Solamente si acogemos al que Dios envía, estamos recibiendo al mismo Señor.

Domingo de la decimosegunda semana de Tiempo Ordinario

Mucha gente tiene una concepción meliflua de los medios de comunicación social, tomándolos solamente como una manera de entretenerse y gastar el tiempo en bagatelas. Con esa idea muchos cristianos se queman en mitad de la parrilla de la Red o de las redes sociales.
Miremos lo que nos dice hoy la Palabra de Dios en los siguientes tres puntos:
1.- La primera lectura del profeta Jeremías nos presenta una realidad que se da siempre que existan gentes capaces de cometer barbaridades de perseguir a los demás por sus ideas religiosas, por el color de su raza, por su lengua o cultura.
El acoso, el derribo, la persecución…son formas de atacar a los que estorban a los intereses de los que tienen en sus manos el nuevo orden mundial, donde los católicos contamos poco, y no nos dejan la libertad de ejercer nuestro culto como el Señor y nuestra dignidad nos exige.
La religión cristiana es la más perseguida en el mundo en estos momentos, según los datos suministrados por Ayuda a la Iglesia Necesitada.
La persecución la lleva dentro el cristianismo desde los tiempos de los Hechos de los Apóstoles, cuando el primer mártir, San Esteban, murió a pedrada limpia, mientras las ropas de los asesinos eran guardados por un joven llamado Saulo, que luego será un gran apóstol de Jesús.
2.- La segunda lectura nos muestra que el primer pecado original de Adán y Eva lo llevamos y traemos a la vida hasta que se nos perdona con la recepción del sacramento del Bautismo.
De forma, que si por una pareja entró el pecado en la historia humana, es Cristo el gran redentor y salvador de toda la humanidad con el Misterio Pascual, con su muerte y resurrección de entre los muertos, nos ha librado para siempre.
3.- El evangelio de hoy comienza haciendo una declaración de principios clave: Nada hay escondido que no llegue a saberse. De modo que todo lo que os digo pregonadlo desde las azoteas.
Aquí tenemos la apuesta del Jesús por los medios de comunicación, por la información, por la enseñanza a todos los que deseen oírnos o leernos.
Esta apuesta por la comunicación de la Iglesia al mundo que nos rodea ha sido siempre una constante a lo largo de la historia de la institución eclesial. Sin embargo, ha sido desde el Concilio Vaticano II, cuando la Iglesia ha abierto sus brazos a las vocaciones de la comunicación y de la información con completa dedicación.
La llegada de Internet ha traído que, no solamente los curas sino también los laicos hayan tomado la senda de la comunicación personal, eclesial y familiar. La aparición de las redes sociales como twitter o Facebook ha producido a un grupo de valientes laicos, que, unidos por las mismas inquietudes, están conformando verdaderos campos de información, donde la gratuidad es total y la valentía es grande.
Pero, los ilusos, los faltos de pericia, los cándidos, cuando son enviados a la parrilla a ser quemados por los enemigos de la libertad de expresión católica, entonces lo pasan fatal y dimiten de la función comunicadora, cuando deben ser valientes a toda costa si fuera preciso siendo mártires de la verdad y de la comunicación cristiana al precio que sea.

Solemnidad del Corpus Christi

En algunos lugares se celebró el pasado jueves. Lugares como Toledo y Granada lo hicieron así. El resto de España celebramos el Corpus este domingo. No pasa nada. El caso es celebrar una fiesta tan arraigada en el seno de la fe del pueblo católico.
Veamos los tres puntos que se desprenden de la Palabra de Dios de hoy:
1.- El maná como anticipo del alimento del pueblo de Israel peregrino por el desierto del Sinaí se presenta como un don de Dios a sus hijos elegidos mediante la Alianza que con ellos pactó.
El agua saliente de la roca en Horeb es igualmente el símbolo de la predilección de Dios hacia su pueblo caminante hasta la tierra prometida de Israel, donde el pueblo ya no pasaría nunca más ni hambre, ni sed.
Dios, como padre, siempre alimenta a su pueblo, porque ningún padre desea que sus hijos pasen hambre de ningún tipo, ni material ni espiritual.
2.- Aparecen, ahora, el pan y el vino convertidos en el Cuerpo y en la Sangre del Señor, de modo que el gran milagro de la última Cena de Jesús con sus discípulos se hace actual en el sacramento de la Eucaristía, que celebramos en cada Misa.
En el día del Corpus pasea por nuestras calles el mismo Cuerpo y Sangre de Cristo, en la Sagrada Custodia que porta al mismo Dios bajo la especie de pan, que no es pan, sino el Cuerpo de Cristo.
Por lo tanto, acompañar en la procesión eucarística al Señor en la fiesta de hoy por nuestras calles y plazas es un acto de fe, esperanza y amor ante el Señor de los Señores.
3.- En el evangelio Jesús se presenta como el pan vivo bajado del cielo, afirmando que quien come su cuerpo tendrá vida eterna y alimentará su alma.
Sin embargo, los oyentes toman al pie de la letra las palabras de Jesús y se preguntan que cómo puede “este a darnos de comer su cuerpo”. Son torpes en la inteligencia de la fe, y caen en la cosificación de creer que Cristo es un “caníbal” que arranca la carne de su persona y la reparte a los “antropófagos” que serían todos los que participen de ese condumio fantasmal.
Jesús se refiere a la consagración del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre del Señor, que quienes la comemos nos transformamos en “otros Cristos”, en dadores de vida y esperanza a unas gentes errantes que caminan por el desierto de la vida, sin otros horizontes que la molicie, la comodidad, el gasto innecesario, la carrera por tener más y disfrutar menos que nadie.
Hoy la Custodia con el Señor pasea por calles y plazas para demostrarnos que está sociedad tiene arreglo con la oración y el testimonio constante de nuestras vidas cristianas entregadas a la misión de la evangelización hasta el último rincón de ciudades, villas y aldeas.
Muchos laicistas desean que nuestra religión se quede dentro de los templos, no quieren ver que hoy las calles se alfombran de hierbas olorosas para el Señor, desean mandarnos a las sacristías, consideran que no tenemos derechos en esta sociedad, cuando en realidad no pueden anularnos por nada, ya que somos tan ciudadanos con iguales derechos y obligaciones que ellos, tal como proclama la pisoteada Constitución española, que mientras la mantengan es la única para todos los que nacimos en la tierra de España.

Domingo de la Santísima Trinidad

En muchas ciudades existen parroquias o conventos bajo la advocación de la Santísima Trinidad. Incluso en el callejero, a pesar de los cambiazos ordenados por leyes inicuas de la memoria histórica, encontramos el rótulo: Calle de la Santísima Trinidad.
En la liturgia de la Iglesia, hoy es la fiesta de la Santísima Trinidad. Encontramos estos puntos:
1.- La primera lectura nos muestra cómo Moisés dialoga con Dios en la nube del monte Sinaí, llevando las tablas de la ley en las manos. Dios habla con Moisés, rogándole que tenga misericordia con el pueblo, porque está lleno de gente de dura cerviz.
Es lo que en castellano popular llamamos “tipos cabezones o cabezotas”, que no dan su brazo a torcer ni con una grúa de la estiba de los barcos, en estos días en huelga mientras tiran el dinero de la economía española por los suelos.
La cabezonería no solamente la tiene el pueblo israelita, también la encontramos cerca de nosotros, o a lo mejor somos cualquiera. El cabezón se distingue por decir tonterías en las que se mantiene, aún a sabiendas que está equivocado y errado con todas las letras.
Los cabezones frente a Dios tienen poco futuro, porque antes o después tienen que reconocer sus pecados de cabezonería que les aparta de la gente normal.
2.- En la segunda lectura San Pablo recomienda a sus lectores que trabajen por la paz, que se den el beso de la paz mutuamente en la Eucaristía y que así serán bendecidos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Mucha gente desea vivir en guerra consigo misma, con los demás y con el mismo Dios. Y eso de darse el signo de la paz, en la Misa, por ejemplo, no lo hacen, porque vayan a mancharse las manos con el enemigo que tienen al lado, con las babas del niño de delante, o con las arrugas de la anciana a la que la tiembla la mano por padecer algún tipo de parálisis progresiva.,
Los cristianos estamos para caminar con los brazos abiertos, con las manos limpias, con el corazón puro, dispuestos siempre a sembrar la paz y el amor, que Dios nos regala cuando tenemos la conciencia tranquila de haberle amado a Él sobre todas las cosas.
3.- El texto del evangelio de hoy es una declaración de la existencia de la Santísima Trinidad, cuya existencia la confesamos a diario cuando nos hacemos la señal de la Cruz sobre nuestro pecho, según fuimos enseñados desde la cuna por nuestros respectivos padres.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, es una triple invocación mencionando a las tres Personas de la Trinidad, y confesando que creemos en un solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, según ha ido revelándose a lo largo de toda la historia de la salvación que la tenemos escrita en la Sagrada Escritura, en la misma Biblia, en la Palabra de Dios.
Cuando, en estas fechas actuales, tanta gente blasfema contra Dios, contra los sacramentos, de modo especial contra la Eucaristía, debemos los cristianos levantar en alto nuestra voz para decir que no metan tales ofensas a Dios en nuestras casas, por medio, por ejemplo, por el lenguaje soez de las películas dobladas al español de otros idiomas, o por la participación a voces peladas de los tertulianos del fútbol o de la política. Si nadie desea que ofendan a su familia en público, tampoco lo queremos los católicos. Deseamos que respeten el nombre de Dios así en la tierra como en el cielo.

Domingo de Pentecostés

En el día de hoy terminamos el tiempo de Pascua de Resurrección. Hoy es la Pascua del Espíritu Santo. Es la fecha en la que el Espíritu del Señor descendió sobre las cabezas de los apóstoles en forma de lenguas de fuego. En este sentido vemos los siguientes tres puntos:

1.- La venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles en el cenáculo es el momento en el que públicamente nace la Iglesia Católica. Es el momento en el que los hombres preparados por el Señor tienen que hacerse cargo de la enorme empresa de evangelizar desde un rincón a otro del mundo conocido hasta aquel momento.
Aquellos discípulos completan la formación que el Señor les había impartido, terminan la convivencia con Él, como lo vimos el domingo pasado cuando Jesús asciende a los cielos por su propio poder.
A partir de ahora la Iglesia naciente tendrá delante las enseñanzas de Cristo para enseñarlas, transmitirlas y pasarlas a las siguientes generaciones de cristianos hasta llegar a nuestros días.
No es fácil esta misión que les encomienda Cristo, sin embargo, con la ayuda del Espíritu Santo se hace posible que los beneficios de la Redención salvadora puedan ser asumidos por todos los creyentes que serán bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Aquella Iglesia medrosa, asustadiza, hablando en una sola lengua, a partir de hoy, fiesta de Pentecostés, consigue perder sus miedos, llenarse de valentía y hablar en todas las lenguas posibles para que las personas de todas las razas, lenguas y culturas puedan entrar a formar parte de la Iglesia, comunidad de los hijos de Dios por el bautismo.

2.- San Pablo en la segunda lectura nos invita a reconocer los diversos miembros que existen en la Iglesia, de manera que ninguno puede vivir separado del otro, porque todos se necesitan entre sí con la fuerza del Espíritu Santo, la tercera persona de la Santísima Trinidad.
La cabeza del cuerpo de la Iglesia es Cristo, pero cada bautizado formamos parte del propio cuerpo espiritual y místico de la asamblea de los hijos de Dios.
Así pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

3.- En el evangelio de hoy vemos clara que la misión que Cristo encomienda a los primeros obispos y presbíteros de la Iglesia es la de bautizar y confesar los pecados de todas las personas.
Los misioneros de la primera Iglesia acuden a toda persona de buena voluntad con la predicación del evangelio, resumida en el Misterio Pascual de Cristo, muerto y resucitado de entre los muertos, y con la recepción del sacramento del bautismo para ingresar en la comunidad católica, donde nadie es plenamente perfecto, sino que existen pecadores que necesitan el perdón de sus pecados para volver a la amistad con el Señor y los hermanos.
Pentecostés es una fecha para actualizar la presencia del Espíritu Santo en nuestras almas, y para ver el grado de responsabilidad misionera que debemos mantener siempre en la vida.

Domingo de la sexta semana de Pascua

En los días en que nos encontramos muchos niños están acudiendo a hacer su primera comunión. Mientras, los más jóvenes están recibiendo el sacramento de la Confirmación. Son los sacramentos de la iniciación cristiana, que los prepara para proseguir su vida católica, tanto en el alimento con el Cuerpo de Cristo, como con la asistencia del Espíritu Santo.
La Palabra de Dios de este domingo nos permite encontrar los siguientes puntos:
1.- En la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles encontramos cómo los discípulos descubren que los bautizados en la ciudad de Samaría necesitaban recibir el sacramento de la Confirmación para recibir al Espíritu Santo, tercera persona de la Santísima Trinidad, y conductor de la vida de todo cristiano y de la comunidad católica.
Acuden a Samaría, Pedro y Juan, quienes como obispos oran por aquellos bautizados a fin de que reciban el Espíritu del Señor y confirmen sus compromisos con la comunidad cristiana, que los ha conservado sanos desde el día en que recibieron las aguas bautismales.
Una vez más, la Iglesia descubre los sacramentos y se va organizando la jerarquía eclesial de manera sencilla, pero evidente, demostrando que la estructura de la Iglesia era básica para su propia pervivencia a lo largo de los siglos.
2.- San Pedro en la segunda lectura, nos vuelve a recordar que los cristianos debemos perdonar a todos los que nos calumnien porque de esa manera damos testimonio de delicadeza y respeto a todos, incluidos los que nos tratan de ofender.
Porque siempre es mejor sufrir haciendo el bien, si es así la voluntad de Dios sobre nuestras vidas. De esta manera hacemos como el Maestro que hizo el bien a todos con sus milagros y predicaciones, pero luego fue llevado hasta la muerte para que se cumpliera la voluntad de Dios de que el Mesías sería el Salvador, el Redentor del género humano.
Hemos de seguir los pasos del Maestro Jesús sufriendo siempre haciendo el bien, aunque los enemigos nos traten como tontos. Bendita tontura por el Reino de los Cielos.
3.- El cumplimiento fiel de los mandamientos resumidos en dos: Amar a Dios sobre todas las cosas, y a los hermanos como a nosotros mismos, es la llave que nos abre la puerta celestial.
Nunca podemos pensar que con nuestras solas fuerzas humanas podemos añadir nada a nuestra salvación. Solamente nos salva el Señor, quien junto al Padre y al Espíritu Santo ruegan por nosotros y nos inundan con su gracia para hacer el bien a toda persona de buena voluntad.
Necesitamos cristianos convencidos de este misterio de la presencia de Dios en nuestras vidas personales y familiares nos harán factible el cumplimiento fiel de todos los mandamientos de la ley de Dios y de la Santa Iglesia, nunca nuestras fuerzas humanas. En estos días debemos tener presentes en nuestras oraciones a los niños que hacen su primera comunión, y a los jóvenes y adultos que reciben el sacramento de la Confirmación, que imparte el obispo haciéndose presente en las comunidades parroquiales, o bien envía a un sacerdote delegado suyo para celebrar tan importante sacramento, que en los últimos años está recibiendo una revitalización que antes no tenía dentro de la acción pastoral de la Iglesia.
Ahora mismo quien no esté confirmado no puede ser padrino del bautismo, ni de la Confirmación, ni debe contraer matrimonio eclesial.

Domingo de la quinta semana de Pascua

Cuando alguien no se entera bien de una cosa y pide explicaciones se las debemos dar. Es una obra de misericordia enseñar al que no sabe. Es un papel esencial tanto en la familia, como en la educación y en el interior de la propia Iglesia Católica.
En la Palabra de Dios de este domingo vemos cómo el Señor se explica muy bien.
1.- La Iglesia naciente va aumentando con la incorporación de grandes masas de gentes dispuestas a seguir a Jesús de Nazaret oyendo la predicación de Pedro y el resto de los discípulos. El trabajo agota a todos. Se impone ampliar la plantilla de la empresa.
Para que los discípulos puedan dedicarse de lleno a la evangelización, hubo que elegir a un puñado de hombres, que son llamados diáconos o servidores, porque son los encargados de las operaciones caritativas de la comunidad cristiana.
Son realmente los primeros miembros activos de Cáritas, dispuestos a que nadie pasase necesidad material ni espiritual.
La Iglesia organizada así, llega hasta nuestros días.
2.- Continúa la carta de San Pedro hablándonos hoy que Cristo es la piedra angular del edificio de toda la Iglesia, tanto que los que debieron aceptar que era el Hijo de Dios, el Mesías prometido desde la antigüedad, no quisieron admitirlo y lo llevaron hasta la muerte en la cruz.
Por el contrario, se cumplió lo que el mismo Jesús había anunciado: que resucitaría de entre los muertos al tercer día de morir en la cruz.
Pedro y los discípulos son los testigos de esa realidad, y los gestores de aplicarla en la Iglesia para nuestra propia santificación
3.- En el evangelio, el Señor contesta a la pregunta de dos discípulos que no entendían y eran torpes. Uno de ellos fue Tomás quien pregunta cuál es el camino para llegar hasta el Padre. Jesús le dice: Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie va al Padre sino es por mí.
El otro discípulo es Felipe que ruega al Señor que le muestre al Padre y le bastaba.
Jesús tiene que resumir para ambos amigos suyos, que no se complicaran la vida porque viéndole a Él ya veían al Padre, porque el Padre y Jesús son la primera y la segunda persona de la Santísima Trinidad.
Muchas personas de hoy se complican la vida con preguntas evidentes sobre nuestra Religión, intentando razonar temas que solamente los podemos asimilar uniendo equilibradamente la Razón y la Fe. Cuando falta alguno de estos pies, entonces la persona se lía mentalmente, se aburre ante la inexistencia de soluciones inmediatas, y abandona la práctica sacramental, terminando elaborándose una religión a la carta, tomando los aspectos menos exigentes y placenteros para la vida personal y familiar.
Este fenómeno se produce más de lo que creemos. Existen actualmente en la sociedad gentes que tuvieron unos principios educativos eclesiales, se implicaron en temas pastorales dentro de su familia, pero ante una inexplicable situación les ocurre como a Tomás o a Felipe, que tienen la solución delante y se complican con preguntas absurdas.

Domingo de la cuarta semana de Pascua

Entre los anticlericales decimonónicos y librepensadores enemigos de la verdad católica corría una crítica muy fuerte. Decían que en las iglesias se encendía el incienso para medio dormir a los reunidos y conducirlos como a una manada de ovejas y borregos; conducirlos sin pensamiento propio y estabularlos, de manera especial a las mujeres, siempre dadas a ser más seguidoras de las normas eclesiales y sumisas a las órdenes recibidas.
Tal ofensa fue defendida y sigue en vigor en la mente de los sucesores de aquellos, cuyas mentes están vacías de un mínimo de masa gris para pensar sin hacer daño a nadie.
Nosotros, veamos lo que nos enseña hoy la Palabra de Dios:
1.- El propio Pedro vuelve a decirle a sus oyentes que deben bautizarse en la Iglesia para que se sientan hijos de Dios, cuyo Hijo padeció, murió en la cruz y resucitó al tercer día de entre los muertos como prueba de su filiación divina para la salvación del género humano,.
Pedro vuelve a repetir que él es el testigo del Misterio Pascual de Cristo, y por lo tanto, no habla de oídas sino de lo que sus ojos han visto y su corazón amigo de Dios le dicta.
2.- Sigue hablando san Pedro en la carta de hoy animando a sus lectores a mantenerse fieles en el seguimiento de Cristo, lo mismo que las ovejas oyen la voz del pastor y le siguen sabiendo que nunca la va a despeñar por un desfiladero.
Sino, todo lo contrario, las conduce donde existen pastos tiernos para que alimenten sus cuerpos necesitados de la vida que supone ser animales rumiantes.
San Pedro llama a Jesús pastor y guardián de las ovejas.
3.- El buen pastor es Jesús, según el evangelio de hoy, quien desea que sus ovejas entren por la puerta estrecha hasta el aprisco, sin que ninguna se salte las tapias o los muros que guardan el lugar donde están cobijadas del ataque de cualquier lobo, que no son aficionados, sino profesionales de la maldad y de la matanza de las ovejas.
En esta figura literaria de llamar a los cristianos ovejas es donde los enemigos de la Iglesia se apoyan para ofendernos y tomarnos por tontos. Hace unos días en la puerta de un templo, estaban situados varios enemigos de la fe católica, a todos los que entraban a la misa de doce de la mañana del domingo, los ofendías con el siguiente modo:
Hacían el coro al balido de las ovejas, y se reían de los niños, jóvenes y adultos que iba a misa. Uno, más machote que ninguno, se acercó a dos chicas de unos quince años, diciéndoles a voces: -¡Oíd, ahí dentro, os estabulan, os aborregan, os castran la mente¡.
El cura estaba en la cancela parroquial viendo y oyendo todo el drama de las chicas. En un momento determinado, acudió hasta las dos jóvenes y las invitó a entrar en la iglesia. El machote soltó con toda la mala leche:
-¡Ahí, tenéis la prueba, el dictador de las mentes sale a buscaros¡
Sin responder nada, en silencio, la comunidad cristiana reunida inició la Eucaristía, presidida por el cura, quien invitó a todos a rezar por los enemigos que estaban en la calle, sabiendo que siempre tendremos a lobos a nuestro alrededor, a quienes debemos perdonar siempre.

Domingo de la tercera semana de Pascua

En este domingo encontramos cómo Dios consigue que quien menos creemos que pueda hacerlo bien, lo hace de forma admirable y digna de elogio pleno. Entre nosotros cuando señalamos a alguien como tontos, lo son para toda la vida. Sin embargo, para el Señor es posible la conversión y la entrega de la confianza plena a quien se lo ha merecido.
En los tres pasos habituales, vemos los siguientes aspectos:
1.- En la primera lectura aparece Pedro, el que renegó a Jesús en la noche del Jueves Santo, antes que el gallo cantara, el cual toma la postura propia del primer papa de la Iglesia naciente cuando habla a la multitud congregada y les narra los hechos de la pasión, muerte y resurrección del Señor de entre los muertos.
El primer papa de la Iglesia eleva su voz para que se note que lo que contaba lo había vivido íntimamente en su corazón, a pesar de haber dicho tres veces que no conocía a aquel que iban a juzgarlo malamente y mandarlo a morir en la cruz entre dos ladrones.
Pedro es consciente que el gran milagro de la resurrección de Jesús de entre los muertos es la piedra angular del arco de nuestra fe católica.
Un san Pedro arrepentido, lleno de la gracia de Dios, enardece a la muchedumbre que está pendiente de sus palabras, quienes se convierten al cristianismo.
2.- En la segunda lectura reaparece san Pedro en una de sus cartas remachando que la muerte y resurrección de Cristo es el misterio esencial del cristiano, pues a partir de ahora podemos llamar a Dios como padre, que siempre está atento a nuestras necesidades.
Una vez más aparece cómo Dios perdona las veces que tanta gente dice no conocerlo, como hizo Pedro, quien una vez arrepentido de su mala acción, el Señor le perdonó y le llenó de su gracia para que siguiera predicando sobre el Divino Maestro.
Dios es un padre misericordioso ante el pecador arrepentido.
3.- En el evangelio de hoy aparecen los discípulos de Emaús, quienes se vuelven hasta su pueblo completamente desanimados porque el fracasado Jesús de Nazaret había muerto en la cruz y los había dejado con dos palmos de narices. A ellos que tenían una idea de un mesías político que les podría dar algún carguillo dentro de gobierno que pretendían en sus planes que formaría Jesús venciendo a los romanos.
Es el mismo Cristo resucitado quien se acerca a ellos, les pregunta lo que les ocurría, y ellos sin reconocerlo le cuentan su fracasada vida de seguimiento del galileo sacrificado en la cruz. Jesús les da cuenta de cómo la Palabra de Dios estaba llena de citas de todo lo que había ocurrido, y cómo tenía que suceder de esa forma, porque Jesús había venido no a crear un reino político en Israel, sino a traernos el mensaje salvador del Reino de los Cielos, como meta final para todos los que vivamos los valores encerrados en la Buena noticia del evangelio.
Como estos discípulos fracasados existen muchos en nuestros días. Son todos los que pretenden que la Iglesia sea solamente un poder humano, un vehículo de colocación material, una plataforma de oposición a toda la cultura de la evolución humana. Lo mismo que los de Emaús descubren a Cristo a la hora de partir el pan, sepamos descubrirle siempre en el sacramento de la Eucaristía, centro y cumbre de la vida de todo buen cristiano.

Domingo de la segunda semana de Pascua

Cuando alguien pide pruebas para creer se le dice que es un incrédulo. Cuando alguien deja la fe católica se le llama agnóstico. Cuando otros dicen no creer en nada ni en nadie se les nombra como ateos.
Hoy la Palabra de Dios nos da un llamamiento triple que es el siguiente:
1.- Pedir pruebas para creer es algo humano y natural. Ningún juez condena a nadie si no tiene pruebas evidentes del delito cometido. Por puras apariencias o indicios el juicio no se celebraría. Por lo tanto cuando pedimos pruebas para creer no estamos haciendo nada malo, sino que entramos dentro de la línea más humana de disponer de pruebas para convencernos de no estar equivocados.
Al apóstol Santo Tomás, Cristo le da prueba para que su fe sea firme y evidente. Le da un tironcillo cariñoso de las orejas, pero nada más. Claro que siempre es más feliz el cristiano que cree en Dios sin ver, sin exigir pruebas de ningún tipo. Esos somos los que confiamos en el Señor apoyados solamente en su Palabra, escrita en la Biblia, el libro más leído de la historia humana.
2.- Algunos cristianos que fueron alumnos de colegios católicos de curas o monjas, que recibieron todos los sacramentos de la iniciación cristiana, que tuvieron una familia católica donde fueron educados en virtudes evangélicas, llegan a la mayoría de edad y, motivados por equis situaciones, abandonan la práctica de la fe católica, en primer lugar, y en un segundo momento, terminan por abandonar el sentido cristiano en su vida.
Son todos los que se llaman a sí mismos: agnósticos. Son gentes buenas, pero por comodidad, u otras razones más poderosas, abandonaron la Iglesia Católica y viven al margen de la misma, aunque no odian de corazón su vieja formación y educación católica.
Es más, algunos de ellos son más sensatos y creíbles que los practicantes católicos.
3.- Los que se crían en una familia de tradición atea, comecuras, anticlericales…no pueden evitar ser mayores y soltar por su boca sandeces de gallo inglés, como aquel alcalde que sometió a votación popular la existencia de Dios, o el otro munícipe que desea le entreguen tales templos para convertirlos en salas de fiestas, y tuteando al papa le escribe un carta para entablar conversaciones para llegar a una rendición de los edificios sagrados en manos de la Iglesia desde hace muchos siglos.
Estos tipos son ateos de conveniencia, porque está de moda, porque si no son ateos no tienen más masa gris en su cerebro para pensar y razonar de otros modos más convenientes que pegar fuego a las iglesias o fusilar curas y monjas.
Por el contrario, existen ateos serios, responsables, sensatos…con quienes se puede conversar buscando lo que nos une a ellos y evitando lo que nos separa para evitar terminar el diálogo en tablas o en una capitulación mental ante el ateísmo, que es una manera de pensar insostenible.
Porque toda persona que nace y se educa como ateo, cree, por lo menos, en sí mismo, en su esposa, en sus hijos, amigos y conocidos…por lo tanto cree, aunque sea de una forma humana apoyada en las relaciones de sangre y de familia.
Sobre esa fe humana, el ateo puede pasar a creer en Dios con todas sus fuerzas. Lo han hecho otros antes en la historia. Con la ayuda de Dios la conversión de los ateos es posible.

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

Cuando llega el tercer día, según lo había prometido, el Señor resucitó de entre los muertos para nunca más morir. Hoy es el día de la alegría. No la alegría que reporta una borrachera, una dosis de droga blanda o dura, una aventura amorosa a escondidas de la esposa legítima…Estos hatajos solamente conceden infelicidad, angustia, dolores físicos y psíquicos, entradas y salidas a una depresión que puede conducir al suicidio como el último premio.
La alegría de la Pascua de Resurrección no es postiza. Nace del corazón de carne, lleno de la Gracia de Dios, puesto en paz con uno mismo, con los hermanos y con el Señor. La alegría del cristiano no es de un rato, o unas horas. Es para toda la vida. Es para siempre jamás.
¿Qué supone esta alegría para nosotros?
1.- Vivir con alegría dentro del dolor; saber compartir alegremente lo poco que tengamos para vivir; entregar nuestra vida por los más pobres y necesitados de la sociedad; donar nuestro tiempo, por ejemplo, a Cáritas, que es el brazo solidario de la Iglesia Católica, porque no existe mayor alegría que dar todo a cambio de no recibir nada.
Esta es la alegría católica. Cuando alguien propone otra solución está engañando.
2.- La alegría cristiana nos acompaña toda la vida. Por eso, cuando entras en un hospital y ves al enfermo sonreír dentro de su dolor ves a un cristiano verdadero, sincero, leal, amigo de Dios y de los hermanos sufrientes como él mismo.
¿Por qué, quien no tiene una cruz interna que solamente conoce quien la posee?
Saber llevar la Cruz por la calle de la Amargura, nos conduce a morir en esa Cruz para resucitar en el último día cuando el Señor venga a juzgar a vivos y muertos.
No nos reencarnamos en perros, gatos, vacas…cuando morimos lo hacemos para recibir el pago a nuestras buenas obras en el Juicio final cuando pasemos ante el tribunal del Señor.
3.- Ese Juicio, no es para vivamos asustados, amedrentados, tristones, ni mucho menos, es para que estudiemos la única asignatura que nos dejó el Señor. Su único mandato:
“Amaos, unos a otros, como yo os he amado”
Según San Juan de la Cruz en el final de la tarde seremos examinados en el Amor por el Amor. Por eso nuestra asignatura permanente es la caridad para Dios y los hermanos. Debemos sacar buena nota en los diversos exámenes, u ocasiones, que se presentan a lo largo de nuestra vida. Son los exámenes o evaluaciones parciales. Consiguiendo una buena nota media, cuando llegue el examen final podremos aprobar, por lo menos, con un pequeño esfuerzo.
El pago de la buena nota será estar con el Señor por toda la eternidad en el Reino de los Cielos. Donde la alegría ya sí que es perpetúa y definitiva. Esa alegría de sabernos hijos de Dios salvados por la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.
Feliz Pascua de Resurrección para todos los oyentes.

VIERNES SANTO

Conocí a un matrimonio mayor, unidos durante más de cincuenta años, casados por la Iglesia Católica, quienes cada Viernes Santo, ayunaban. Solamente tomaban pan duro y agua. Se marchaban a pasar toda esta jornada a las afueras de su ciudad, donde se alza una colina sobre la que existe una pequeña ermita conocida como el Calvario. Desde aquella altura se divisa el cementerio católico. Rezaban por los difuntos y por los vivos. Se unían con la Pasión de Cristo que es el centro de la fecha de hoy.
En la acción litúrgica de hoy, la Iglesia celebra la Pasión y la Muerte del Señor. Hoy es el único día en que no se consagra el Cuerpo de Cristo en todo el año. Solamente se lee la Pasión según San Juan, que es sin lugar a dudas la más sobrecogedora de todo el evangelio.
¿Qué consecuencias sacamos para nuestra vida en esta fecha?
1.- No huyamos de la pasión, del dolor, del padecimiento, del desprecio de los demás. Jesús sufrió todos los malos tragos de la Pasión sin rechistar. Fue llevado como cordero inocente hasta el matadero, nos dice el profeta Isaías. Se colocó todos los pecados de la humanidad entera en sus espaldas sangrientas, lo coronaron de espinas, lo escupieron, lo azotaron, lo abofetearon, se mofaron de Él, y no dimitió del cumplimiento de la voluntad del Padre.
Las personas de hoy despreciamos el dolor, porque nos gusta que todo nos salga bien; cuando vemos la cara amarga de la vida salimos huyendo, y nos peleamos en esa huida hasta con nosotros mismos y con el Señor.
2.- Muchos, sin fe, echan la culpa de sus males o enfermedades a la crueldad de Dios con la humanidad. ¡Qué equivocados van por la vida con esos pensamientos¡. El mismo Cristo tomando la Cruz sobre su espalda no tuvo una mala palabra, ni una mala acción contra nadie. Todo lo contrario, cuando se caía ante el peso del madero y recibía latigazos siempre ponía buena cara dentro de los males que sufría. Así lo dejó estampado en el pañuelo que le colocó la Verónica sobre su cara llena de sangre.
Llegado el momento, llamaron a uno que le ayudara a llevar la Cruz. Será conocido como el Cirineo. ¿Somos nosotros cirineos de los sufrientes en nuestra casa o en el hospital?. ¿Abrimos los ojos a quienes acusan a Dios y se rebelan contra Él como el culpable de los sufrimientos humanos?.
Más vale ser cirineo, que morir ahogado de rebelión contra Dios.
3.- Cristo está clavado en la Cruz y a la vez está perdonando a todos los autores de su drama, porque no saben lo que hacen. Perdona al buen ladrón, al centurión, y al resto que gentuza que incluso se echan a suerte su túnica, cosida por su Madre María que estaba al pie de la Cruz, junto a San Juan y las santas mujeres.
Desde la Cruz, los cristianos tenemos a María como Madre nuestra. Fue el mejor regalo que nos hizo el Señor a todos los seguidores suyos, que después hemos llegado. ¡Qué triste es la vida de los que no aceptan a la Virgen como Madre¡.
Mejor es ser un cristiano mariano, que un tristón seguidor de doctrinas contrarias a María.

JUEVES SANTO

Según ha publicado el Centro de Investigaciones Sociológicas el pasado lunes, los católicos españoles somos el setenta por ciento de la población española. De todo ese número solamente acudimos al templo un veintiséis por ciento, cantidad que me parece excesiva o generosa con la Iglesia Católica. Dejemos los números para los sociólogos y matemáticos.
La realidad es que hoy es Jueves Santo, fecha clave para la vida de cualquier cristiano, que se precie. ¿Qué celebramos en este día?. Varios aspectos que son los siguientes:
1.- Hoy es el día en que Jesús, reunido en el Cenáculo con sus apóstoles, los 12, tomó pan, lo bendijo, y diciendo las palabras: “Tomad y comed todos de Él porque es mi Cuerpo”. Se lo fue pasando a cada uno, incluido Judas que estaba presente.
Luego, tomando la copa, llena de vino, dijo: Tomad y bebed todos de Él porque esta es mi Sangre que será derramada por la salvación de todos”. Fue pasando la copa y todos bebieron incluido el mismo Judas Iscariote.
2.- Antes de esta Última Cena, Jesús había tomado una fuente con agua y había lavado los pies a todos los 12 amigos suyos, pues a partir de ese día le llamaría siempre amigos. Cuando llegó a Pedro, se opuso a que el Hijo de Dios le hiciera aquella escena. El Señor le recriminó una vez más, y Pedro honrado como era aceptó la rectificación para que se cumpliera la voluntad de Dios.
3.- En la Misa de la Cena del Señor de hoy, en todos los templos católicos, celebramos la institución del sacramento de la Eucaristía, y la creación y ordenación de los 12 apóstoles como los primeros obispos de la Iglesia naciente. Dos sacramentos claves en la vida de los cristianos: la Eucaristía, el comer el Cuerpo y la Sangre de Cristo como alimento de nuestra alma y como apoyo para el caminar por el valle de lágrimas que atravesamos. A la vez Cristo fundó el sacramento del Orden Sacerdotal, para que siempre, hasta hoy mismo, hiciéramos la Eucaristía como memorial de su Pasión, Muerto y Resurrección.
Por lo tanto, el Jueves Santo es para que asistamos a la celebración de la Última Cena, pero a la vez nos demos cuenta que Cristo se quedó en el Sagrario perpetuamente entre nosotros.
Se nos exige que tratemos la Eucaristía con el respeto que supone que es el mismo Cristo. Por consecuencia, hoy es una fecha óptima para que roguemos al Señor que desaparezcan las actuales profanaciones eucarísticas que tanto se prodigan con motivo de robar en el interior de una iglesia, o en manos de los desquiciados enemigos de la Iglesia, que sospechan que profanando un templo, o la Eucaristía, son unos valientes y unos pedazos de machotes, cuando solamente pasan a engrosar la larga lista de depravados profanadores del Cuerpo del Señor.
Uno de ellos, Judas Iscariote comulgó, se fue de la Última Cena, entregó al Maestro y tanto le ardían las monedas en las manos, que cogiendo un olivo cercano se ahorcó. Triste final de todos los profanadores de la Eucaristía.

Domingo de Ramos

Comenzamos la Semana Santa. Hoy se abre la semana mayor de la vida de los cristianos. Es donde celebramos el Misterio Pascual del Señor. Veamos los tres pasos habituales:
1.- En primer lugar, en el domingo de Ramos Jesús escuchó el “Hosanna” de los corazones buenos de tanta gente de Jerusalén. Es una palabra que etimológicamente significa “salvación”, “sálvanos”. Más tarde ha venido a significar alegría, “albricias”. Son las palmas y vítores dedicadas a Cristo por los milagros realizados y por sus palabras llenas de vida y de luz. ¿Qué hizo Jesús, cómo reaccionó Jesús? Él elevaba esos vítores a su Padre celestial y le daban ánimo para seguir el camino hacia la inmolación libre y amorosa de su vida para salvar a la humanidad.
2.- En segundo lugar, pero también a los pocos días Jesús escuchará con mucha tristeza y pena el grito loco “Crucifícale”, orquestado por personas envidiosas y soberbias que querían matarlo, deshacerse de Él, porque su mensaje era distinto –no contradictorio- al que ellos seguían. De las palmas del “Hosanna” a las lanzas del “Crucifícale”. ¿Qué pasó en tan breve lapso de tiempo? ¿Por qué este cambio radical de actitud? Los “Hosannas” se convierten en insultos, burlas, golpes, interminables latigazos y en un definitivo desprecio y rechazo. ¿Qué hizo Jesús, cómo reaccionó Jesús? Sufrió en silencio. Perdonó a todos. Amó a su Padre. Subió a la cruz para morir y así salvar a todos los hombres.
3.- Finalmente, nosotros en nuestra vida humana y cristiana tendremos que atravesar muchas veces esos dos puentes: el puente del “Hosanna”, o sea el puente de los aplausos, de los éxitos, de las castañuelas. Pero tal vez a la vuelta de la esquina me espera el otro puente, el puente del “Crucifícale”, que es el puente de la humillación, del fracaso, de la difamación, del desprecio, de la calumnia. ¿Cómo reaccionaremos? Con los mismos sentimientos de Cristo Jesús (segunda lectura). Ante el primer puente, el fácil, con gratitud y elevando nuestros ojos al cielo. Y ante el segundo, el cruel, con paciencia, con capacidad de perdón y ofreciendo todo a Dios para que nos sirva de purificación y de unión con el sacrificio de Cristo.
¿Soy también yo de los que pasan del “Hosanna” de las alabanzas al Señor, y a los pocos días e incluso horas al “Crucifícale”? ¿Qué prefiero y pido para mí a Dios en mi oración el “Hosanna” o el “Crucifícale”? ¿Qué personaje quiero ser en esta Semana Santa: Pedro, Judas, soldados, Pilato, Herodes, Simón de Cirene, los fariseos y sumos sacerdotes, María, Juan…?

Quinto domingo de Cuaresma

Hoy sabemos que la muerte es el final del camino de toda persona. Nos igualamos al nacer y al morir. Nos desigualamos durante la vida de cada uno en el tiempo que duramos en este valle de lágrimas. En este domingo quinto de Cuaresma encontramos la muerte como la protagonista de las lecturas de la Palabra de Dios, como anticipo de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo que celebraremos dentro de siete días.
Veamos los tres pasos habituales:
1.- En la primera lectura el profeta anuncia que el Señor nos sacará de nuestros sepulcros y nos conducirá a la tierra prometida.
El profeta está anunciando la muerte de Cristo, quien no se quedará muerto en el sepulcro, sino que resucitará de entre los muertos para nunca más morir.
Es la anticipación de la resurrección final de entre los muertos, cuando el Señor venga a juzgar a vivos y muertos y todos comparezcamos ante el tribunal de Dios para recibir el premio merecido, o en caso contrario admitir el castigo que nos merezcamos según hayamos vivido.
El premio lo mereceremos si hemos vivido con el Espíritu de Cristo.
2.- En la segunda lectura el apóstol Pablo nos recomienda siempre que vivamos con el Espíritu de Cristo para no estar bajo el peso del fardo del pecado, sino para disponer de la libertad y la generosidad de los hijos de Dios a la hora de vivir en la Gracia de Dios.
Porque lo mismo que Jesús resucitó de entre los muertos, nosotros resucitaremos con Él en el momento de su segunda venida. Por lo tanto hemos de vivir con la disponibilidad de obedecer y cumplir siempre la voluntad de Dios.
Y todo, para que recibamos el premio merecido, que será la vida eterna en el Reino de Dios.
3.- Durante el evangelio de hoy se muestra cómo es Jesús con sus verdaderos amigos: un Hijo de Dios que ama, siente, solloza, llora y gime ante la muerte de Lázaro.
Las hermanas del difunto le recriminan que no hubiera llegado antes de que hubiera muerto. Además le echan en cara que nada se podrá hacer ante un cadáver que huele porque llevaba cuatro días enterrado.
Sin embargo, Jesús le dice: Si crees no pasará nada, ya lo verás.
Así fue, Jesús ante la tumba de Lázaro, le ordena salir fuera, y el muerto salió lentamente del enterramiento. La reacción de los espectadores es la natural: admiración y comentarios favorables ante un Hijo de Dios que saca de la muerte a su amigo, y además llorando porque era un gran amigo. Jesús muestra su entereza y el poder divino.
Quien es capaz de sacar a un muerto de la tumba, saldrá de su propio sepulcro cuando resucite al tercer día de morir en la Cruz. Este misterio de la Muerte y Resurrección de Cristo es la piedra angular de nuestra fe católica. Durante los días de Semana Santa es cuando celebraremos este Misterio Pascual de Cristo. En estas fechas que se avecinan es para vivir estos oficios religiosos, en vez de perderse por el mundo en busca de aventuras de las que siempre se vuelve cansado y sin dineros en el bolsillo. Por el contrario, los cristianos que viven la Semana Santa cristianamente hablando estos días son una ocasión para ganar más Gracia de Dios.

Domingo de la cuarta semana de Cuaresma

Sin luz no somos capaces de ver más allá de nuestra nariz. La historia humana está llena de cómo las personas se han inventado las velas de cera, las mariposas sobre vasijas de aceite, las lámparas de gas, la luz eléctrica, que llegó en buena hora, pero que no se detiene en buscar hacer bombillas de gasto más barato para el consumidor.
Hoy la Palabra de Dios nos muestra cómo es muy importante la luz natural y la vista, pero que es más impresionante vivir emitiendo la Luz que es Cristo. Lo vemos en tres pasos:
1.- La primera lectura nos presenta la elección de Dios a la persona de David para hacerlo rey de Israel. El profeta Samuel que lo iba a ungir estaba despistado entre los siete hermanos. Y es que los seres humanos vemos solamente el exterior de las personas, sin embargo, Dios ve el interior del corazón de cada uno de nosotros.
Hasta que no llegó a su casa David, no tuvo lugar la unción con el aceite metido en el cuerno, donde lo portaba el profeta Samuel. Si solamente Dios ve el interior de las personas, los demás nos quedamos con la cáscara de los seres humanos a los que conocemos.
Debemos mirar con la luz de Dios para conocer a los demás.
2.- En la segunda lectura San Pablo nos anima a vivir siempre a la luz del día, huyendo de las tinieblas del pecado y de la oscuridad de vivir apartados de la amistad con el Señor.
Mucha gente prefiere vivir entre las sombras, porque no le gusta que le vean las arrugas del rostro, según el viejo refrán que dice que la cara es el espejo del alma. Hoy la cirugía estética ofrece caretas para tapar las inclemencias que la edad hace sobre el rostro y el cuerpo humano. Por muchos aceites, afeites y estiramientos de piel, nadie puede añadir un día a su vida, sino que debemos ser sinceros y vivir tal cual somos. Quien vive con la luz de Cristo no está ciego, sino que ve con toda claridad en el interior de los corazones humanos.
3.- En el evangelio de hoy Jesús cura a un ciego de nacimiento de la forma más elemental: coger una poco de arena y hacer barro con un poco de saliva. Más tarde, unta el barro sobre los ojos del invidente y le dice que vaya a lavarse a la fuente de Siloé.
El ciego comienza a ver de una forma totalmente milagrosa, que le hace comunicarlo a los cuatro vientos. Todo el milagro lo hace el Señor en sábado, el día que nadie puede hacer nada entre el pueblo judío. Esto se lo echarán en cara cuando sea acusado delante del tribunal. Más tarde, el Señor se encuentra con el ciego curado y él le cuenta la historia lleno de agradecimiento, y Jesús se muestra como el Mesías, el Hijo de Dios, que esperaban desde el Antiguo Testamento.
Todo el encuentro termina con una sencilla confesión de fe por parte del ciego de nacimiento. Es todo un ejemplo para tantas personas que viven como ciegos perdidos en medio de un mundo exclusivamente material, absolutamente ofuscados por el odio a todos sin excepción. Muchos de nosotros hemos acudido a cómo cuando se abren los ojos de la fe a los niños en la catequesis familiar o parroquial, cuando son instruidos en los misterios de nuestra fe, pero cuando llegan a la juventud mandan todo a paseo. Cuando, andando el tiempo, vuelven a la práctica de la fe se parecen al ciego de nacimiento, que salen comunicando a todos su alegría por encontrarse de nuevo con el Señor Jesús.

Domingo de la tercera semana de Cuaresma

Es un principio inmutable de la ciencia que solamente donde existe agua, puede crecer la vida vegetal, animal y humana. Muchos barcos comerciales o piratas tuvieron tripulaciones que murieron de sed, que es una de las formas más crueles de morir. En este domingo tercero de Cuaresma es el agua, el símbolo esencial de la vida de los que creemos en Dios.
Veamos las siguientes tres estampas existentes en la Palabra de Dios:
1.- Cuando los hebreos caminan por el largo desierto de la península del Sinaí sienten sed y reclaman a Moisés que les conceda agua para saciar su sed y la de su ganado. Moisés acude a Dios, quien le promete dar agua a su pueblo.
Con el bastón Moisés golpeó la piedra y manó agua suficiente para todo el pueblo y las reses del ganado. De este modo Dios demostró una vez más a su pueblo elegido que lo amaba, aunque el pueblo fuera desleal, ingrato y poco responsable ante el amor de Dios.
Y es que cuando se tienen satisfechas las necesidades humanas es muy fácil olvidarse de Dios, algo que ocurre a muchas personas en la actual sociedad.
Ocurre muchas veces que olvidamos confiar más en la Providencia de Dios.
2.- Esta enseñanza nos da la segunda lectura de hoy: la virtud de la esperanza. Una esperanza que sirva para desconfiar en las puras fuerzas humanas, y poner nuestro corazón en las manos de un Dios, Padre providente, que nunca abandona a sus criaturas, y siempre nos regala lo que realmente nos conviene en cada momento.
Y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado. ¿Realmente confiamos en la providencia de Dios en estos tiempos en que todo lo dominamos con máquinas, robot y demás artilugios?.
Claramente en estos días la esperanza la cambiamos por la seguridad de todo, por los certificados de garantía de perpetua salud, y por apoyar solamente nuestras fuerzas humanas en nuestra propia cabezonería, que se cae por los suelos hasta cuando no llueve lo suficiente y nos racionan el agua para la higiene y la salud.
Jesús nos da el agua que salta hasta la vida eterna.
3.- En el evangelio de hoy volvemos a encontrar cómo Jesús siente sed natural y pide agua junto al pozo de Jacob a la mujer samaritana. Ella no entiende el diálogo que Jesús mantiene, porque toma el agua como el líquido elemento que recoge en el pozo.
Jesús, por el contrario, se refiere a la Gracia de Dios, que llena el alma de paz, sosiego y serenidad cuando está limpia, después de recibir el perdón de Dios en el sacramento de la penitencia.
Aquí tenemos la prueba evidente de la necesidad de hacer una confesión general que siempre se ha recibido durante el tiempo de Cuaresma. ¿Quién se preocupa hoy de hacer una confesión general?. Casi nadie, pues muchos creen que esa costumbre es para cuando uno se va a morir, algo que es un falso espejismo. La confesión general es tan necesaria, como comer o beber un vaso de agua para el cuerpo, al alma que debe limpiarse como hacemos en los hogares cuando quitamos toda la basura que nos estorba en el domicilio particular. La podemos hacer cuando queramos. Y siempre gratis.

Domingo de la segunda semana de Cuaresma

Una buena llamada de atención nos da el Señor en este domingo cuaresmal. El problema será si lo escuchamos, o nos hacemos los sordos de moda, algo que mucha gente desea para no complicarse la vida lo más mínimo.
La llamada que el Señor nos hace es la siguiente en tres pasos como siempre:
1.- Consiste en la llamada que el Señor coloca a Abram, en la primera lectura, cuando le dice que tome sus pocas pertenencias y marche a la tierra que Dios le indicará, donde será el padre de un gran pueblo, tan numeroso como las estrellas del cielo y los granos de la arena de las playas marinas.
El patriarca, en vez de poner peros y peras a la voluntad de Dios, agacha las orejas le dice sí a la voluntad divina y parte a la tierra prometida.
La vida cristiana, durante la cuaresma, es hacer el camino hasta la celebración de la Pascua de Resurrección. Es el momento de examinar si estamos siempre dispuestos a cumplir la voluntad de Dios antes que nuestra propia comodidad.
2.- En la segunda lectura, san Pablo nos invita tomar parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios.
Porque el vivir como cristianos no es una perita en dulce. Hoy es más difícil que en años anteriores. Ahora los católicos estamos perseguidos por las autoridades que multan un autobús que lleva escrita una verdad científica en sus costados. Estamos perseguidos por la propia gente que está en Misa con nosotros. El propio sacerdote no está libre de que le revienten una homilía de una forma violenta, mientras el resto se quedan cómodamente sentados en su sitio sin mover un dedo ni para señalar a la persona que ladra dentro de la iglesia, porque le molesta lo que está oyendo que es una verdad como un castillo de grande.
Hoy los padecimientos por el evangelio son muy grandes, imprevistos y dramáticos.
3.- Por esto en el evangelio de hoy el Señor nos descubre un poco la gloria de Dios, con el milagro de su propia Transfiguración, de la cual fueron testigos privilegiados Pedro, Santiago y Juan.
Tan a gusto estaba durante los segundos que duró el milagro que Pedro tomó la palabra afirmando: ¡Qué bien se está aquí, Señor. Vamos a quedarnos en este sitio haciendo tres tiendas para Moisés y Elías y para ti¡.
La divinidad del Señor quedó demostrada con la voz del Padre que se oye entre las nubes: ¡Este es mi Hijo, amado, escuchadlo¡. Y el momento clave se termina cuando Jesús les dice a los tres discípulos: ¡Vámonos de aquí, y no contéis a nadie lo que habéis visto y oído hasta que no resucite de entre los muertos¡.
Esta es la gran esperanza que nos justifica a los cristianos los padecimientos por ser cristianos y evangelizadores en esta sociedad actual tan agria hacia nosotros. Somos conscientes que, quien entrega su vida por los padecimientos de la obra evangelizadora, nuestro premio nunca será en esta tierra inhóspita, sino en el Reino de los Cielos, con la Santísima Trinidad, atmósfera tan interesante que hizo estallar a Pedro que deseaba quedarse allí para siempre. Este premio, esta esperanza nos mantiene en la misión pastoral hasta el último hálito de vida en la tierra.

Domingo de la primera semana de Cuaresma.

Tomada la ceniza el pasado miércoles, la Cuaresma entra en acción plena en la vida de todos los católicos, aunque progresivamente somos los menos los comprometidos en vivir una verdadera Cuaresma cristiana. El tiempo cuaresmal la mayoría de la gente se lo pasa buscando en las revistas de turismo las ofertas más valiosas para perderse en una casa rural, en un crucero marítimo, en una playa recóndita…para pegarse unas vacaciones de primavera de padre y muy señor mío, cuando llegue a las puertas la inmediata Semana Santa.
Por el contrario, la minoría católica que vamos quedando este primer domingo de Cuaresma vemos que la Palabra de Dios nos recuerda tres verdades como puños:
1.- En la primera lectura vemos cómo Dios nos creó, desde la primera pareja en el jardín del Edén, completamente libre, fácil de ser engañados por el diablo que es más listo que el hambre.
Algún mal pensado dirá que la culpable de la entrada del pecado en el mundo fue Eva, quien hizo que el hombre cayera en el hoyo como un pardillo. No fue así, porque tan libre era ella como Adán, que comenzó a ser un calzonazos, dejándose engañar como a un chino.
La verdad es que el pecado entró en el mundo porque aquella primera pareja deseó ser desobediente al mandato divino. La salvación del género humano se hacía necesaria volando.
2.- Así nos lo explica san Pablo, en la segunda lectura, cuando dice que por una persona entró el pecado en el mundo, y por otro hombre, el Hijo de Dios, Jesús de Nazaret, hemos sido salvados gracias a su Pasión, Muerte y Resurrección.
Este misterio pascual de Cristo es el que celebraremos, Dios mediante, la inmediata Semana Santa, recordando cómo el Señor nos predicó el evangelio, hizo milagros, y cumplió la voluntad de Dios hasta el final de la Muerte en la Cruz, en la que no se quedó muerto, sino que resucitó al tercer día de entre los muertos, para nunca más morir.
Por esto, nuestra religión es una fe en los vivos, no en los muertos. Y los vivos somos tentados como les ocurrió a Adán y Eva en el paraíso terrenal.
3.- El mismo Señor, en el evangelio de hoy, nos muestra que caer en el pecado es más fácil que beberse un vaso de agua cuando aprieta el calor veraniego.
Tres tentaciones sufrió Jesús en el desierto de Judea, en cuyo lugar, cuando se visita Tierra Santa, no crecen ni los cardos borriqueros, y la desolación es total. El Señor tras pasar cuarenta días en ayuno el diablo lo pilló como una ovejita lucera perdida en mitad del erial de aquel desierto.
Paró los pies al demonio mandándolo lejos de su persona, ya que no estaba dispuesto a ser como Adán y Eva, una pareja de chalados e ignorantes de lo que después les ocurrió, y la herencia que nos dejaron a los que después hemos llegado a vivir en este valle de lágrimas.
El Señor vence al diablo y sus tentaciones, porque había estado orando cuarenta días con sus noches. La oración nos da fortaleza, nos madura en la fe, nos concede una voluntad firme, nos modela en la inteligencia y en el corazón, para ahuyentar las tentaciones diabólicas que no cesan de rodearnos como un león rugiente esperando pegarnos bocados por todas partes. Por lo tanto, con la oración podemos pasar la Cuaresma cristiana venciendo las tentaciones del demonio, y celebrar una Semana Santa cristiana. En vez de irnos a viajes exóticos y volver sin una perra gorda en los bolsillos.

Domingo de la octava semana de Tiempo Ordinario.

Las salas de espera de la especialidad de salud mental están llenas de público que no duerme, que llora por menos de un pito, que ataca a cualquiera sin recibir ningún mal, que se queda sin dineros para llevar una vida de derroche, que está más amargada que la parte baja de un pepino, o que padece ansiedad por la ropa que se pondrá mañana y la comida que pedirá en el restaurante para no engordar un par de arrobas más.

El Señor hoy nos invita a salir de la salud mental rápidamente, volviendo nuestro corazón a Él.

Lo hacemos en tres pasos:

1.- Quien solamente vive volcado en el servicio a Dios, nunca se agobia, nunca se ahoga, nunca se le va la cabeza por asuntos materiales, que es por donde la sociedad de hoy pierde el sentido común, siendo capaz de matar a quien sea, con tal de disponer de un buen carterón de donde sacar y sacar perraje para darse una satisfacción plena a todos sus caprichos.

Dios nos libera, nos salva, nos alegra, nos consuela, nos justifica en la vida presente y en la futura en el Reino de los cielos.

Por el  contrario, la esclavitud que produce el vil metal, cuando lo ponemos en lugar de Dios, entonces, solamente entonces, es cuando  nos ponemos en la hilera de la gente que pide número para la consulta de los servicios de salud mental.

2.- Quien desea vivir más que nadie, quien toma esas medicinas anticumpleaños, quien se gasta un pastón en la cirugía facial porque tiene miedo a ser viejo y a envejecer, es porque está agobiado por añadir más años a su vida, cuando desde que nacemos traemos una fecha de caducidad, que nadie se puede saltar, salvo que se tire por un balcón para acabar cuanto antes su estancia por este valle de lágrimas.

Jesús nos dice hoy que pasemos de largo de este agobio. Es mejor mirar a los pájaros, que viven de la Providencia de Dios, y a los lirios del campo que tienen más belleza que la corte del  rey  Salomón en sus mejores tiempos.

Actualmente, llevamos una farmacia en las maletas cuando viajamos, porque tenemos que tomar pastillas para todo, hasta para reír en un mundo de tristes y agobiados.

La mejor medicina, la única solución al agobio, que es la oración es lo que menos practicamos.

3.- Solamente debemos seguir nuestra conciencia, como nos recomienda San Pablo, en la segunda lectura. La conciencia limpia es el lugar de la presencia de Dios en nuestra persona, para saber cómo tenemos que comportarnos en todos los aspectos de la vida concreta.

Dios presente en la conciencia nos indica lo que está bien, o lo que está regular. Y lo que está mal, es cuando la conciencia nos recuerde de  pies a cabeza, es cuando sentimos el punzón de no estar a gusto con nuestra conducta ante nosotros, ante Dios y ante los demás.

Basta de vivir angustiados, agobiados y ansiosos. Basta de preocuparse por el futuro, cuando no lo conoceremos nunca hasta el momento en que llegue. La Providencia de Dios da de comer a los pájaros, belleza a los lirios y felicidad a toda persona de buena voluntad.

Domingo de la séptima semana de Tiempo Ordinario

Muchas personas cuando ven que otros con los que han convivido o conocido son elevados a los altares, porque en su vida han vivido las virtudes heroicas en grado sumo, creen que la santidad está casi en la punta de los dedos. No les falta razón, porque hoy el Señor nos pide que seamos perfectos como nuestro Padre celestial  lo es, y si otros lo han conseguido, nosotros también, con la ayuda de la Gracia de Dios, podemos igualmente.

¿Por qué no somos más santos en nuestra vida?. Lo vemos en tres pasos:

1.- Los seres humanos estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, pero no somos dioses, nos podemos parecer en algo a la bondad divina, pero no podemos ser iguales a Dios en su perfección total, en su impecabilidad absoluta.

Y ¿esto por qué es?. Sencillamente, porque nacemos lastrados por el pecado original, que aunque nos lo perdona la recepción del sacramento del Bautismo, siempre nos queda la concupiscencia, como decía Santo Tomás de Aquino, que consiste en la inclinación al  mal, al pecado, a vivir al margen de la voluntad de Dios, haciendo mangas y capirotes de nuestro capricho, que nos conduce a vivir libertinamente.

El Señor hoy nos llama a no perder de vista el horizonte de nuestra santidad, pero que para llegar a ella hemos de pasar por muchas pruebas, que están en el evangelio de hoy.

2.- Debemos perdonar a nuestros enemigos, hemos de poner la otra mejilla cuando nos den una bofetada en la anterior, hemos de olvidar las ofensas de los que nos persiguen…situaciones que parecen imposibles de practicar y vivir dentro de esta sociedad tan violenta, donde nadie olvida las ofensas, sino que pone todos sus esfuerzos en vengarse de quien te trata malamente.

Ante estas exigencias difíciles de cumplir, mucha gente se aburre de luchar por ser bueno en un mundo injusto y belicoso, ya que dice: Yo no hago el tonto para ser el  payaso de las bofetadas del circo de la vida.

Prefiero ser el malo de la película que siempre gana, tiene dinero, disfruta de todos los placeres, y manda sobre los demás, quienes le rinden cierto culto como si fuera un semidiós.

3.- Por el contrario, el Señor nos pide hoy que seamos los últimos de la fila, que nos fiemos de todos, que perdonemos a todos los que nos hayan agraviado, que compartamos la mesa con los que nos han robado, que convivamos fraternalmente con todos los enemigos, que hagamos el bien sin mirar a quien, que nos dejemos pisar como si fuéramos la última hormiga de la hilera que lleva su alimento al hormiguero.

¿Existen personas que cumplen con todas estas exigencias?. Sí existen, son más de lo que nos creemos. No son solamente los santos cuyos nombres conocemos porque están en los altares de forma oficial y pública, sino que existen personas que pasan su vida haciendo el bien a todos sin límites, cuya biografía solamente la conocemos un puñado pequeño de familiares o  amigos.

Estas buenas gentes, son los que se concentran en el día 1 de noviembre, la fiesta de Todos los Santos, fecha en la que rendimos culto a estos personajes anónimos, que solamente Dios conoce hondamente su vida y su entrega a la vocación católica para cumplir la  voluntad divina. ¿Queremos ser santos?. De cada uno depende, con la ayuda de la Gracia de Dios.

Sexto domingo del Tiempo Ordinario

Toda persona sensata desea conocer, saber, aprender, tener sabiduría, sin acudir a la Wiquipedia como única fuente, que está en buena parte manipulada o errada. Lo que ocurre es que la capacidad del conocimiento humano no puede ser infinito, porque no somos dioses, sino que, solamente somos seres humanos finitos y contingentes.

Veamos la forma cómo presenta la Palabra de Dios a la sabiduría:

1.- La primera lectura nos habla cómo Dios es la sabiduría infinita, que lo sabe todo, lo ve todo, y, somos las personas las que elegimos estar junto a la sabiduría divina, o al lado de la tontura de los más tontos, que son los enemigos de la fe en Dios.

La sabiduría divina según el libro del Eclesiástico, nos pone delante la vida y la muerte, y somos los seres humanos quienes elegido entre el bien y el mal, entre la luz y las sombras, entre la gracia de Dios  y el pecado.

Por esto, la sabiduría divina desean tenerla muchos, pero como desean ser más que Dios se quedan con el carnet de ignorantes, que es el carnet de la nada pura y dura.

2. San Pablo, en la segunda lectura, nos dice que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria.

Ciertamente, la sabiduría divina la desean disponer algunos para no repetir los males que hayan cometido antes. Pero ya no hay remedio cuando más cerca está el final de nuestras vidas.

Pero antes de llegar al extremo final, disponemos de infinitas posibilidades de cambiar y ser mejores hijos de Dios, siendo  capaces de rectificar y volver a sembrar el bien, donde hayamos colocado anteriormente el mal.

Sabemos que tras nuestro paso por la vida nos espera la vida eterna. San Pablo nos lo dice hoy muy claro: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman».

Es evidente que para alcanzar el Reino de Dios hemos de merecerlo, con el mejor cumplimiento de los mandamientos.

3.- Por esto, el Señor, en el evangelio de hoy, nos detalla los diez mandamientos de otra forma a la habitual.  Toma los varios mandatos y los explica, los concreta, coloca ejemplos, para que nos enteremos bien cuáles son las obligaciones que tenemos para el mejor cumplimiento de la voluntad de Dios, superando el literalismo  que Moisés daba a los mandamiento cuando los recibió en las tablas de la ley, allá en la cima del monte Sinaí.

A partir, del evangelio de hoy, hemos de saber que no vale matar a nadie, sino que hemos de respetar todo germen de vida desde el seno materno hasta el final en la cama propia, o en la hospitalaria.

A partir de hoy, sabemos cómo debemos tratar a los hermanos, sin caer en la ofensa por la ofensa, faltando gravemente a la caridad.

A partir de hoy, sabemos cómo  hemos de mirar a las mujeres, y cómo  éstas deben mirar a los hombres.

A partir de hoy, sabemos cómo no debemos jurar en falso por ningún motivo, ya es mejor ser veraces sin necesidad de poner a Dios por testigo nunca.  Por lo tanto, la sabiduría nuestra debe ser siempre la de los hijos de Dios en todo momento de nuestra vida

Domingo quinto del tiempo ordinario

Hoy el Señor se sitúa al lado de dos elementos muy humanos: la sal y la luz. Todos los oyentes conocemos lo cara que nos sale la luz eléctrica a todos los usuarios. Y todos sabemos que la sal está pasando un poco de puntillas en el mundo de la cocina, porque está siendo prohibida por muchos médicos buscando la salud de los pacientes.

Sin embargo el Señor le da mucha importancia a la sal y la luz. En tres pasos lo vemos:

1.- En los tiempos de Jesús no existían los frigoríficos para mantener los alimentos vivos para comer. Se usaba mucho la sal como fórmula de mantenimiento de ciertos alimentos, como era los productos de carnes y sus derivados, o el pescado que era sazonado en su conservación.

La sal del pueblo israelita está dentro del mar Muerto, donde la salinidad era y es hoy muy apreciada para enfermedades de la piel y en el uso de productos de cosmética.

Por esto, el Señor dice, en el evangelio de hoy, que seamos sal de la tierra, porque si la sal se vuelve sosa, no sirve nada más que para tirarla al suelo y que la pise la gente.

¿Somos nosotros sal de este mundo inhóspito, insulso y materialista?.

La mejor forma de ser sal  en esta hora de la Iglesia es vivir con la alegría de ser hijos de Dios, sabiendo que quien tiene un salero, lleno de sal o alegría cristiana, tiene la solución a muchos problemas que se presentan en el plano personal, familiar o laboral.

Sobra la tristeza de esta sociedad. Le falta la sal de la alegría sacado del salero propio.

2.- Igualmente, en los tiempos de Jesús se le daba máxima importancia a la luz del día, tanto que  se aprovechaba mucho desde la salida del sol hasta su ocaso, porque cuando era de noche lo mejor era ir a descansar. Hoy en Israel amanece a las 4 de la madrugada, y a las 6 de la tarde se hace de noche volando.

El Señor nos pide que seamos luz, lo mismo que él se llamó a sí mismo: Luz del mundo, luz de un mundo que prefiere vivir entre las tinieblas del pecado y de las conspiraciones contra los católicos que deseamos vivir siempre al lado de la Luz para que se note todas las arrugas, y demás degeneraciones que nos produce el paso del tiempo  sobre nuestro cuerpo.

Jesús nos invita a iluminar nuestras buenas obras para que nuestros buenos ejemplos los conozcan, no solamente los más cercanos, sino los más lejanos y alejados de la fe católica.

3.- Hace unos días me preguntaba un grupo de personas el papel que yo pinto en mitad de Internet, escribiendo para una cadena de radio, como Cadena Ibérica, o administrando las entradas a cuatro blogs a la vez.

La respuesta que les di es la misma que hace hoy Cristo en el evangelio: pretendo dar luz a los invidentes, busco iluminar a los viven entre tinieblas y sombras de muerte,  considero que la luz que el Señor me regaló, que es el don de ser hijo de Dios, debo compartirlo con todas las personas de buena voluntad, sin distinción de color, cultura, o modo de ser.

Hagamos todos los esfuerzos de ser lámparas portadoras de la Luz del mundo, que es Cristo el Señor, porque de esa manera estamos evangelizando en la dura y áspera sociedad actual.

Domingo de la cuarta semana de Tiempo Ordinario

A lo largo de toda la Palabra de Dios de este domingo aparece una palabra, que es el denominador común de las tres lecturas, incluido el salmo responsorial. Esta palabra es la virtud de la humildad, que debe ser constante en la vida de todas las personas de buena voluntad.
Veamos cómo la humildad está descrita en las lecturas de hoy:
1.- En el profeta Sofonías aparece una humildad bajo el concepto de un Dios todopoderoso en los cielos y en la tierra. Es la humildad que tienen las personas realmente humildes ante quien les causa un sano y santo temor de Dios.
Este tipo de humildad ya no se estila en los días que vivimos, porque la autonomía del hombre actual es tan absolutista que no reconoce a nadie por encima de su propio yo, de su personal egoísmo.
La soberbia de la sociedad actual no admite que nadie, ni Dios, ni nadie, le recuerde que solamente los humildes serán los que entrarán en el Reino de los Cielos.
El santo temor de Dios se ha quedado perdido entre la neblina de los tiempos idos.
2.- En la lectura del apóstol Pablo a los corintios encontramos cómo el Señor ha escogido a los humildes, a los sencillos, a los pequeños, para quitar la careta a los sabihondos, a los sabedores, a los todopoderosos, a los soberbios y a los poseedores de la verdad absoluta.
Toda esta fauna se encuentra en la sociedad de hoy a millones de kilos que se venden, por ejemplo, en una tertulia de radio o televisión, donde todos van con su soberbia como escudo a imponerla a los demás, quienes también tienen un parapeto mental y físico colocado delante produciéndose unos enganchones dialécticos que ponen a los oyentes o televidentes la cabeza como un bombo, quienes terminan apagando la radio o la tele.
Si en alguna tertulia de esas hubiera una persona humilde termina siendo acorralada por la jauría de soberbios animales que no saben ni huelen lo que es la humildad.
3.- Las Bienaventuranzas, que nos trae el evangelio de hoy, son la prueba de lo que es el programa del Reino de Dios explicadas por Jesús de Nazaret.
La humildad la definía Santa Teresa de Jesús de la siguiente forma: La humildad es andar en la verdad. Por lo tanto, el humilde es quien siempre camina sobre la Verdad que es Cristo el Señor.
Mucha gente, aún dentro de la propia Iglesia Católica, aparenta una humildad falsificada en una palabrería cantinflera, para no decir nada. Pero, eso sí, si alguien osa opinar en contra de la opinión del personaje lleno de follaje palabrero, le cae todo el equipo encima, hasta el extremo de reducirlo a la muerte civil o eclesiástica si viniera al caso.
La humildad solamente la encontramos en las personas que van por la vida sin hacerse notar, sin llevar una corona de luces de neón, sin caminar con anuncios de colores en su frente, sin actuaciones contra quienes les espetan su opinión contra la de ellos.
He conocido a pocas personas realmente humildes. Han sido ejemplos que nunca olvidaré, pero que han servido como faros imborrables en mi vida. Es posible ser humilde, basta con desearlo.

Domingo de la tercera semana de Tiempo Ordinario.

Continúa este domingo la Palabra de Dios presentando a Jesús eligiendo a sus primeros amigos, porque había venido a predicar el evangelio y a fundar su Iglesia en la cual dejó a sus mejores amigos, que fueron los apóstoles.
Vemos tres aspectos en la enseñanza del Señor en el día de hoy:
1.- Jesús se marcha hacia una ciudad muy querida para él: la ciudad de Cafarnaúm, cerca de la orilla del lago de Galilea, donde existía un gran número de pescadores.
Cuando hoy, en Tierra Santa, se visita los restos arqueológicos de esta vieja ciudad se encuentra el viajero con dos aspectos fundamentales: primero, los vestigios de la sinagoga, donde Jesús predicó más de una vez. Y segundo los testigos de la casa de Pedro, donde vivía con su mujer y su suegra, según conocemos por el mismo testimonio evangélico.
De la visita a Cafarnaúm extraje una gran conclusión para mi vida como sacerdote:
Aquella ciudad pequeña, pero muy poblada servía como lugar de trabajo de donde salieron los primeros apóstoles: Pedro y su hermano Andrés, ambos pescadores, a los que el Señor transformó en pescadores de hombres.
2.- No solamente eligió el Señor a Pedro y Andrés, sino también a otra pareja de hermano: Los apodados los Zebedeos, Santiago y Juan, quienes eran pescadores y amigos de los anteriores.
Aquí nos preguntamos: ¿Le gusta al Señor las parejas de hermanos para la acción evangelizadora?.
La respuesta es clara: Sí, porque la fraternidad de sangre vale doble de cara a la dura misión de la evangelización, porque uno a otro se ayudan mutuamente y se vive más intensamente la vida comunitaria que luego llevaron durante toda la vida pública de Cristo predicando por todos los rincones de la Tierra Santa.
Hoy, en las familias actuales, cuando dos hermanos están en la pastoral de alguna parroquia o grupo cristiano les viene muy bien a los dos a la hora de dar los frutos de la misión evangelizadora. La fraternidad de sangre es mejor que la llamada fraternidad de la fe.
3.- En la segunda lectura de hoy, el apóstol San Pablo regaña a un grupo de cristianos quienes se encuentran divididos siguiendo uno a Pablo, otros a Pedro, los de más allá a Apolo…De modo que el apóstol les dice que a quien solamente deben seguir es a Cristo, que fue el único que predicó, hizo milagros, murió en la cruz, y resucitó de entre los muertos para nuestra salvación.
¡Cuánta actualidad tiene hoy este acontecimiento de división entre cristianos¡
Vivimos días en los que quien no sigue a tal persona es tildada de anti eclesial, siendo expulsado mentalmente de la comunidad por la actual inquisición del pensamiento, que es muy peligrosa para la salud material y espiritual de la Iglesia de nuestros días.
Cuando a quien únicamente debemos todos los bautizados seguir es a Cristo, nunca a tal o cual personaje pasajero, como lo somos todos los seres humanos que estamos en el interior de la Iglesia de estos años, por la cual damos nuestra vida cada momento esperando llevar a la eterna.

Domingo de la segunda semana de Tiempo Ordinario

Con el eco todavía de las pasadas fiestas navideñas, la Iglesia nos propone en este domingo a la persona de Juan Bautista como el gran representante de la filiación divina de Jesús de Nazaret, quien el pasado domingo era bautizado por el mismo precursor el gran Juan Bautista.
Hoy oímos hablar al Bautista sobre el Mesías tres aspectos esenciales:
1.- Afirma que el Señor es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo, anunciando que no es el rey político que los israelitas esperaban, sino que en conexión con la profecía de Isaías Jesús será llevado como el cordero al matadero, sin oponerse, con total obediencia para que se cumpliera la voluntad de Dios: la salvación del género humano.
El Señor, muriendo en la Cruz, está limpiando el pecado del mundo. Por esto, hemos de reconocer el misterio Redentor de Jesús Salvador sin tratar de relativizarlo, ni esconderlo. Jesús ha venido a salvarnos a todos.
Mucha gente huye de esta parte cruenta del misterio redentor de Jesús. Querrían que nadie padeciera, desearían una religión católica que olvidara la Cruz redentora, y el derramamiento de la Sangre del Señor para lavar nuestros pecados.
2.- Quien piensa de esa forma considera que la religión católica es muy triste y amarga. No es así, porque tienen una concepción de nuestra religión meramente material. En este domingo vuelve el Bautista a decirnos que él ha visto al Espíritu Santo descender sobre Jesús en el momento en que derramo el agua del Jordán sobre la cabeza del Mesías.
La presencia del Espíritu Santo en forma de paloma es la muestra que nuestra patria, nuestra tierra definitiva está en el Reino de los Cielos, a donde podemos entrar siempre que nos demos cuenta que el pasaporte, la puerta estrecha, es el dolor como escalera para ascender al Reino de los Cielos.
Jesús, cordero de Dios, que quitó el pecado del mundo muriendo en la Cruz y resucitando al tercer día de entre los muertos nos abrió las puertas definitivamente.
3.- El Bautista termina en el evangelio de hoy afirmando que de todo lo que ha visto y presenciado no se lo guarda para sí mismo, sino que está dando testimonio del gran misterio redentor del Señor.
Si algo nos falta en la Iglesia de estos días son testigos de veras del evangelio del Señor. Esos testigos valientes, como Juan el Bautista, quien encontrándose en la cárcel por orden del rey Herodes, sabía que iba a morir antes o después. Como así sucedió cuando fue decapitado.
El miedo a sufrir una persecución por causa del evangelio, hace que el actual católico sea en buena parte muy cómodo, cobarde y asustadizo ante cualquier tormenta que se levante por el horizonte y pueda restarle no solamente la vida física, sino la material en la que suele vivir instalado una buena parte de la gente que afirma ser católico de toda la vida.
Muchos de los actuales testigos del evangelio se encuentran desaparecidos en los titulares de las noticias de los informativos de radio o televisión. Por esto no crean adeptos, no arrastran con su ejemplo, no sirven de imanes, nadie les imita. Ojalá el Señor nos ayude a ser testigos valientes del evangelio siempre y nos quite de encima el matón de la comodidad.

Domingo del Bautismo del Señor

El Señor acude a la cola de la gente que acudía a ser bautizada en las orillas del río Jordán con el aquel bautismo de penitencia. Cuando le toca a Jesús, el Bautista, le dice que él no es digno de hacerlo. El Señor le dice que lo haga para que se cumpliera la voluntad de Dios. Y así fue.

Esta fiesta del bautismo del Señor nos recuerda tres verdades esenciales:

1.- Nos recuerda nuestro propio bautismo, cuando siendo pequeños fuimos llevados a la iglesia parroquial a recibir las aguas del sacramento por el que entramos a formar parte de la familia de los hijos de Dios. Hoy es una fecha esencial para que reconozcamos la importancia de disponer el gran regalo divino de ser contados como hijos de Dios.

Esta filiación divina nos asegura un lugar de salvación en el Reino de los Cielos. Esta filiación divina nos asegura felicidad en la tierra y la alegría perpetua y eterna con el Señor en el cielo. Por esto, hoy es para reconocer que andamos mal de la cabeza cuando creemos que vamos a quedar en esta tierra, o valle de lágrimas, con las propiedades materiales que nos rodean. Somos pasajeros peregrinos por esta tierra camino de estar con el Señor eternamente.

¡Cuánta gente vive a espaldas de este don admirable de la filiación divina¡

2.- Son esas personas carentes de esperanza, embarradas en el pecado, ciegos de ira y odio, enemigos de todos, cuando nadie les ha quitado ni robado nada. Sin darse cuenta que les falta la sensatez de los hijos de Dios gracias al sacramento del bautismo.

Un gran obispo hacía la visita pastoral, en los duros años cuarenta del siglo pasado. Llegó a una aldea donde había  unos cincuenta niños sin bautizar, porque durante la guerra civil no tuvieron un sacerdote cerca para que los bautizara. Al reunirse con ellos, el obispo notó en el ambiente una atmósfera tirante, inquietante, temerosa y hueca de la alegría infantil. Les habló cómo cuando se recibe el bautismo las personas ríen, sonríen, alaban y estrechan sus manos, sin miedo a nada ni a nadie, porque saben que su final no acaba aquí en la tierra, sino en el Reino de Dios. Tras la preparación necesaria el mismo obispo ofició la ceremonia de los cincuenta bautizos. Desde el momento en que les caía el agua bautismal sobre las cabezas a aquellos niños de varios años, comenzaron a gritar, a llorar, a reír, y dar gloria a Dios en el cielo y en la tierra.

El sacramento bautismal es la llave para entrar en la Iglesia Católica.

3.- Hoy, por desgracia, existen muchas personas que no bautizan a sus hijos, porque afirman que es mejor esperar a que cumplan la mayoría de edad y sean ellos mismos los que elijan. Este fenómeno actual está llevando a muchos niños y jóvenes al sillón del psiquiatra y a otros sustitutivos buscadores de una felicidad que no poseen porque no están bautizaos.

La Iglesia Católica bautiza a la edad que sea en la vida de los pedidores del sacramento. Eso sí no lo da a tontas ni a locas, sino cuando se pasa previamente por la catequesis preparatoria que les dignifica para recibir el sacramento que conduce al interior de la comunidad de los hijos de Dios, quien recibe a todos con los brazos abiertos como Padre nuestro que Él es. Las actuales parejas que tienen un hijo deben pensar que bautizarles a poco de nacer no significa hacerles ningún daño, sino todo lo contrario, es ponerles las raíces para que sus vidas se asienten sobre cimientos de la fe, la esperanza y la caridad, que son las grandes virtudes teologales, que nos habilitan a ser ciudadanos de la tierra pasajera, pero con un pasaporte único y exclusivo  para el Reino de los Cielos.

Reyes Magos, 6 de enero

La fiesta de la Epifanía del Señor, la fecha de la mostración del Hijo de Dios a los gentiles, representados en los tres enigmáticos magos, que acuden a la cueva de Belén, guiados por una estrella, es la estampa más bella que nunca ningún escritor ha podido mejorar en nada. Es la fecha en la que nos hacemos niños para reconocer que aquel Niño era el Mesías Salvador.

Veamos esta preciosa fiesta desde tres puntos de mirada:

1.- La estrella que guía a los magos es una prueba estelar de la universalidad de la salvación ofrecida por la presencia del Salvador del mundo entre los seres humanos. Su nacimiento ha sido para levantar la dignidad humana de ser hijos de nuestros padres a ser Hijos de Dios, gracias a la recepción del sacramento del bautismo.

La Gracia del Señor es nuestra permanente estrella que nos conduce por senderos de justicia, amor y paz. Es la señal por la que tenemos el semblante alegre. Es la prueba de la presencia divina en nuestro cuerpo. Es el ansía permanente a relacionarnos con nuestro Padre del Cielo, porque no podemos vivir vueltos de espaldas a Dios.

La estrella es la voz del Señor, pero muchos  no desean escucharla.

2.- Los que sí la oyeron fueron los tres Reyes Magos de Oriente, quienes conocedores de que nacería el Mesías se pusieron en camino de Belén a adorar a aquel  Niño que no era uno más, sino el Hijo de Dios hecho hombre, igual  en todo a nosotros menos en el pecado.

Estos personajes misteriosos, aunque sabían muchas cosas, les faltaba ver el rostro inocente de un niño recién nacido en una cueva de pastores. Porque con esa visita su sabiduría encontraría la explicación a muchos misterios inexplicables. Los magos necesitaban la fe en sus vidas, para reconocer su humildad y la utilidad de su sabiduría para ponerla al servicio de todos.

¡Cuántos sabihondos tienen una soberbia que los hace aborrecibles¡

3.- Estos misteriosos personajes acuden a la cueva de Belén cargados con regalos convencidos, que el oro, el incienso y la mirra no son nada, ante el  gran don de conocer al Niño Dios, Salvador del mundo.

Mientras escribo estas líneas he encendido un poco de incienso para comprender cuales eran los pensamientos de los Reyes Magos, antes de llegar hasta el portal de Belén. Es un olor que trasciende a cualquier otro, es un olor a la antesala celestial, pero no llega a satisfacer plenamente mi alma, porque deseo, como los magos, poder ver físicamente al Niño en el portalico de Belén.

En la fiesta de los Reyes Magos es para convertirse como niños que son los únicos que aceptan el mayor y gran regalo de suponer que los mismos magos son quienes nos traen los juguetes que hemos pedido en una carta entregada a sus pajes reales.

Cuando un hijo de mala madre nos quitó aquella ilusión diciéndonos que los reyes magos son los poderes del vil metal dentro del bolsillo de nuestros padres, aquel día fuimos violados en nuestra alegría, aquel  día subimos grados de mala leche, que aún no hemos vomitado, porque somos excesivamente soberbios. Roguemos al Señor la gran humildad de creer en los Reyes Magos, porque ese día volveremos a  ser  niños como el Niño de Belén.

Fiesta de Santa María Virgen, 1 de enero

La Iglesia desea que al comienzo del año nuestra vida tenga presente a nuestra Madre la Virgen, Madre del Señor y de todos y cada uno de nosotros. Es como cuando venimos a este mundo a vivir: siempre hemos nacido de una madre, quien desde la salida de su seno, al comenzar  a vivir nos cuida como nuestra madre y nos lleva de la mano para no caernos. La intercesión de la Virgen sobre nosotros delante del Señor es absolutamente cierta.

Veamos tres modos de cómo María nos conduce:

1.-  Lo hace, como en las bodas de Caná de Galilea, cuando aquellos jóvenes casados se quedaron sin vino en mitad del banquete. La Virgen le dice a Jesús: No tienen vino. El Señor fue un poco reticente para hacer su primer milagro, pero como se lo pedía su madre, convirtió el agua en vino, siendo de mejor calidad que el anterior.

Lo mismo ocurre en nuestra vida, cuando nos sentimos hijos de María, como madre protectora e intercesora delante del Señor. Para ello solamente se necesita que nuestra devoción a la Virgen sea viva, entregada y abnegada.

¿Quién se acuesta cada noche sin rezarle a la Virgen?

2.- Son muchas gentes de todas las culturas, las que se tiran a la cama sin despedirse de la Madre del Cielo, pues consideran que ellos no necesitan ni de Dios ni de su Madre.

¡Pobres ilusos quienes así piensan, actúan y lo enseñan a los demás¡

Somos todos unos pobres siervos inútiles, necesitados del consuelo materno y de la ayuda del Señor para seguir en pie cada día que nos levantamos y caminamos por este valle de lágrimas que es la vida cotidiana llena siempre de luces y sombras, de ratos buenos y otros más negros.

A lo largo del día hemos de hablar a nuestra Madre, porque quien tenga aún vivos a sus padres no se les pasa una semana sin que hablen con ellos cara a cara, o por teléfono,  aparato que todos llevamos metido en los bolsillos en esta sociedad actual.

A pesar de ello, siempre aparecen los cabezones que afirman: Yo no necesito a nadie.

3.- En nuestros días todos necesitamos de todos. Nadie puede vivir sin la ayuda de los demás. El egoísmo es la peor manera de vivir amargados y tristes. En el 1 de enero aparecen personas que durante estas fechas navideñas han pasado con furor ante estos días. Son los aspirantes a la depresión, son la carne del caño del suicidio, son los futuros candidatos a quitarse la vida.

Cuando debe ser todo lo contrario. El 1 de enero es para dar gracias al Señor por el nuevo año que nos regala, por el nuevo libro donde iremos escribiendo los gozos y las sombras de los doce meses que vienen por delante.

Ahora mismo es para rogar a la Virgen y a su Hijo Jesús que nos guíen por los senderos de la justicia, del amor y de la paz a lo largo y ancho del año que hoy comienza, para que comprendamos que con su ayuda llegaremos al siguiente 1 de enero, pero si deseamos vivir libertinamente es posible que sucumbamos con el calor de agosto, o con los fríos meses invernales. Feliz año nuevo a todos, Dios nos bendiga en nuestra vida diaria.

Fin de año

Termina el año 16. Vaya con Dios, pues ha sido un ciclo para olvidar en muchos aspectos de la vida de los españoles. Han sido doce meses para vivir entre paréntesis, desde el punto de vista político e institucional en España. Ha sido un período en el que cada uno debemos examinarnos en tres aspectos:

1.- ¿Cómo ha sido nuestro comportamiento con nosotros mismos?

Muchas personan han pasado el año pisándose a sí mismos, sin tomar ni tener en cuenta, que no hay más tonto y más ciego que quien no desea reconocer que ha metido la pata muchas veces durante estos días que se largan para no volver jamás.

La peor manera de comportarse mal con uno mismo es no reconocer nunca los propios errores, los pecados personales, creyéndose completamente perfecto. De este tipo de personas existen muchos más de los que nos creemos. Son los peores sujetos capaces de advertir que tengan un juicio propio para hacer su personal examen de conciencia.

Son los que se creen perfectos, y animadores para poner a los demás a caer de un burro.

2.-¿Cómo ha sido nuestro comportamiento con los demás?

Lo hemos dicho antes. Habitualmente quien vive de no saber sus propios defectos, vive para ver los fallos de los demás, quienes siempre son tontos, inútiles, imperfectos, cabezones…

Pobre tonto el que considera a los demás como seres imperfectos y él desea salir e ir de santo por la vida, porque el público que observa el gran teatro del mundo tiene un ojo clínico fino y destructor del que se creen todopoderoso, incluso más que el propio Dios.

3.- ¿Cómo ha sido nuestro comportamiento con Dios?

El año que ahora termina es una ocasión de oro para sentarse en una iglesia y reflexionar delante del Sagrario sobre cómo nos hemos portado ante Dios. Si hemos pisado o cometido tales o cuales pecados. Si hemos abandonado a los más pobres y necesitados. Si hemos vuelto la espalda a quien nos ha puesto la mano pidiendo limosna, consuelo, consejo o una palabra amable.

El examen de conciencia de todo el año es un ejercicio psicológicamente excelente, siempre que estemos dispuestos a cambiar, a mejorar, a confesar nuestro pecados ante el Señor en el confesionario, estando realmente arrepentidos y dispuestos a rectificar y cambiar nuestro corazón de piedra por uno de carne viva, lleno de la Gracia de Dios.

Sabiendo rogar al Señor que el año que se inicia mañana sea más y mejor prueba de que sin Dios no somos nada ni nadie y con el Señor lo podemos todo. Feliz salida de año y entrada en el nuevo.

Día 25, Navidad del Señor

Por D. Tomás de la Torre Lendínez

En fechas como la actual es cuando los cristianos tenemos más obligación de mostrar y testimoniar que somos hijos de Dios y hermanos del Hijo de Dios, cuyo nacimiento estamos celebrando desde anoche en la Misa del Gallo.

Veamos a tres escenas de esta Navidad:

1.- Los primeros en acudir hasta el portalico de Belén fueron los pastores avisados por el ángel cuando les dijo: Os anuncio un gran gozo, hoy en la ciudad de David ha nacido un Niño que ha recibido el nombre de Jesús.

Los pastores acudieron con varios dones al Niño de Belén. Lo hicieron conscientes de que había nacido en un portal de pastores, porque no quisieron darle posada en toda la ciudad para aquella sencilla madre que necesitaba a punto de dar al mundo a su propio hijo el Salvador, el Señor Jesús.

Los pastores son los protagonistas de aquella sociedad y de aquella noche, en la que todas las gentes estaban en sus propios asuntos, sin importarles absolutamente que el nacimiento del Mesías estaba anunciado por todos los profetas.

¿Quiénes serían los pastores de hoy ante el portal de Belén?

2.- Los pastores de hoy serían todas las personas que hayan pasado la Nochebuena en el trabajo necesario para que funcionen los servicios esenciales de una sociedad que  no puede detener la presencia de los médicos en los hospitales, los bomberos en su parque, la policía en su comisaría, y tantos otros que trabajan de noche durante todo el año.

Estas personas han estado realizando su trabajo para que los demás podamos hoy disfrutar de la alegría navideña, aunque seamos un tanto cómodos como para olvidarnos que la valentía de los católicos no debemos arrinconarla por nada del mundo, y menos en estas fechas.

¿Existen hoy esos valientes hijos de Dios que no esconden su condición católica?

3.- Un sector callado, misterioso, poco chillón son las monjas de clausura, metidas en sus conventos, quienes anoche celebraron la Misa del Gallo y hoy celebran la Misa de Pastorela, durante la cual no olvidan a los pastores de Belén, que fueron los primeros en adorar al Hijo de Dios colocado en una cunita cuyo colchón era un puñado de paja sobrante de la comida de los animales allí presentes en el misterio de la ciudad de David.

Las monjas de clausura, hoy, comen un poco mejor que el resto de los días del año, pero sin pasarse en gastos superfluos, ni en regalitos absurdos materialistas. Ellas como mujeres desposadas con Dios por medio de sus votos religiosos saben que el mejor regalo es continuar con vida de entrega al trabajo, a la oración y a la pobreza durante un año más hasta que el Señor las llame a su seno, que ojalá sea dentro de una fecha larga.

Damos a todos una feliz Navidad del Señor, y que el Niño nacido en Belén bendiga a todos los hogares sin excepción deseándoles paz y felicidad para siempre.

Día 24 de diciembre: Nochebuena

Por D. Tomás de la Torre Lendínez

Hoy celebramos la fecha del nacimiento del Señor Jesús en el portalico de Belén, en una cuadra de pastores, acompañado por el vaho de una mula y un buey para que no pasara frio el Hijo de Dios hecho hombre nacido de las entrañas purísimas de la Virgen María, haciéndose así igual en todo a nosotros menos en el pecado.

En esta fecha conviene destacar tres estampas esenciales:

1.- La pérdida del sentido cristiano de la Nochebuena, pues en ciudades diversas han prohibido la instalación de belenes, el canto de villancicos, los pregones navideños…para no herir la sensibilidad de quienes no son cristianos.

Craso error, ante la imposición laicista dominante en la presente sociedad. Hoy es cuando  debemos demostrar que los católicos no somos cobardes, ni pusilánimes, sino todo lo contrario: valientes y esforzados para que nadie nos quite nuestra fe y su compromiso de vivirla con nuestras tradicionales costumbres.

El gesto de los madrileños llevando belenes de diversos estilos a la Puerta de Alcalá es la prueba clara de enfrentarse ante un ayuntamiento totalmente desnortado y laicista enemigo de colocar el tradicional nacimiento en tan importante monumento de la ciudad de Madrid.

2.- Estamos perdiendo, igualmente, la costumbre de acudir a la Misa del Gallo en esta Nochebuena, porque la gente considera que lo importante es la cena en familia y nada más. Otro error de cesión de nuestras tradiciones ante los ataques de una sociedad materialista, que solamente nos venden comida en los grandes almacenes, cuando el gran momento de la noche es acudir a la Misa del Gallo a celebrar el Nacimiento del Señor en Belén.

La misma Iglesia Católica está cediendo en esta tradición, cuando en muchas iglesias se adelanta la Misa del Gallo a las 21 horas para que la gente se meta en sus casas para cenar y beber lo que caiga en suerte, y pueda dormir la mona que se puedan pillar como consecuencia del alcohol  ingerido.

3.- Se ha perdido igualmente la costumbre de cantar villancicos en familia y por las calles, como  hemos hecho durante siglos en las tierras de España.

Ahora por las ordenanzas municipales sobre los ruidos molestos no se canta en familia, porque los domicilios en pisos de cincuenta metros cuadrados los tabiques son casi de cartón piedra, los vecinos se molestan porque son ateos o agnósticos y se pueden  ofender.

Tampoco los coros populares de los pueblos españoles no salen por las calles a cantar villancicos, porque hace mucho frio, o porque otros vecinos se molestan porque no se les deja dormir, porque son unos amargados y tristes y no quieren entrar en la alegría que los católicos compartimos hoy: el nacimiento de Jesús en el portal de Belén.

Tenemos que recuperar el sentido cristiano de la Nochebuena, porque en caso contrario, dentro de pocos años habremos perdido toda la esencia del gran misterio que hoy celebramos: La Natividad del Hijo de Dios, el Salvador del mundo.

IV Domingo de Adviento

Por D. Tomás de la Torre Lendínez

Estamos a siete días del cumpleaños de Jesús de Nazaret. Por esto nos debemos alegrar y a la vez estar en oración preparatoria para que cuando el Señor nazca en Belén lo haga igualmente en el corazón de todos y cada uno de nosotros. La Palabra de Dios de este domingo nos invita, por lo tanto, a reflexionar sobre estos tres pasos:

1.- El profeta Isaías nos da ya la señal clara del nacimiento del Mesías: Una virgen concebirá  y dará a luz a un niño a quien pondrá por nombre Enmanuel, que significa Dios con nosotros.

Es la primera vez en todo el Antiguo Testamento en que se menciona a la Virgen Madre del Hijo de Dios. Es la primera vez que se presenta la virginidad de María como misterio de la maternidad pura y limpia a la hora de traer al mundo al Mesías.

Los oyentes del profeta debieron ser tontos de remate, porque más claro no se puede hablar del nacimiento de Jesús en Belén de Judá. No hicieron caso a la profecía, y cuando el Señor nació pensaron que era un intruso, porque el pueblo israelita pensaba que Jesús nacería en un palacio como el de Herodes, ya que tenían una idea puramente política de la llegada del Hijo de Dios.

¡Qué chasco se llevaron todos los israelitas con un Mesías nacido en una cueva de pastores¡

2.- El segundo protagonista de este domingo es San José, quien sufre la duda sobre la maternidad de María, con el supuesto que le hubiera sido infiel. Es el ángel del Señor, quien le aclara todo el misterio del nacimiento del Señor, y San José acepta, en la pura fe y obediencia a la voluntad de Dios sobre su papel en la historia de la Salvación.

San José es el hombre que hace la función de padre legal ante aquella sociedad judía. Pero lo hace en silencio. No nos presenta ninguna palabra salida de su boca a lo largo de todo el evangelio. San José es el hombre que habla con sus obras, con la asunción de sus obligaciones, pero no conocemos ni una letra salida de su boca.

¡Cuánta gente necesitamos que asuman sus responsabilidades sin palabras huecas¡.

3.- Todo el evangelio de hoy se resume en una gran idea: la Virgen, San José y el Niño que nacerá en Belén forman ya la Sagrada Familia desde este domingo, en que la Virgen se va a vivir a la casa de San José.

Con el vientre ya avanzado, la Virgen se hace modelo de todas las mujeres embarazadas de todos los tiempos. Unas, las que toman el aborto como un derecho, se van camino del abortorio  más cercano a que le extirpen el fruto de su vientre, creyendo que es menos que un perrillo. Otras se sienten responsables del fruto de su vientre y se toman muy en serio su maternidad, procurando que el ser humano que están gestando pueda nacer y vivir como una persona con todos sus derechos y deberes.

En España estamos envejeciendo por días. Somos el pueblo más necesitado de nuevos niños de toda Europa. Sin embargo, los abortorios se están poniendo las botas económicas, porque un feto vale menos que una pieza dental podrida en la boca de un anciano de noventa años.  Que el Señor nos conceda una feliz Navidad a todos amigos oyentes.

III Domingo de Adviento

Por D. Tomás de la Torre Lendínez

Continuamos hoy con las lecturas de la Palabra de Dios, que nos hablan de espera, de expectación y de preparación a la venida del Señor. Son las claves del tiempo del Adviento, como fechas esenciales para la conmemoración, un año más, del nacimiento del Señor en el portal de Belén de Judá.

Veamos las tres vertientes que hacemos cada domingo:

1.- Tanto la primera como la segunda lectura de este domingo nos hablan de estar preparados para la venida del Señor que está a la  puerta y que ya llega.  Esta preparación debe hacerse estando y viviendo en un clima de paz armoniosa, de convivencia pacífica y fraternidad  con los más cercanos y lejanos.

Durante los conflictos bélicos, cuando llegaba el momento navideño se callaban las armas, se respetaba, normalmente, el alto al fuego, porque en la cercanía de la llegada del rey de la paz, lo mejor era detener el tirar la sangre de los inocentes, en beneficio de dialogar sobre el fin de la guerra que se está librando sobre el territorio.

Estoy esperando que la guerra que se libra en Siria se detenga, no  ya porque estamos en las puertas de la Navidad, sino porque ya está bien de mantener una guerra civil durante más de cinco años, en la cual están sufriendo muchos católicos la pérdida de sus familias, y la Iglesia una gran cantidad de edificios como templos, colegios y hospitales.

2.- En el evangelio de hoy encontramos dos partes claves que se complementan. En la primera es el mismo Juan Bautista quien envía a Jesús a un grupo  de amigos, quienes le preguntan si él es de veras el Mesías prometido, o había que esperar a otro.

El Señor no se corta un pelo y declara abiertamente que él es el Mesías. Lo hace hablando de los milagros que está realizando y los que todavía están por llegar.

Mucha gente no cree en la divinidad de Jesús, porque esperan un milagro para creer sin ver, para entregarse a la voluntad de Dios. Los milagros que el Señor hace no son números de circo, sino que es para dar vida a los enfermos y necesitados.

Algunos cabezones a pesar de esto, aún no creen en Dios.

3.- La última parte del evangelio es Jesús mismo quien habla de su pariente y precursor Juan Bautista, a quien coloca como un hombre de fortaleza, de austeridad, de pobreza y sensatez, sin límites.

Jesús llega a decir que no existe un hombre, nacido de una mujer, más grande que Juan el Bautista. Comparación que nunca volverá a decir de nadie. El Señor conoce que Juan el Bautista le espera el martirio más cruel que por aquellos momentos había: la decapitación. El cortarle la cabeza ante el capricho de una chica veleidosa que se lo pide al rey Herodes.

Hoy existen muchos juanes bautistas que entregan su vida al Señor, derramando su sangre para defender la verdad y la justicia de Dios en la mitad de las violencias de este mundo injusto conducido por una pandilla de fariseos capaces de ser y aparentar unas caras intactas y limpias, cuando su interior está lleno de basura y de pecados difíciles de digerir por estómagos normales.

Vivamos las grandes virtudes de Juan Bautista para comprender al Niño naciente en Belén.

II Domingo de Adviento

Por D. Tomás de la Torre Lendínez

Aparece este domingo un personaje esencial dentro del Adviento. Se trata de Juan el Bautista, quien es el precursor del Señor, el que venía anunciando la llegada del Mesías anunciado por los antiguos profetas. En la mitad de la semana próxima entra en escena la Inmaculada Concepción, la madre del Señor y madre nuestra.

Por lo tanto, veamos las enseñanzas que aprendemos este domingo:

1.- Desde la primera lectura, vemos que la llegada del Mesías la describe  el profeta Isaías como un tiempo de paz, de serenidad, de romper todos los moldes establecidos antes, de situarse en una antesala inexplicable sin la luz de la fe en Dios.

También, en este tiempo del Adviento, si no tenemos esa fe, podemos justificar cómo la gente vive preparándose para celebrar el nacimiento del Señor.  Porque la pregunta es clave:

¿Cómo podemos evangelizar una sociedad tan alejada del espíritu cristiano de la Navidad?

La respuesta es corta, pero difícil de practicar. Tenemos que evangelizar haciendo lo que cada familia considere que está conectado con el espíritu cristiano de estas fechas de preparación para celebrar el cumpleaños del Señor, sin importarnos el número de convertidos que podamos alcanzar. Es lo que decía muy bien un anciano sacerdote: Importa la calidad de los cristianos evangelizados, nunca la cantidad.

2.- La llegada de San Juan Bautista está presente en el evangelio de hoy de una forma valiente, contundente, convincente y comprometida. Ojalá en nuestra actual Iglesia Católica hubiera mucha gente similar al precursor del Señor. Ojalá los que estamos en la misión eclesial hoy tengamos una leve sombra de los valores del Juan Bautista.

Po ejemplo, en el lenguaje y en el contenido. Hoy todos somos amigos del lenguaje políticamente correcto. Hoy existe menos libertad de expresión que hace cuarenta años. Hoy existe una policía del lenguaje que cuando estoy redactando estas líneas, me mira de modo receloso, vaya que se me escape algún adjetivo calificativo que pueda herir la sensible piel del puritanismo de la sociedad actual.

A pesar de todo, no me muerdo la lengua, ni dejo quietos los dedos sobre el teclado del ordenador, para expresar con valentía que ojalá tuviera la plena libertad de Juan Bautista para llamar raza de víboras a los que están en tal o cual lugar de la cadena de mando de esta sociedad hipócrita que llora ante los tiranos, y los eleva a los altares laicistas y materialistas.

Dejando al margen a estos, resaltamos a todos los valientes juanes bautistas que viven con libertad de espíritu su compromiso con Dios y los hermanos.

3.- La llegada de la fecha de la Inmaculada Concepción nos lleva a comprender que la Navidad cristiana sin la madre del Señor como protagonista no sería navidad, sino un cuento de una mente alienada.

Recordemos que la fiesta de la Inmaculada Concepción es día de Misa, como hoy domingo. No olvidemos tal compromiso aunque estemos de puente o acueducto. No vivamos al margen de nuestra responsabilidad como cristianos ante quienes deseamos evangelizar en esta sociedad atea y laicista. Que la Virgen María y San Juan Bautista intercedan por nosotros delante del Señor.

Domingo de la primera semana de Adviento

Por D. Tomás de la Torre Lendínez

En el inicio del tiempo  del Adviento los cristianos nos preparamos para la llegada del nacimiento  del Señor. El Adviento es un periodo de cuatro semanas, fechas de esperanza y vigilancia, días de preparar el Belén en las casas, jornadas para preparar nuestros corazones donde debe nacer el Niño Jesús, el hijo de Dios hecho hombre, igual en todo a nosotros menos en el pecado.

Hoy volvemos a encontrarnos con tres estampas básicas:

1.- El Mesías es anunciado por los profetas del Antiguo Testamento, lo hacen con un lenguaje de universalidad y redentor. Lo llama la primera lectura como “el árbitro de las naciones”. Gran responsabilidad del Señor que va a nacer, pues no es un profeta más sino el Hijo de Dios, el cual  se convierte en el eje de la Historia de la salvación en la plenitud de los tiempos.

Normalmente los árbitros de cualquier juego no toman partido por ninguna de las partes en litigio. Lo mismo hará Jesús con todos cuando aparezca nacido en Belén de Judá, nacido del vientre purísimo de la Virgen Santísima.  Lo que sí hará este árbitro de las naciones será nacer en la humilde cueva de animales y pastores, con la sola compañía de un buey y una mula. De este modo rompe todos los moldes de las gentes del pueblo israelita que pensaban que llegaría con todo el esplendor de los reyes de la época.

2.- En la segunda lectura encontramos cómo San Pablo llama la atención a cómo los cristianos debemos vivir el Adviento y toda nuestra vida: sin borracheras ni comilonas, sin peleas ni pendencias, sino amando a Dios y todos nuestros hermanos.

Por el contrario, la sociedad actual, durante el tiempo del Adviento y el inmediato de la Navidad lo que más y peor hacemos es consumir, tirar, gastar, en artículos plenamente prescindibles y superfluos que nos apartan de la pobreza del Niño de Belén que nacerá con la plena pobreza de una cueva de pastores y animales, porque no había sitio para ellos en la posada de Belén.

¿Vale para algo el gasto consumista de estas fechas prenavideñas?. Solamente para aumentar más la brecha entre ricos y pobres. Y para aumentar el número de enfermos en los hospitales a causa de comidas y bebidas en exceso sin necesidad.

3.-  Nos dice hoy el evangelio de san Mateo:  Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.

Nosotros sí sabemos cuándo llega el Señor. En vez de preparar nuestro hogar con un belén sencillo, signo y símbolo del nacimiento de Jesús, nos sumamos a la lista de gentes enloquecidas por el consumo, la gula ante una mesa bien servida, y en unos irresponsables ante las exigencias de una sociedad cada vez más paganizada que ha quitado el sentido cristiano a estas fechas de alegría, paz y armonía.

Según las cifras de las visitas a los centros de salud mental, durante las semanas que hoy iniciamos es cuando más pacientes acuden llenos de amargura, ansiedad, tristeza y hundimiento tanto físico como psíquico. ¿Por qué ocurre esto?.  La respuesta es sencilla: la alegría de las fechas navideñas si no nace en el corazón lleno de la Gracia de Dios, es porque el jolgorio exterior de bebidas y comidas no satisfacen al corazón humano lleno de egoísmo y mentira que mucha gente lleva en el interior de sus vidas. Un Adviento en paz con Dios, con uno mismo y los demás, es el camino para vivir una profunda Navidad cristiana. De no ser así estaremos deseando que terminen estas fechas tan alegres.

Domingo de la trigésima cuarta semana de Tiempo Ordinario. Jesucristo Rey del Universo.

Por D. Tomás de la Torre Lendínez

Estamos en la fiesta de Cristo Rey, coincide siempre con el último domingo del año litúrgico. Las lecturas de la Palabra de Dios de esta fecha nos presentan un concepto de realeza tal y como  lo presenta el Antiguo y el Nuevo Testamento. Vayamos por partes como siempre:

1.- En la primera lectura encontramos cómo es elegido rey de Israel David, y consagrado rey ante todos los ancianos del pueblo en la ciudad de Hebrón. Es cierto que el gran rey David fue el mejor de todos los reyes de la historia sagrada del pueblo israelita, pero tuvo sus grandes sombras y un grave pecado por el que fue juzgado por Dios y él siempre, arrepentido del mismo  lloró su culpa hasta el final de sus días.

El gran pecado del rey David fue poner en peligro de muerte al general Urías en el frente bélico, para que su viuda pasara a ser la mujer de David. El profeta Natán se lo echó en cara de forma directa de parte del mismo Dios.

Ciertamente ningún rey humano fue, ni ha sido, ni será perfecto a los ojos de Dios.

2.- Solamente es Cristo el único y eterno rey del cielo y de la tierra. Es el Hijo de Dios hecho hombre igualmente a todos nosotros, menos en el pecado, quien con su bondad en la entrada a  Jerusalén sentado sobre un borriquillo será aclamado como rey en la mañana del domingo de Ramos.

En la madrugada y amanecida del Viernes Santo, las mismas gentes que lo aclamaron como Rey, pedirán a Pilato que lo crucifique y que suelte al bandido Barrabás, que había sido metido en la cárcel como un reo de su delito.

El cambio de la opinión del pueblo es inducido por los fariseos y los variados enemigos de Jesús de Nazaret, quien tomará la cruz sobre sus hombros camino del calvario.

3.- Será sobre el monte de la cruz, estando Cristo clavado en ella, cuando Jesús sea proclamado como rey por el famoso letrero: Este es el rey de los judíos. Colocado por Pilato para ofender políticamente a todo el pueblo y a las autoridades judías. Y lo consiguió.

Sin embargo, uno de los ladrones crucificado al  lado de Jesús tras la ofensa salida de su boca contra Cristo, hará que el otro buen ladrón le suelte la famosa frase:

-«¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha hecho nada malo».

Tan paladina confesión llevó al Señor a responder:

– «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».

El buen ladrón había pedido al Señor que lo tuviera en cuenta cuando llegara a su reino, que no era de este mundo, sino el Reino de Dios, el Reino de los Cielos, donde el Señor era Rey desde la eternidad y para siempre jamás.

Por lo tanto, en la fiesta de Cristo Rey sintámonos nosotros ciudadanos de ese Reino que no está situado en ningún lugar geográfico, sino en el más allá, donde estaremos adorando al Señor por toda la eternidad. La esperanza nos anima a seguir los pasos de nuestro único Rey.

Domingo de la trigésima tercera semana de Tiempo Ordinario

Por D. Tomás de la Torre Lendínez

Estamos llegando al final del año litúrgico, que nunca coincide con el fin del año civil  Al estar en el final del ciclo litúrgico las lecturas de hoy nos dan un lenguaje apocalíptico que parece asustar a los oídos no aptos para sustos salidos de la Palabra de Dios, la cual para entenderla debemos conocer los diversos géneros literarios, como es el apocalíptico.

Es necesario no entrar en el pie de la letra del  texto del evangelio de hoy, porque es uno de los ejemplos más evidentes del lenguaje apocalíptico. Debemos leer las verdades que se esconden debajo de este lenguaje que puedes ser las tres siguientes:

1.- En la primera lectura de este domingo vemos cómo el profeta Malaquías nos anuncia que los soberbios y malhechores serán como paja que se consume en el horno encendido de los días que se avecinan.

La enseñanza esencial es que abandonemos la soberbia, el orgullo y las fechorías dañinas contra nuestros hermanos para así ser árboles fuertes y no una floja paja que se la lleva el viento y arde en cuanto se levante una chispa de fuego.

La fortaleza debe ser esencial en nuestra vida cristiana siempre para dar buen ejemplo a los semejantes, y de modo especial para los niños jóvenes.

2.- En la segunda lectura encontramos a san Pablo escribiendo a los habitantes de Tesalónica, quienes pensaban que el fin del mundo llegaría volando, lo que obligaba a una piara de vagos y perrones a no dar un palo al agua, viviendo de chupar la sangre de los que trabajaban.

San Pablo apunta claramente a los holgazanes y él mismo se pone como ejemplo recordando que cuando estuvo  en Tesalónica nunca vivió de balde, sino todo lo contrario que todo lo que se comía se lo trabajaba con el sudor de su frente.

La pereza, la vagancia, la holgazanería son malos pasos para ser buenos cristianos, solamente quien se exige trabajando para comer y vivir honradamente es plenamente feliz hasta que llegue el último día cuando el Señor venga a juzgar a vivos y muertos.

3.- En el evangelio de hoy vemos cómo el Señor nos advierte que la llegada del fin del mundo será cuando menos lo pensemos, y que, por lo tanto, debemos estar preparados porque no sabemos ni el día ni la hora en que se producirá.

En el texto de hoy es donde más claro aparece el género literario con lenguaje apocalíptico, cuando nos indica que el templo de Jerusalén será derruido, que los astros chocarán entre sí, y que el número de guerras y revoluciones será muy grande donde los cristianos sufriremos toda clase de persecuciones y muertes.

La enseñanza que se esconde en este texto es sencilla: Vivamos cada día como si fuera el primero de nuestra vida, que a la vez puede ser el último de nuestra propia vida. Quien así vive y trabaja no tiene miedo, ni debe pensarlo siquiera, a que llegue el Juicio Final y la resurrección de todos de entre los muertos para comparecer ante el examen de amor que el Señor nos hará al caer la tarde, como bien predice poéticamente San Juan de la Cruz. Por lo tanto, vivamos sin miedos, con grandes esperanzas, y el Señor nos pagará el salario justo a cada uno según hayamos vivido a lo largo de nuestra vida.

Domingo de la trigésima segunda semana de Tiempo Ordinario

Por D. Tomás de la Torre Lendínez

En nuestro mundo existe una tendencia muy marcada a apartar la valentía de nuestra conducta. Se lleva mucho la cobardía y el miedo a al cumplimiento de las responsabilidades. Y otra postura muy actual es pensar que somos de la tierra para quedarnos en la propia tierra, habiendo perdido toda la presencia de lo divino en nuestras personas.

A ambas formas negativas, el Señor hoy nos responde con tres estampas claves:

1.- La primera lectura de la Misa de hoy nos presenta cómo los hermanos de la familia de los Macabeos son constantes fieles cumplidores de la ley de Moisés evitando comer carne de cerdo prohibida al pueblo israelita, que era lo que pretendía el rey que los toma como presos. Entre los mismos hermanos se alienta mutuamente para que sigan cumpliendo con el mandato de la normativa del pueblo judío.

Hoy, entre nosotros, en un caso similar, si alguien nos ofreciera renegar de Dios para salvar la propia vida, lo que se hace es entrar en un estado de miedo, de cobardía y de renegación de ser cristianos, porque preferimos  vivir como cobardes constantes, a ser valientes y mártires de nuestra fe católica dando nuestra propia vida derramando la sangre si fuera necesario.

A pesar de todo, existen hoy muchos valientes que dan su vida por Cristo, porque tienen claro que tienen un cuerpo y un alma dadas por Dios.

2.- En el evangelio de hoy aparecen un grupo de gentes, conocidos como los saduceos, quienes en el tiempo de Jesús de Nazaret negaban la existencia de la resurrección final a la segunda venida de Cristo.

Hoy se ha renovado esta manera de pensar. Son todos los que viven pensando en su propio cuerpo, sin importarle para nada que toda persona tenemos cuerpo y alma.

Los nuevos saduceos son los que viven para el placer del cuerpo solamente, comiendo, saciándose en los placeres materiales de la vida como las drogas permitidas y las prohibidas, a pesar que conocer los efectos nocivos para la salud de las mismas.

Son aquellos que sueltan por su boca el famoso refrán: Comamos y bebamos que mañana moriremos.

3.- A todos estos el Señor les declara que tenemos un cuerpo y un alma. De tal manera que cuando llegue el final de los tiempos y el Señor venga a juzgar a vivos y muertos no existirán los lazos humanos actuales: No habrá esposos, ni padres, ni hijos, sino que seremos espíritus puros, seremos como ángeles.

Por lo tanto, esas personas que dan tanto culto a su cuerpo acudiendo a tener un cuerpo diez a los gimnasios. O esos otros que toman tantas yerbas para mantener una salud de hierro, sin tomar toda clase de alimentos, hacen un flaco favor en contra de su propia salud corporal.

Entre ambos extremos nos encontramos los demás seres humanos católicos que sabemos que debemos alimentar el cuerpo con todo lo que la medicina nos recomiende, a la vez que debemos alimentar nuestra alma con obras de caridad hacia los más pobres y necesitados, tratando de llenar nuestras manos de buenas obras para cuando tengamos que comparecer ante el Señor en el Juicio Final. Durante el cual solamente seremos examinados si hemos amado a Dios y al hermano.

Domingo de la trigésima primera semana de Tiempo Ordinario.

Por D. Tomás dela Torre Lendínez

Nunca pudo Jesús entrar en las ciudades de Tierra Santa sin que lo siguiera una gran multitud de gentes, quienes con buena voluntad le seguían de una parte a otra. Entre el gentío una persona de baja estatura no veía ni pum. Era un hombre llamado Zaqueo, quien era jefe de los publicanos, los funcionarios afectos al imperio romano para el que cobraban los impuestos más severos para la pobreza de aquella sociedad.  De la cantidad de tributos se llevaban una comisión y la parte que se le pegara a los dedos al hacer el recuento de monedas, porque entonces no existían billetes monetarios.

Zaqueo quería ver a Jesús de Nazaret, pues había oído hablar de Él. Con astucia se subió a un árbol llamado sicomoro para tener una vista libre de masa humana. Al pasar delante el Señor se paró ante él y le dijo que aquel día iría a comer a su casa. Así fue, Jesús entró en casa de aquel  ricachón, quien sintiendo a disgusto deseó ponerse en paz con su conciencia afirmando que devolvería el dinero que hubiera cobrado vilmente y que daría una fuerte limosna para los pobres.

En esta escena evangélica, encontramos tres lecciones importantes:

1.- Es Jesús quien toma la iniciativa para entrar en la casa de Zaqueo. Siempre es el Señor quien llama para una obra buena. Siempre esa llamada es aceptada con humildad por quien siente la llamada del Señor, como le pasó a Zaqueo.

Una vez en la casa, estando comiendo, Zaqueo sintió que la conciencia le picaba,  y no estaba a gusto. Por ello, fue él quien tuvo la iniciativa de devolver el dinero injusto y entregar otro tanto a los pobres. 

Jesús dijo que aquel  día la salvación y la sanación de Zaqueo había entrado en aquella casa. Era cierto. Desde entonces todos los pecados le fueron perdonados a Zaqueo.

2.- Mientras, Jesús entraba en aquella casa, propiedad del jefe de los cobradores de impuestos, tan mal vistos por las gentes de entonces, comenzaron a murmurar sospechando que Jesús no sabía lo que estaba haciendo con un indeseable como Zaqueo.

Las malas lenguas siempre acompañaron al Señor, tachándolo de iluso, impostor y otros calificativos que terminaron por llevarle a la Cruz, donde murió por salvarnos a todos, resucitando al tercer día de entre los muertos.

Las malas lenguas siguen existiendo en los tiempos actuales, en los que se les niega a muchos la ocasión de cambiar de vida y mejorar su conducta ante Dios y los hombres.

3.- Lo que nadie pudo, ni puede impedir, es la conversión de las personas al camino del bien, cuando son llamadas por el Señor, como le ocurrió a Zaqueo. Todas las personas somos dignas de ser llamadas por Dios a tomar el buen camino ayudados con su Gracia a entrar a formar parte del redil de las ovejas del Reino del Señor.

Porque el Señor, como buen y único pastor de su rebaño, siempre busca a la oveja perdida, malherida, y existe una gran alegría dentro del rebaño, cuando el buen pastor asoma con alguna entre sus brazos recuperada de las garras del mal, celebrándose una gran fiesta por el encuentro con la oveja perdida, como le ocurrió a Zaqueo, cuando convirtió su corazón de piedra en un corazón de carne, lleno de la Gracia de Dios y del Amor al Señor, eterno y único pastor.

Domingo de la trigésima semana de Tiempo Ordinario

Por D. Tomás de la Torre Lendínez

 La sociedad española de estos días tiene clavada a fuego una palabra en sus huesos: hipocresía. Cuando la ciudadanía es hipócrita, en estos momentos, es por adiestramiento desde los grandes medios de comunicación, en los cuales los minúsculos maestros de la política, de la economía, de la industria y el comercio, nos venden que las caretas tapando las arrugas sociales, son mejores llevarlas que presentarnos ante los demás tal como somos y estamos.

Hoy el Señor alaba la sencillez, en contra de la hipocresía y el fariseísmo. Lo hace en la parábola evangélica de san Lucas que es bien conocida. Veamos tres aspectos de cómo se producen las actitudes de los participantes en el texto del evangelio de este domingo:

1.- El fariseo acude al templo, se coloca en el primer puesto, toma una postura altanera, viste ropas ricas, exhala perfumes de primera línea de moda, mira que lo vean todos, y exclama al Señor la siguiente oración:

“¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”.

No se puede ser más embustero y soberbio en una sola persona. Él se cuenta como bueno y puro, porque los demás son ladrones, injustos, adúlteros, y no pagan sus impuestos. Encima, el fariseo ayuda dos veces por semana.

Este individuo dice que él es bueno, porque los demás son una escoria. ¿Existe mayor prueba de su falta de respeto a los demás?. Creo que no. El Señor lo ha retratado muy bien.

2.- Por el contrario, el publicano, recaudador de los impuestos en el pueblo de Israel, entra en el templo vestido con lo puesto, colocado en el último  lugar para no ser visto por nadie, clama al Señor de la siguiente forma:

“¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador”.

No le salían más palabras de su boca, él que era tenido como un enemigo dentro del pueblo judío por ser recaudador de impuestos para el imperio romano, que estrujaba al pueblo con imposiciones muy fuertes de dinero.

Para rezar, para comprender el mensaje de Cristo, se debe ser tan humilde como éste hombre, reconociendo que no digno ni de levantar la mirada ante Dios.

3.- Jesús saca la consecuencia de la propia parábola cuando afirma:

Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

Alaba al publicano y vitupera al fariseo. Y enlaza una sentencia que ha cubierto toda la historia humana hasta nuestros días:

Quien se cree mejor que el otro será humillado, y quien se humilla será enaltecido. ¡Cuántas veces en nuestra vida hemos visto  a personas de alto rango que se han presentado como hormigas ante los demás, y cuántas ocasiones hemos visto a poderosos en dinero, en cargos y títulos que vanidosos como los pavos han aparecido como perfectos cumplidores de los deberes externamente para los que vea la gente, cuando por dentro son sepulcros blanqueados¡.

Domingo de la vigésima novena semana de Tiempo Ordinario

Por D. Tomás de la Torre Lendínez

Uno de los más curiosos fallos de la sociedad actual es la flojera, la indolencia, la pereza, la vagancia, que encuentra su justificación en la legislación educativa, por ejemplo, donde al igualar por abajo, los estudiantes son más vagos que un escalón, esta vagancia les lleva a llegar  a ser aprobados por imperativo legal dentro de los centros escolares, aumentando el número de los analfabetos que ya son millones, fruto de los experimentos educativos nacidos de mentes donde nunca se premia el esfuerzo intelectual, ni físico, ni moral, ni cristiano.

En la Palabra de Dios de este domingo el Señor nos sugiere que sin esfuerzo humano, sin rompernos la cabeza, sin ser perseverantes nunca seremos nada ni alcanzaremos  nuestros objetivos, que deben resumirse en ser santos como el Padre celestial lo es.

Veamos tres pinceladas de cómo el Señor alaba la perseverancia:

1.- En la primera lectura encontramos cómo Moisés, teniendo en alto el bastón, podía el pueblo de Israel vencer a sus enemigos. Cuando se cansaba y bajaba los brazos, entonces, la victoria sonreía a los contrarios. Esto supuso que Moisés se sentó en una piedra y dos de sus ayudantes le sostuvieron los brazos para que el bastón estuviera siempre dispuesto hasta conseguir la victoria plena sobre sus enemigos.

Por lo tanto, la perseverancia, la constancia, el esfuerzo mental y físico, siempre nos abre caminos de conocimientos para cumplir siempre la voluntad de Dios así en la tierra, como en el cielo.

De esto modo, podemos decir que comenzar es para todos, el perseverar es de santos.

2.- La segunda lectura San Pablo recomienda a su discípulo Timoteo a que siempre evangelice a tiempo y destiempo,  haciéndolo siempre unas razones convincentes para que nadie se vaya a la molicie, a la comodidad, a la pereza y la indolencia.

Aquí tenemos muy claro el papel de todos los cristianos, especialmente de los llamados por Dios a su servicio misionero directo tanto en nuestra sociedad, como en tierras de países lejanos, dado que hoy es el domingo del Domund, el día mundial de las misiones.

¡Cuántas personas han entregado sus vidas hasta la muerte por evangelizar a los descreídos o  paganos señalando el camino del Reino de Dios¡.

3.- En el evangelio de hoy vemos cómo un juez que no temía ni a Dios ni a los hombres, decide hacer justicia a una mujer viuda, que a diario iba a recordarle que le hiciera justicia. Era una persona constante y perseverante, valiente y exigente de sus derechos.

El juez para quitarse aquella tabarra de encima le hizo justicia. Y el Señor alabó a la mujer viuda, recomendándonos que si somos constantes y perseverantes alcanzaremos nuestras metas materiales y espirituales.

Nunca caerán los bienes materiales y espirituales por la chimenea, al contrario, los santos fundadores de congregaciones religiosas, por ejemplo, siempre han ganado para sus institutos de frailes o monjas, los medios materiales y las conquistas espirituales apoyados en el esfuerzo humano y en la plena confianza de la Gracia de Dios, que nunca abandona a sus hijos cuando acuden con la oración a presentar sus necesidades al Señor. Quien se esfuerza obtiene el premio, el vago siempre será un ramplón y un desgraciado material y espiritual.

Domingo de la decimooctava semana del Tiempo Ordinario

Por D. Tomás de la Torre Lendínez

Dos situaciones contrarias a la voluntad de Dios están en la Palabra de Dios de este domingo último del mes de julio. Tanto la vanidad como la avaricia son dos defectos graves en el tiempo  de Jesús y en los días que vivimos nosotros. La vanidad es un orgullo de creerse superior a todo y a todos, cuando solamente somos unos seres humanos, los cuales sin la ayuda de Dios no somos nada. La codicia es el afán de juntar riquezas materiales dejándose la vida y la salud en disponer, como dice la gente popularmente, “quien más escrituras de propiedad dispone en su casa ese es la persona más feliz del mundo”. Quien así piensa y actúa es un cretino.

Veamos en tres pasos lo que nos enseña hoy Jesús:

1.- La vanidad  conduce a nada, probablemente al hastío y a la consulta de algún especialista de la enfermedad mental; eso si no se desea llenar la vaciedad de la vanidad con pastillas y otros productos que conduzcan al suicidio lento o rápido según se tomen más o menos cantidades de estupefacientes o drogas permitidas o prohibidas por la legislación.

El vanidoso, además, es un tontuelo de sí mismo, un figurón de cartón piedra, un personaje facturado por una sociedad hipócrita que ha olvidado a Dios en todo momento y para toda ocasión.

La vanidad es un virus que tienen personas de baja cuna o alta cama. La vanidad es una careta que entra frío verla en personajes, que deben dar buen ejemplo de vida en todo. Son los  fariseos de los tiempos de Jesús, quien los llamó muy bien: sepulcros blanqueados.

2.- La codicia conduce a la gente al consumo compulsivo, al deseo de tener cosas de las que se cansan cada día que pasa, y buscan otra sustituta, que tampoco satisface sus ansías de tener algo nuevo con lo que entretener sus deseos más íntimos.

El codicioso es el personaje que pasa más tiempo en las notarías, que en el cuarto de baño. Es el tipo que tira y tira el dinero en casas, fincas, coches…y nada le llena, nada le deja satisfecho.

El codicioso es un pobre diablo que cree que nunca morirá.

3.- Y, como todos somos mortales, cuando el vanidoso y el codicioso muere, aunque deje muy bien atado el testamento, siempre crea problemas en los hijos y demás herederos. Las peleas por motivos de las herencias son muchas y desconocidas para la sociedad en general, salvo que se abra  una guerra entre los aspirantes a recibir la herencia y así salte a los medios de comunicación social, que  viven de ese morbo en torno a los bienes testados por don fulano.

El Señor hoy nos dice que no seamos vanidosos ni codiciosos, porque siempre será más feliz quien menos tenga, o solamente disponga lo necesario para vivir honradamente delante de Dios y de los hermanos.  La humildad y la sana pobreza son las virtudes contrarias a los vicios que hoy hemos descrito en esta reflexión. Solamente el  sencillo, el que acepta lo que tiene y lo pone al  servicio de los demás, de modo especial, para la ayuda de los más pobres y necesitados, esa persona es plenamente feliz y no tiene miedo a que le roben, ni a morir de pronto sin haber hecho un testamento bien trabado, papel que no sirve para evitar una riña familiar. Quien acumula riquezas para Dios es el más feliz del mundo. Quien junta solamente bienes materiales es un perfecto desgraciado.

Domingo de la decimoséptima semana del Tiempo Ordinario

Por D. Tomás de la Torre Lendínez

Una de las oraciones que los cristianos decimos y rezamos más veces en nuestra vida es el Padrenuestro, que hoy enseña el mismo Cristo a sus discípulos en el evangelio que leemos en la Misa de este domingo. Debemos ser conscientes de la importancia del rezo de esta oración, que fue la única que salió de la boca del Señor.

En esta escena evangélica podemos extraer tres lecciones muy prácticas:

1.- La oración del Padrenuestro tiene varias alabanzas a Dios Padre y diversas peticiones al Señor. Tanto la primera parte, como las demás debemos rezarlas conscientes de lo que decimos y a lo que nos compromete esta hermosa oración, en la que no dirigimos a Dios, nuestro Padre, como hijos suyos.

No vale repetir la gran oración del Padrenuestro como un loro repite palabras que oye, pero no sabe lo que dice, ni los motivos por los que las dice. Existen muchos loros dentro de la Iglesia Católica, por desgracia para el resto de cristianos.

2.- Cuando rezamos el Padrenuestro debemos darnos cuenta que estamos dirigiéndonos a nuestro Padre, Dios, como hijos suyos, necesitados de su ayuda y misericordia, estando dispuestos a vivir y comprometernos con las alabanzas dirigidas al Señor y a vivir en la práctica las peticiones que le hacemos, para que se haga su voluntad así en la tierra como en el Cielo.

Mucha gente, nos dice a los curas, lo siguiente:

-¿Para qué rezar tanto el Padrenuestro si luego vivimos al margen de su existencia en la vida real de cada día?.

Al inicio pueden tener razón. Pero están equivocados, porque la oración es una constante en toda la vida cristiana. Es claro que Dios, como Padre, nos conoce, nos ve, y sabe lo que necesitamos en cada momento. Sin embargo, debemos tener una vida de oración constante y perseverante. El refranero español lo recoge muy bien: A Dios rogando, y con el mazo dando.

3.- Lo que está muy claro es que rezar el Padrenuestro sin ninguna fe en Dios es como ir al médico si todas las medicinas que nos mande las vamos a tirar a la basura. Para rezar el Padrenuestro debemos tener la fe suficiente en que Dios es nuestro Padre, sin el cual no somos nada, ni podemos nada. La fe es la llave que nos abre la puerta del diálogo con el Señor.

Quien tenga esta fe suficiente y fuerte tiene la credencial necesaria para rezar el Padrenuestro y sentirse alegre de hacerlo, como el Señor desea que le dirijamos nuestros pensamientos, palabras y obras.

Si alguna vez rezamos el Padrenuestro sin darnos cuenta del alcance de lo que encierra nuestra oración, no es ningún delito grave, ya que todos los santos inscritos en el santoral oficial de la Iglesia Católica han tenido momentos en los que han perdido su conexión con el Señor y se les “ha ido el santo al cielo”, como bien dice el refrán castellano.

Hagamos, pues, una purificación de nuestras actitudes esenciales a la hora de rezar el Padrenuestro, la única y la mejor oración, que un hijo de Dios puede dirigir a nuestro Padre para instarle a que siga ayudando a todos los que caminamos como peregrinos por la tierra camino de la Casa del Padre, donde ya estaremos cara a cara con El por toda la eternidad.

Domingo de la decimosexta semana del Tiempo Ordinario

Por D. Tomás de Torre Léndínez

En toda la Palabra de Dios de este domingo aparece el descanso como una necesidad humana y un derecho del alma para seguir en la responsabilidad del camino de la santidad. Aparece el calor fuerte del mediodía, nos encontramos cómo Abraham invita al descanso a unos caminantes misteriosos, a quienes invita a sentarse a la mesa y les sirve un ternero cebado. En el texto del evangelio de hoy se encuentra el mismo Jesús descansando en la casa de unos amigos, hermanos entre sí, Lázaro, Marta y María.

Ante la realidad del descanso necesario descrito en los textos de hoy, vemos tres aspectos:

1.- La sociedad moderna no es la descubridora de los tiempos vacacionales, aunque sí es la que ha legislado sobre ellos para todo trabajador. Hoy el descanso dominical es la prueba de cómo Dios descansó al séptimo día de la Creación del mundo y del hombre. Y el tiempo vacacional es una necesidad física y espiritual para toda persona cristiana.

Un cuerpo descansado, una mente tranquila, supone que la persona se entrega a su trabajo  con más ahínco y ganas de colaborar a todo lo que suponga cooperar  con la producción de los bienes en beneficio de todos los miembros de una sociedad libre y democrática.

2.- Existen dos extremos que debemos evitar en el asunto del descanso de nuestra persona. El primero consiste en entender que el descanso no significa no hacer nada, estar mirando las estrellas, o llenándose de drogas permitidas o prohibidas. El segundo es que debemos entender que el descanso debe estar lleno de alguna actividad cultural, como es la lectura, la escritura, la participación en alguna acción deportiva sana y posible con la situación física de la persona y su salud, sin llegar a quemarla por la simple afición a un deporte como es cuidar tanto el cuerpo  que nos haga olvidar que disponemos de un alma, a la que no debemos ni podemos abandonar.

Decía un sabio conocedor de la vida espiritual de los cristianos, que el verdadero descanso es cambiar de ocupación, durante el tiempo vacacional, de modo que así no nos olvidemos de Dios en los días que podamos tomar unas fechas de descanso lejos de la vida laboral habitual.

3.- En el evangelio parece que Jesús alaba a María, como contemplativa de las palabras que salían de la boca del Señor, mientras Marta estaba muy ocupada de la cocina y de la comida que iba a servirle al Señor.

La Iglesia ha interpretado en esta escena evangélica la vida contemplativa de los frailes y de las monjas de clausura, quienes apartados del mundanal ruido se entregan de lleno a la vida de oración constante a Dios. Y la vida activa de los religiosos y monjas entregados a la misión pastoral directa con los niños en los colegios de enseñanza, en los hospitales con el servicio de la salud a los enfermos, en la evangelización en las tierras del tercer mundo como misioneros extendiendo el evangelio del Señor.

En definitiva, todos debemos educarnos para saber dar sentido a nuestro tiempo libre, a los ratos de nuestro descanso necesario, y a los momentos de ocio, que la vida nos ofrece. La justa medida la debemos buscar cada uno, midiendo bien nuestra salud con el servicio al culto al Señor, sin darle vacaciones a Dios, durante el tiempo veraniego, donde el calor parece invitar a dejar pasar el tiempo vacío y mirando la televisión que nos entontece, dejando de pasar un buen rato al lado de un libro instructivo, o escuchando una música relajante que nos eleve el espíritu al Señor. El descanso es necesario lleno de amor a Dios y a los hermanos.

Domingo de la decimoquinta semana del Tiempo Ordinario

Por D. Tomás de la Torre Lendínez

Los textos de la Palabra de Dios en este domingo nos traen un asunto muy importante para la vida de todos los cristianos de hoy y siempre. Muchas veces oímos hablar de la siguiente manera: Yo creo en Dios, pero no en sus leyes, que me las paso por delante del bigote, porque me da la gana, ya que si no mato ni robo a nadie, puedo hacer de mi capa un sayo y vivir como me dé la gana. El Señor hoy nos ofrece la solución a todos estos que viven esa esquizofrenia y al resto de católicos que luchamos por ser mejores cada día.

Veamos tres puntos esenciales.

1.- Todos los hijos de Dios, es decir, todos los bautizados tenemos la grave obligación de cumplir la ley de Dios y de la Santa Madre Iglesia, que es una familia donde debe regir la paz y la convivencia, sin que nadie se salte la tapia como si fuera un lobo vestido de oveja.

Hasta hace unos años la Iglesia ha predicado y enseñado que la ley de Dios es inalterable, intangible y obligatoria para todos los cristianos. Llevamos pocos años donde escuchamos afirmar: Si tú solamente amas a Dios, tienes ganado el cielo. Este planteamiento es herético, es luterano, es incompatible con la fe católica.

2.- Por esto Jesús en el evangelio de hoy nos invita a que amemos a Dios sobre todas las cosas, pero que, unido indisolublemente, hemos de amar a todos los hermanos sin excepción, incluso a los propios enemigos.

No vale, pues, meterse en el plan de rechazar la ley de Dios y de la Iglesia Católica, porque ningún conductor puede vivir al margen de cumplir el Código de la Circulación, lo que supondría que el tráfico viario sería un caos de accidentes y muertes.

3.- Considerar que la ley de Dios y de la Iglesia, el católico se las puede adaptar al forro de sus caprichos significa hacerse una Religión a la carta, donde cada uno se toma el aspecto que menos exige, el más cómodo y el más publicitario para buscar un cristianismo para vagos y perezosos.

Vivir con una vida cristiana elegida a la carta, significa hacerse trampas en el solitario, supone poner una vela a Dios y otra al diablo, nos lleva a vivir una fe absolutamente débil, infantil y poco creíble ante quienes vivimos en la familia, en el trabajo o la vecindad.

Todos los mandamientos de la ley de Dios son iguales de importantes, para que nos lo tomemos en serio y los cumplamos con la responsabilidad que nos exige ser personas adultas y capaces de distinguir el bien del mal, el pecado de la amistad con Dios.

Por lo tanto, hoy es para que demostremos a los cuatro vientos que el fariseísmo es un pecado grave, que nos quita la credibilidad ante y en medio de una sociedad esencialmente atea, o muy alejada del sentido cristiano de la vida. Si nos miran con intención de descubrirnos la careta falsa que tenemos, destruimos cualquier buen testimonio o ejemplo que podamos tener en nuestro pensamiento o voluntad. De aquí que debamos hacer un serio examen de conciencia: ¿Tengo yo o vivo mi religión a la carta, tomando lo más fácil y cómodo, y dejando el mandamiento más exigente y comprometido?.

Reflexionando sobre esta pregunta daremos solución a muchos problemas de nuestra vida social y cristiana en los tiempos actuales.

Domingo de la decimocuarta semana del Tiempo Ordinario

Por D. Tomás de la Torre Lendínez

En el interior de la Iglesia Católica es muy fácil que ocurra lo que cuenta el evangelio de hoy domingo: Jesús envía a 72 discípulos a que vayan a misionar y evangelizar por aldeas y pueblos del pueblo de Israel. Estos hombres hacen su misión lo mejor que saben y pueden, cuando vuelven ante Jesús le cuentan lo bien que les ha ido por los rincones y caminos que han pisado.

Sin embargo, Jesús los baja de la nube en la que estaban subidos. Lo más importante, les dice, no es lo que habéis hecho, sino el conocer que vuestros nombres están inscritos en el Cielo. Aquí es donde reside la importancia de los discípulos del Señor. De esta escena podemos sacar tres pasos importantes:

1.- El Señor elige a 72, ni uno más, ni uno menos. Son hombres, que le acompañan, que le oyen sus sermones, que le tratan de imitar. El hecho de ser hombres es muy importante, porque desde aquella experiencia, Jesús está demostrando que él no tiene nada contra las mujeres, pero sí deja claro que para su Iglesia desea que sean hombres los que tomen la misión de ser los pastores de la misma, que es el rebaño del único pastor que es el mismo Señor.

No vale que acusemos a la Iglesia Católica de misoginia. Es el mismo Cristo quien elige varones.

2.- Aquellos 72 enviados por el Señor a misionar les da una serie de recomendaciones: deben ser personas dadoras de paz, deben llevar lo imprescindible para la evangelización, deben confraternizar con todos, tanto si son bien recibidos, como si no lo son tanto.

Cuando un pastor eclesial pierde la paz de su espíritu, en vez de sembrarla, lo que provoca es división y guerra a su alrededor. Cuando un pastor no vive la pobreza exigida en el evangelio, entonces el mal ejemplo es patente, y destructor de la invitación que Jesús hace: que Él ha venido a salvar a los pobres, pecadores y enfermos, porque los justos y sanos no necesitan de su salvación.

Estas recomendaciones las ejecuta la Iglesia y sus pastores durante dos milenios y pico.

3.- Es humano que cuando una misión pastoral sale positivamente, los discípulos estén contentos y felices. Pero el papel esencial de los misioneros no es que sus nombres reciban títulos humanos, como nombres de calles, estatuas de bronce en la calle…

Ni mucho menos, lo importante es que desde el día de nuestro bautismo sabemos que todos los hijos de Dios tenemos nuestros nombres inscritos en el libro de la vida eterna en el Reino de los Cielos.

Las glorias humanas son pasajeras, son olvidables fácilmente, por las gentes de una época y de las siguientes. Sin embargo, nuestro premio está en saber que nuestra ciudadanía es celestial, es del Reino de los Cielos.

Tengo un blog titulado Semblanzas Sacerdotales, alojado en el portal Religión en Libertad, donde solamente están inscritos las fichas sobre la vida de frailes, curas, obispos y papas, una vez que han dejado este mundo en paz. Cada día que pasa en ese blog sé que dejo datos para la historia humana, pero reconozco que el verdadero blog es conocer y ser conscientes que estamos inscritos en el libro de la vida eterna, junto al Señor en el Reino eterno.

Domingo de la decimotercera semana del Tiempo Ordinario

Por D. Tomás de la Torre Lendínez

Uno de los problemas más graves que tiene la Iglesia Católica de nuestros días es la sequía vocacional  en los seminarios y conventos. Muy pocos jóvenes están en los seminarios españoles. Y más cuatrocientas casas de frailes y monjas se han cerrado durante los últimos dos años en nuestra tierra.

¿Cuáles son los motivos de esta ausencia de vocaciones a seguir al Señor?. Son difícil de resumir, pero en el evangelio de hoy encontramos algunas pistas que conviene atender:

1.- Jesús llama a seguirles a varios paisanos suyos. Cada uno se niega a hacerlo poniendo excusas y pretextos fútiles: Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre.  Otro déjame primero despedirme de los de mi casa. A cada uno Jesús le da una respuesta que los deja sin voz.

Al primero le apunta: Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios. Al segundo le espeta: Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios.

El Señor desea que quienes le sigan deben ser con total dedicación, libertad y obediencia. No caben las medias tintas. No vale dar con una mano y quitar con la otra.

2.- Jesús, además, llama avisando que él no tiene ni siquiera donde reclinar la cabeza, que es totalmente pobre y libre para cumplir la voluntad de su Padre Dios. Algunos creen que entrar en un seminario o en un monasterio es vivir como reyes y nobles. Ni mucho menos. La vida de los sacerdotes y frailes es muy exigente, es incómoda, es vivir las veinticuatro horas del día al servicio de Dios y los hermanos. Parece estar de moda por Europa, en algunas casas reales, tomar el oficio de rey como otro cualquiera, que se trabaja de lunes a viernes y los fines de semana se libra por completo. En la  vida de los curas, frailes y monjas no vale ese horario ni esa dedicación. Estamos prestos, dispuestos, vigilantes, entregados y despiertos todos los días de la semana, del mes y del año, sin encontrar a veces más que unas horas para descansar.

3.- Aquí están expuestas algunas de las causas de la sequía vocacional que se arrastra en toda España. Además, sumando que la vida de los sacerdotes es de entrega absoluta a la llamada de Dios, conociendo que la soledad es la única compañera; la oración al Señor la mejor medicina para mantener en alto la ilusión, la alegría y la entrega al ministerio recibido el día que fuimos ordenados presbíteros dentro de la Iglesia Católica; y la celebración del sacramento de la Eucaristía es el único alimento para nuestra fe, esperanza y caridad a lo largo de nuestra vida sacerdotal, porque no es un alimento caduco o material, sino todo lo contrario, es el mismo Cuerpo y la Sangre del Señor.

Se necesitan muchos sacerdotes para España, donde los que hoy estamos nos hacemos mayores y las nuevas generaciones para ocupar nuestros puestos no llegan con suficiente número como para ver el futuro con esperanza. Todo lo contrario, notamos que dentro de pocos años el clero español será muy poquito y los lugares donde hoy servimos no serán ocupados por nadie. Desde las ondas de Cadena Ibérica invito a los jóvenes a ser valientes, en cuanto oigan la voz del Señor, se lancen a seguirle sin miedo, sabiendo que no existe mayor alegría que vivir ordenados de curas, pues ser administradores de los bienes de Dios, que son los sacramentos de la Gracia de Dios, es el mayor regalo que como personas podemos tener en esta tierra, ayudando al resto de hermanos a llegar al Reino de Dios.

Domingo de la decimosegunda semana del Tiempo Ordinario

Por D. Tomás de la Torre Lendínez

Los encuestadores o estudiosos de la opinión pública se consideran unos profesionales modernos. Incluso están instalados en grandes oficinas, con ordenadores y todos los aparatos más modernos para cocinar las encuestas para que salgan los resultados que esperan los que pagan el proyecto concreto.

Hoy, domingo, Jesús de Nazaret se convierte en el  primer encuestador de la historia, cuando les pregunta a sus discípulos que le digan lo que opinan de él entre la gente donde se movían en el pueblo israelita. Gracias a las respuestas de la encuesta descubrimos lo siguiente:

1.- Unos contestan que consideraban a Jesús como Juan Bautista, otros que Elías, y otros que hubiera resucitado alguno de los antiguos profetas. Son respuestas lejanas de la realidad, pero la gente cuando no conoce la respuesta correcta, por lo menos contesta por aproximación.

Estos modos de contestar no son ofensivos para el Señor, porque, según las palabras del mismo Jesús: todo el que no está de modo deliberado en contra de él, siempre estará a favor de todos los católicos.

Existe más buena gente de la que pensamos que no son contrarios al Señor, aunque su ignorancia les lleve a no saber más que a contestar por aproximación.

2.- Los que sí contestan con una respuesta correcta son los discípulos, cuando confiesan claramente que Jesús es el Mesías esperado por el pueblo de Israel y anunciado  por todos los profetas.

Es el mismo  Jesús quien desmonta todo el andamiaje mental que los discípulos podían tener, cuando  advierte que él ha venido a ser perseguido por sus enemigos, a ser escupido, azotado, clavado en una cruz, donde morirá para la salvación del género humano. Desde aquel momento advierte a los discípulos que no serán ministros de ningún gobierno terrenal, sino que el Mesías esperado sería como el cordero llevado al matadero y que ellos deben seguir sus pasos.

3.- ¿Estamos los cristianos preparados para seguir los pasos del Señor Jesús?. Nos creemos de veras que nuestra vida es el camino de la cruz, con dolor, llanto y muerte, en vez del triunfalismo del aplauso fácil y de la comodidad extrema.

Es duro humanamente hablando, a no ser que lo miremos con los ojos de la fe, que nuestra vida siempre la alegría está pegada a la tristeza, que la salud lleva aparejada la enfermedad, que la riqueza convive con la pobreza, que la humildad conlleva la humillación. Es así sin términos medios.

Jesús nos lo dice hoy claramente: quien no tome su cruz y se la ponga en el hombro no es digno de seguirme, porque le será imposible entender que ser cristiano es pisar en los mismos sitios donde el mismo Señor lo hizo y del mismo modo que lo hizo.

Las respuestas a la encuesta que Jesús les hizo a sus discípulos no pueden tener la cocina que tienen las encuestas de las empresas de la moderna demoscopia. Nosotros, los católicos no podemos decirle al Señor: Te sigo, pero quita la cruz que me parece muy pesada.

Todas nuestras cruces son escaleras que nos llevan al cielo con el Señor.

Domingo de la décimo primera semana de Tiempo Ordinario

Por D. Tomás de la Torre Lendínez

En cualquier reunión es muy fácil  encontrarse a un grupo socialmente muy señalado: los mal pensados, los que siguen al pie de la letra al refrán aquel que dice: Piensa mal  y acertarás. Normalmente, este tipo de gente va por la vida destruyendo todo con sus pensamientos negativos y sus palabras destructoras de la fama y el honor de los demás.

En este domingo nos encontramos con el perdón de los pecados por parte de Dios al rey David, que había mandado matar a uno de sus generales y liándose con su mujer; y a Jesús que perdona a aquella mujer pecadora que le lava los pies y se los besa, todo hecho a la luz pública en casa de un fariseo acompañado de un buen puñado de mal pensados.

Nos damos de cara con tres aspectos:

1.- Cuando el arrepentimiento de los pecados es sincero y radical, entonces Dios nos perdona siempre. Tengo un amigo que me critica que los católicos tenemos un chollo con este Dios que nos perdona todos los pecados. Según este individuo, los cristianos podemos ser unos delincuentes de portada de periódico, si luego acudimos al confesionario a que Dios nos perdone los pecados. Le respondo siempre que sí es cierto, pero que si nuestros pecados llevan aparejados el pisar la ley inserta en el código civil o penal iremos a la cárcel como cualquier rufián que cometa los delitos previstos contra el Derecho.

Dios es un padre, no es un padrazo, ni un tontilón.

2.-  David, el rey más grande de la historia de Israel, cometió un pecado grave; aquella mujer que lavó los pies a Jesús también era una pecadora pública. Ambos fueron perdonados por Dios, pero se les exigió un firme propósito de la enmienda en su conducta. El Señor no nos da licencia absoluta para pecar lo que queramos y luego confesemos nuestros delitos. Nos exige que no volvamos a cometer esos pecados, ni otros, para que caminemos por el  sendero de la santidad, nunca de la condenación apriorística.

A pesar de esta exigencia, siempre encontraremos a los mal pensados, a los que se creen buenos entrecomillas, a los fariseos, que continuamente nos llamarán imperfectos y ellos se creen absolutamente perfectos.

3.- Los mal pensados, los fariseos, los puros entre comillas, se creen perfectos, consideran que el sacramento de la Penitencia o la Confesión, creado por Jesús en el evangelio, es un agujero, por donde nos escapamos los pecadores, los imperfectos, los impuros. Dicen que ellos se confiesan directamente con Dios, y no necesitan contar sus pecados al cura en el confesionario, porque un hombre no debe saber sus fallos. Los mal  pensados, además, de creerse los buenos, son tontos perdidos, porque consideran que el sacerdote es el que perdona los pecados. No quieren ver por los ojos de la fe que quien solamente perdona los pecados es Dios mismo por medio del sacerdote que se limita a escuchar y aconsejar en algún aspecto si el  penitente lo demanda. Las consultas de los psicólogos, o de salud mental tienen colas largas, porque todos somos pecadores. Todos los seres humanos caemos en el pecado y necesitamos el perdón para seguir viviendo. Quien acude a los servicios de salud mental en último extremo, hubiera salvado su vida espiritual y moral, si hubieran acudido al confesor con más frecuencia y a tiempo de poder salir del bache de la depresión. Pero como  ellos se consideran perfectos y santos sobre la tierra no lo hacen y cuando el agua les llega al cuello, necesitan de alguien que escuche sus delitos. A lo mejor ya es tarde.  Y la locura llama a su puerta.

Domingo de la décima semana del Tiempo Ordinario

Por D. Tomás de la Torre Lendínez

Uno de los misterios humanos más impenetrables e imposibles de dar una respuesta racional es la muerte de una persona querida. Ante la muerte humana muchos pensadores y filósofos han escrito bellas páginas pretendiendo llegar a explicarse cómo y por qué motivos un ser humano deja este mundo cuando le llega su hora de partida. Ninguno de los escritores ha dado con una respuesta racional convincente. La mayoría abomina y considera la muerte como un castigo divino extraído de su caprichoso modo de gobernar a sus súbditos.

Hoy la Palabra de Dios aporta la gran luz para entender, desde la pura fe católica, el hondo misterio de la muerte humana. Tanto la primera lectura de hoy, cuando el profeta Elías devuelve la vida a un niño, hijo de una viuda, como Jesús de Nazaret que hace lo mismo cuando llevan a enterrar a un joven hijo de otro viuda vecina de la ciudad de Nain.

Vemos tres pasos en el misterio humano de la muerte:

1.- Nacemos y vivimos, pero a diario vamos muriendo de modo inevitable, a pesar de todos los ungüentos que nos echamos encima, a pesar de todas las medicinas que nos tomamos a diario, a pesar de creernos que nunca nos iremos de este mundo  al más allá.

La cirugía estética puede aparentar la edad de quienes se someten a un recauchutado de cara, pechos, vientres, piernas. La verdad es que el almanaque de nuestra vida no se detiene. El reloj no para las pilas de vida.

2.- Somos mortales, vamos muriendo lentamente desde el primer grito que damos cuando salimos del vientre materno. Desconocemos el día y la hora de la muerte. Esto es muy importante para que  estemos preparados en cualquier momento a coger la maleta y largarnos camino del más allá.

¿Es Dios el culpable del modo de nuestra muerte?. ¿Podemos echarle la culpa a Dios cuando se nos muere algún ser querido de forma violenta e inesperada?. Ni mucho menos. Dios no es el culpable de nuestra muerte, ni del modo de la misma, porque es  nuestro Padre y no existe un padre en la tierra que desee ningún mal para ninguno de sus hijos. La muerte, nuestra muerte, es la lógica de que somos mortales, que llegará el día en que nos marchemos de aquí, de este valle de lágrimas, y nos vayamos a vivir junto a Dios por toda la eternidad.

3.- Tendremos que vivir siempre estando preparados para morir cuando nos toque. Alguien puede pensar que esto sería macabro y falto de alegría. Ni mucho menos, es medicinal, porque nos ayuda a estrujar el limón hasta la última gota de cada minuto de nuestra vida, sabiendo  hacer siempre el bien en vez del mal contra nosotros, contra los demás y contra Dios mismo.

Este es el camino de la santidad. Este es el camino  de la exigencia y de la responsabilidad. No estamos en este tierra para no dar un palo al agua, sino  todo lo contrario para llenarnos las manos de obras de amor a Dios y todos los hermanos, especialmente a los pobres y necesitados.

Cuando los cristianos vivimos en este clima de exigencia, responsabilidad y preparación para el examen parcial  y el final, entonces, solamente entonces, es cuando vivimos con mayor y mejor libertad personal, familiar y social.  ¡Qué aburrida e impersonal sería la vida si nos regalaran el aprobado sin haber estudiado la asignatura del Amor¡

Domingo del Corpus Christi

Por D. Tomás de la Torre Lendínez

Desde los inicios de la actual  democracia la fiesta de Corpus Christi fue pasada a hoy domingo, dejando de ser en aquel jueves que reluce más que el sol. Hubo ciudades como Toledo, Sevilla y Granada, que protestaron ante Roma apelando a su propia historia, consiguiendo mantener el Corpus en el jueves. En el resto de España tuvimos que acostumbrarnos a sacar la procesión de la Custodia en este domingo.

Con aquellas claudicaciones la Iglesia en España pegó los primeros pasos para su falta de autoridad moral, como hoy se encuentra.

¿Qué nos dice hoy la solemnidad del Corpus por las calles de aldeas, villas y pueblos de España?

1.- La primera es que estamos sacando la procesión más auténtica de todas las que se celebran por las calles españolas cada año. La Semana Santa sale de los templos imágenes de Cristo o María, pero son solamente meras imágenes. Hoy, por el contrario, es el mismo Cuerpo de Cristo  bajo las especies de pan y vino, la propia Eucaristía, es alabada en procesión colocada sobre bellas o sencillas custodias, donde se muestra al pueblo cristiano a su Divina Majestad, el mismo Cuerpo del Hijo de Dios.

2.-  La segunda es cómo esta tradición tan española se ha perdido bastante en muchos sitios. Sin embargo, existen pequeñas localidades, donde el pueblo cristiano es más sensato en el campo de las muestras de la fe católica en el Santísimo Sacramento del altar, que los propios pastores que oficialmente dirigen a los fieles.

Todavía existen pueblos donde la fiesta del Corpus es una competición vecinal para buscar adornos florales, artísticos y decorativos, con los que rendir culto al Señor que pasa por delante de sus casas. Lo hacen por tradición, sin tener el cura del pueblo que meterse donde nadie le llama, produciendo unos resultados realmente maravillosos en el amor a Jesús Eucaristía.

3.- La tercera es como una fiesta como la de hoy nos invita a todos a ser custodias vivas cuando termina la Misa a la que acudimos cada domingo. Cuando uno come el Cuerpo de Cristo es para que al terminar la Eucaristía y marchamos a la casa, es para que mostremos el rostro del Señor a todas las personas con las que vivimos, a nuestros vecinos, y a nuestros hermanos, comenzando por los más pobres y necesitados.

Debemos ser custodias vivas llevando en nuestro semblante, en las palabras y las obras, en los pensamientos y actuaciones, las mismas enseñanzas de Cristo que él mismo nos dejó en el evangelio. No vale llevar caras de malos amigos, sino todo lo contrario los rostros llenos de alegría y orgullo por ser hijos de Dios y hermanos en la misma fe, que Cristo nos enseñó.

Quien pueda que acuda a la procesión del Corpus que se celebra en su pueblo, debemos acompañar al mismo Señor que hoy es vitoreado, aplaudido y alabado con cantos y oraciones por las calles de las localidades, donde salga esta centenaria procesión que es la única y la mejor del año, ya que en ella no van imágenes, sino el mismo Hijo de Dios, la segunda Persona de la Santísima Trinidad.

Quien acude con fervor a la procesión del Corpus, el resto de procesiones les parece poco.

Domingo de la Santísima Trinidad

Por D. Tomás de Latorre Lendínez

Durante la vida del  gran padre de la Iglesia, San Agustín de Hipona, estaba él paseando por la orilla del mar Mediterráneo, dándole vueltas a la cabeza de cómo explicarse por la pura razón humana el misterio de la Santísima Trinidad, fiesta que hoy celebramos en toda la Iglesia. En esto que se encontró con un niño, quien sosteniendo una concha en la mano estaba cogiendo agua marina y la vertía sobre un hoyo abierto en la arena.
Cuando el santo llegó al punto donde estaba el niño, le preguntó:
-Hijo, ¿qué estás haciendo?.
El niño respondió:
-Estoy metiendo el agua del mar en este hoyo de la arena.
El santo se llevó las manos a la cabeza y dijo atemorizado:
-¡Eso es imposible de todas formas¡.
El niño respondió al santo:
-Tan imposible cómo que tú pretendas explicarte la hondura insondable del misterio de la Trinidad desde la pura razón humana.
El santo comprendió que su empeño era inútil. En ese momento el niño desapareció de su vista.
El misterio de la Trinidad tiene para nosotros tres niveles:
1.- Creemos en un solo Dios  que, a su vez, son Tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
2.- Lo creemos por la pura fe, porque Jesús lo enseñó en el evangelio. Debemos aceptarlo en la mayor humildad posible, porque solamente desde la sencillez de corazón se puede asumir un misterio tan hondo,  grande e incomprensible a la mera razón humana.
3.- La Iglesia tiene tan asumido el misterio trinitario que desde la señal de la Cruz, que nos enseñan desde la cuna, pasando por el bautismo, siguiendo por el resto de los sacramentos, siempre decimos: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Esto significa que nuestras almas están selladas con una señal indeleble que tiene por nombre el misterio de la santísima Trinidad, por un solo Dios y tres Personas divinas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Dentro de este ámbito trinitario la Iglesia en España celebra hoy domingo la jornada en favor de los monasterios de clausura. Son más de ochocientos conventos femeninos los que pueblan las tierras de España, donde un montón de monjas rezan, trabajan y contemplan el misterio de la Trinidad en la oración y en la vida comunitaria. También existen monasterios masculinos de monjes contemplativos, pero son menos en número.  Es una hoy una buena fecha para rezar por estas personas consagradas al servicio de la voluntad de Dios, rogando al Señor que envíe vocaciones nuevas al interior de la vida contemplativa, ya que ese es el principal problema que hoy, tienen los monasterios repartidos por todos los rincones de las tierras de España.

Domingo de Pentecostés

Por D. Tomás de la Torre Lendínez

Con la Pascua de Pentecostés, que celebra hoy toda la Iglesia Católica, ponemos fin a las fiestas pascuales posteriores a la Resurrección de Cristo. Hoy el colegio apostólico encabezado por Pedro recibe el Espíritu Santo, en la ciudad de Jerusalén, según lo había prometido  el Señor, cuando anunciaba que la tercera Persona de la Santísima Trinidad vendría para servir de abogado y conductor de la Iglesia Católica que hoy comienza a andar de modo oficial.
¿Nace hoy la Iglesia Católica para llevar a cabo su misión evangelizadora?  Sí. Con tres notas:
1.- La presencia del Espíritu Santo sobre las cabezas de los apóstoles en forma de lenguas de fuego va a conseguir que pierdan el miedo a hablar en público, van a recibir el don de lenguas, produciéndose que todos los oyentes entiendan lo que Pedro y el resto de discípulos les están predicando en aquella fecha del nacimiento de la Iglesia Católica.
Se produce, podríamos decir, la primera traducción simultánea en las diversas lenguas de los espectadores, presentes en Jerusalén, sin necesidad de intérpretes, ni de pinganillos en las orejas. Es el Espíritu Santo quien habla a cada oyente en su propia lengua.
Pedro es el primer Papa de la Iglesia, ninguno de sus sucesores es el primero. Solamente Pedro.
2.- Aquella Iglesia naciente está sin estructurar, está buscando un lugar en el sol de Jerusalén, para no verse disuelta por falta de valentía. El Espíritu Santo será quien vaya influyendo en Pedro y sus compañeros para dar el armazón estructural  mínimo, la valentía necesaria para no sucumbir ante las persecuciones que los propios judíos van a emprender contra los primeros cristianos y la libertad para no venderse al mejor postor por un simple plato de lentejas.
Aquella primera Iglesia era una comunidad con conciencia de ser la Madre de todos los hijos de Dios, que serían bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
3.- Así la vida histórica de la Iglesia se prolonga durante más de dos mil años hasta nuestros días. Cuando la institución eclesial pierde que su único conductor es el Espíritu Santo, es cuando surgen los problemas en su interior, las separaciones de sectores, las divisiones de equis cristianos, y las desafecciones silenciosas, que a veces son más masivas que las públicas.
Es lo que se ha llamado el síndrome adánico. Es cuando el sucesor de Pedro se cree que la Iglesia ha comenzado con él; y que los anteriores no han hecho nada, o deben ser borrados de los largos muros de la historia de más de dos milenios.
Cuando llegan tiempos como esos, ahora estamos en uno de ellos, el síndrome de Adán aparece, se asienta, muchos se engatusan con este espejismo, creándose divisiones inútiles, desamores motivados en hechos reales, olvidos silenciosos desgarradores, y fanáticos defensores de un síndrome que es una enfermedad que dura mientras está el enfermo que la padece.
El Espíritu Santo cura estos momentos, siempre con la desaparición del que se cree que es Adán y que con él comenzó la Iglesia. Claro que eso no sucede de un día para otro. Sino solamente de modo natural cuando el reloj marca el final de una vida.
Por lo tanto, en la fiesta de Pentecostés, hemos de recuperar la esperanza que no hay mal  que cien años dure, y que el sol de la realidad eclesial saldrá por el horizonte como  siempre ha sido. Ojalá sea cuanto antes mejor.

Domingo de la Ascensión del Señor

Por D. Tomás de la Torre Lendínez

Hoy domingo celebramos la fiesta situada en uno de aquellos jueves solemnes. Decíamos: existen tres jueves que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi, y el día de la Ascensión.
Con los cambios democráticos en España perdimos la fecha de la Ascensión, que pasó a celebrarse en este domingo, que hoy tenemos. El Señor se marchó a los cielos a la vista de todos sus discípulos, mientras los bendecía se alejaba por su propio poder camino  de Cielo.
¿Qué significa para nosotros la fiesta de la Ascensión del Señor?
1.- En primer lugar está la gran verdad de fe católica: El Señor se marchó al Cielo para prepararnos sitio, dando  así el cumplimiento a que los católicos somos ciudadanos del Reino de Dios, aunque nuestro paso por este valle de lágrimas nos exige que nos preocupemos por sembrar, evangelizar, la sociedad presente.
Los marxistas siempre nos han criticado a los católicos que embobamos a la gente con un Cielo en la otra vida, cuando ellos ponen el paraíso comunista en esta tierra que pisamos. Cuando fue derribado el Muro de Berlín, un amigo mío recorrió buena parte de la Unión Soviética buscando el paraíso prometido. Se quedó con dos palmos de narices, cuando descubrió  la gran mentira por la que su padre había pegado tiros a todo trapo durante la guerra civil española, militando en el bando republicano.
Cuando volvió le dije: ¿Has visto la mentira del paraíso comunista?. Contestó un NO rotundo.
2.- Por el contrario, le contesté: Mira cómo  la Iglesia Católica sigue subiendo santos al Cielo, de manera oficial. Observa cómo  la Iglesia rinde culto a todas las personas muertas cuya fe solamente conoce el Señor, y que tienen una fecha común: el 1 de noviembre, fiesta de Todos los Santos.
Ciertamente, nuestra pertenencia es al Cielo, pero durante nuestra travesía por el mundo somos responsables de la extensión de la evangelización hasta el último rincón de la tierra, conocedores de que no engañamos a nadie, sino todo lo contrario, damos razones de vida, de amor, esperanza y caridad.
3.- Porque para esto el Señor nos dejó fundada la Iglesia Católica, como familia de todos los hijos de Dios, como Pueblo de la Nueva Alianza, quien se alimenta de los sacramentos que nos dejó el Señor. De modo  especial del sacramento  de la Penitencia, mediante el cual el Señor perdona nuestros pecados, y prepara nuestra alma para comer el Cuerpo y la Sangre de Cristo, verdadero  y único alimento para nuestro caminar fraterno por la tierra camino del Cielo prometido por el Señor.
Solamente es feliz el  cristiano que vive sus raíces católicas, solamente es feliz el ciudadano que siembra los valores del Reino de Dios en la tierra, solamente es feliz quien vive en este tierra sintiendo que somos transeúntes por aquí, sabiendo atesorar valores espirituales, que serán los avales que los abran eternamente las puertas del Cielo por toda la eternidad, junto a Cristo elevado hoy al Cielo por su propio poder.

Sexto Domingo de Pascua

Por D. Tomás de la Torre Lendínez

Tras darnos, el domingo pasado, el mandamiento del amor a Dios y a los hermanos, hoy nos entrega el don de la paz, pero no como la entrega el mundo, sino la paz que nace de estar en paz con uno mismo, con los demás y el propio Señor.

La paz del Señor es toda ausencia de violencia, pero a la vez es la siembra de la paz a todos los seres humanos de buena voluntad. El cristiano es incompatible con la violencia sea leve o grave. Por lo tanto cabe preguntarse:

¿Hicieron bien aquellos obispos que bendecían a los grandes asesinos etarras?

1.- Hubo un afamado periodista español que bautizó a aquellos obispos como “obisparras”. No le faltaba razón. No existe mayor dolor en el pueblo español que vivimos aquellos años de plomo, cuando caían a diario dos o tres personas a manos de las balas en la nuca, o con las bombas lapas debajo de los coches. Personas que eran trabajadores de la seguridad ciudadana como policías, guardias civiles, concejales electos, periodistas…y catedráticos de la universidad o administradores de la Justicia como jueces o fiscales.

La paz de aquellos años era la paz de los cementerios. Las víctimas ya no hablaban.

2.- Ahora, sin bombas, ni balas pistoleras, vivimos en una paz de teatrillo. Durante estos días vemos como un conocido etarra, recién salido de la cárcel es recibido, como un “hombre de paz” en los foros europeos, donde suelta su “doctrina” sin condenar la violencia separatista, y pidiendo el voto para su pronto ascenso al poder mediante las urnas.

Mientras, los palmeros que le acompañan, lo jalean, lo vitorean, y justifican sus acciones pasadas, como unos pecadillos de juventud, tal como ha hecho otro obispo con una concejala que apareció desnuda de cintura para arriba en una capilla universitaria.

3.- Siempre están algunos obispos por medio, cuando deberían estar predicando sobre la paz que Jesús nos da hoy a todos los católicos, a quienes nos recomienda que no hagamos caso de la paz mundana, ya que carece de verdad y de libertad.

¿Realmente es libre nuestra sociedad, cuando estábamos viviendo en una violencia permanente, cuando en algunos lugares de España los niños no pueden ser educados en la lengua materna que es el español, o no se pueden celebrar corridas de toros, porque unos políticos se asustan ante unos animalistas que los corean y amenazan?

En la España de hoy no existe libertad, por no existe la verdad, y porque no hay paz. Solamente basta con mirar el alto índice de criminalidad, de robo y de corrupción existente en el suelo patrio. Cuando un pueblo no es libre, por puede ser verdadero, ni vivir en paz.

La paz que el Señor nos da hoy es la serenidad, es la tranquilidad, es la seguridad, es la norma de conducta de quien no teme a nada ni  a nadie, porque tiene su conciencia tranquila, porque su alma está limpia de pecado, y su corazón no es de piedra, sino de carne, abierto a amar a Dios y a los hermanos sin excepción.

Quien vive la paz del evangelio no está enfrentado con nadie, sino solamente con el pecado para huir de él y vivir, así, en la Gracia de Dios. Claro que para vivir la paz del evangelio se debe vivir en la Verdad, con mayúscula, que es Cristo el Señor, porque solamente la Verdad nos hará verdaderamente libres y pacíficos.

Quinto Domingo de Pascua

Por D. Tomás de Latorre Lendínez

Nos encontramos hoy al Señor dejando el único mandamiento nuevo que nos legó: El amor a Dios y el amor a los hermanos. Es decir, debemos amar a Dios sobre todas las cosas y a los hermanos como nosotros mismos. Este amor hemos de cumplirlo sin que la mano derecha sepa lo que hace la izquierda.

¿Debemos dar espectáculos con palmeros cuando amamos a Dios y a los hermanos?

1.- Todos los que dicen amar más que nadie a los hermanos más pobres y necesitados y llevan a su lado focos de fotografía o cámaras de televisión son unos vendedores de humo, unos hipócritas redomados y unos fariseos más embusteros que la imagen que les encantan estar abriendo telediarios, para que los espectadores les digan: ¡Qué buenos son¡.

De buenos nada de nada,  son protagonistas de escenas de mercadotecnia, pero nada más. Además, siempre buscan estar en la vanguardia de las desgracias que ocurren en el mundo, a “donde llegan para hacerse la foto o el vídeo, se exhiben como  los “buenos”, pero no se manchan las manos ni quitando una piedra ni nada que le pueda manchar los zapatos.

Estos personajes son artistas de teatro barato, pero nada más.

2.- Lo que hacen estas gentes tan “buenas” no es lo que desea el Señor cuando nos invita a amarlo a Él y a nuestros hermanos. Siempre nos dijo que nadie nos encontrara haciendo el bien a los demás. Lo expresó con el dicho de que la mano  derecha no sepa lo que hace la izquierda, porque el triunfalismo está muy alejado de lo que los católicos debemos hacer, quienes debemos morir como el grano de trigo para poder dar fruto, nunca deseando las palmas y los vítores, sino la sencillez y la humildad para que nuestras buenas obras solamente las vea Dios nuestro Padre que es quien nos lo pagará.

Los amantes del triunfalismo se les nota cómo preparan sus espectáculos: se visten con ropas raídas, se ponen sus zapatos más viejos, llevan la corbata desanudada, no se afeitan en varios días…llegan hasta el lugar de la tragedia ocurrida, los tratan a cuerpo de rey, se echan las fotos y los vídeos, siempre en horas de máxima audiencia televisiva, y dejan constancia que han estado allí. Es puro altruismo.

Estos personajes no ejercen la caridad, son ejecutivos del altruismo.

3.- El altruismo es decir a los demás lo que deben hacer, pero ellos no hacen lo que dicen. Tampoco lo hacen siguiendo el mandamiento del Señor de amarle a Él y a  los hermanos. Al contrario, tienen montada una empresa de altruismo, como una organización no gubernamental, que, además, recibe premios nacionales provistos de pasta monetaria.

En la empresa de altruismo están colocadas las personas familiares y amiguetes de los vendedores de imágenes más falsas que las palabras de los políticos en campaña electoral. Tienen la suerte de disponer de despachos de alto coste, con máquinas de última generación, y con el mejor modo de estar siempre en el sitio más pobre para recoger las imágenes que les siga dando la dosis de altruismo para engañar a los pobres tontos, que creen que son perfectos.

La caridad es el extremo de amor a Dios y a los hermanos. El altruismo es anular la caridad.

Cuarto Domingo de Pascua

Por D. Tomás de la Torre Lendínez

Estamos en el domingo del Buen Pastor, cuando el Señor dice  que él es el único pastor de todo su rebaño, que somos todos los que hemos sido bautizados en el interior de la Santa Madre Iglesia Católica.  El Buen Pastor dice que conoce a todas sus ovejas, por las cuales da la vida, y ellas oyen su Palabra de vida eterna.

Es cierto, el Señor es el buen pastor de todos los católicos. La pregunta que nos hacemos hoy es muy importante: ¿Somos ovejas sanas y buenas, o lobos disfrazados de ovejas?

1.- Un viejo compañero de la Universidad, en una asamblea de facultad, gritó contra los católicos allí presentes: Vamos a votar a mano alzada, pero ¿los borregos católicos tendrán la libertad de decidir libremente sobre el asunto?. Hubo un coro de murmullos. Levanté mi mano y le planté lo siguiente:

“Los católicos no somos borregos, llevados sin libertad por los senderos que les parezca a un comité central del partido, como ocurre a otros aquí presentes que solamente obedecen consignas nacidas en el soviet concreto.”

El abucheo que me llevé de gritos, se mezcló con las palmas de los católicos presentes. Los católicos somos ovejas del rebaño nunca marionetas sin libertad.

2.- Los católicos usamos la humildad, la sencillez y la docilidad de las ovejas, contra los lobos, a los cuales dejamos que nos peguen en una mejilla y le ponemos la otra, tal como nos lo dijo el Maestro. Por eso, llevados de nuestra sencillez, a veces, más de las que parece, nos encontramos con ovejas vestidas de lana blanca o merina, pero son lobos disfrazados.

Estos disfraces le lleva a cometer persecuciones a los católicos a coste cero, porque estos lobos de carnaval saben que los cristianos no respondemos con violencia a la violencia exterior, sino que nos asemejamos a nuestro Maestro, quien llevó su Cruz sin rechistar, y sin maldecir a sus esbirros.

3.- La religión más perseguida en toda la historia humana es la Religión Católica. Desde Herodes y Nerón hasta hoy mismo han sido muchos y seguirán siéndolo otros, quienes nos tomen entre sus manos violentas y nos podrán ante los leones del circo, ante un piquete de fusilamiento al amanecer, o nos degollarán como está ocurriendo por las tierras dominadas hoy por el mal llamado ejército del estado islámico. Estamos muy orgullosos de disponer en la Religión Católica  un catálogo de mártires que han derramado su sangre por defender a Cristo y su doctrina. Algunos están subidos a los altares por la propia Iglesia Católica. Otros yacen en el recuerdo de sus familiares y amigos.

Seguramente, hoy, no solamente debemos acordarnos de los testigos que dieron su sangre en ofrenda a Cristo, sino también,  a los millones de hombres y mujeres que dan su vida todos los días en su trabajo cuando lo tienen; en su casa familiar educando unos hijos dentro del marco de valores del evangelio de Cristo; en su comunidad de vecinos del bloque de pisos, en la calle donde residen, procurando no esconder su pertenencia al rebaño de Cristo como ovejas del único Pastor.

En estos tiempos, amigos, es cuando más hemos de mostrar nuestra esencia católica dentro del marco de la libertad de los hijos de Dios, porque así demostramos ser personas libres siguiendo a quien nos dijo que la verdad solamente nos hará verdaderamente libres.

Tercer Domingo de Pascua

Por D. Tomás de la Torre Lendínez

De nuevo Jesús resucitado se aparece a los discípulos. Ahora elige un lugar singular: el lago de Galilea, en cuyas orillas tiene lugar muchas escenas del evangelio. Tras una noche entera de pretender pescar no encuentran ni una mala raspa. Jesús desde la orilla les habla y les señala que echen la red por la derecha. La infinidad de peces es inmensa. Avisan a Pedro que era el Señor quien estaba en la orilla. El primer papa se tira al agua y encuentra que es Jesús resucitado que ha preparado una lumbre  para asar parte del pescado recogido.

¿Qué nos señala a nosotros esta estampa tan evangélica?

1.- En primer lugar, encontramos en la vida lo difícil que es empezar a abrirse paso en el mundo empresarial. Por ejemplo, Cadena Ibérica tiene pocos meses de vida en el amplio campo de ofertas radiofónicas existentes en Madrid. Pescar oyentes es duro, difícil y trabajoso. Sin embargo, cuando se confía en Dios y en su ayuda la llegada de oyentes a esta sintonía está siendo constante, porque los directivos apuestan y lo hacen es servir a una audiencia con sentido católico plural, sabiendo lo huérfano que está ese sector del público. Porque los medios en manos de la Iglesia Católica están perdidos entre no ver, no saber,  y sí desear recibir de la asignación tributaria, para luego mal invertir perdiendo a los oyentes católicos.

Mejor es ser pobre, pero católico, que adinerado pero perder la identidad cristiana.

 2.- Jesús hoy se convierte en un maestro de cocina, enciende el fuego, cuando antes ha realizado el milagro de la pesca abundante. Como buen conocedor de la naturaleza humana, el Señor invita a comer pescado, de esta manera está aceptando todos los alimentos, considerándolos aptos para el hombre. Nunca en la Religión Católica existe un alimento prohibido como existe en otras ofertas religiosas existentes en el libre mercado de hoy.

Nosotros comemos lo que podemos pagar, antes que tomar algo prohibido a escondidas.

3.- Al Señor le gusta compartir la mesa con sus amigos. Lo hizo en la Última Cena. Ahora lo hace igual cuando ha resucitado entre los muertos. Jesús nos enseña que juntarse la comunidad cristiana en la Misa de cada domingo no es perder el tiempo. Todo lo contrario, es para compartir la lectura de la Palabra de Dios, la Semilla de la Palabra de Dios, a fin de que fructifique en nuestros corazones; y podamos pasar a compartir el mismo Cuerpo y Sangre de Cristo, como  alimento único de nuestra alma, y de nuestra virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad.

Mucha gente deja de ir a Misa dominical, diciendo que se aburre, se cansa, es un rollo patatero. Uno de los motivos esenciales de no estar a gusto en el banquete de la Eucaristía es porque a muchos les falta fe para creer sin ver, nada más que aceptando, desde la pura fe en Dios, que el pan que vemos no es pan, sino el Cuerpo de Cristo; y el vino no es vino, sino la Sangre de Cristo redamada por el Señor para nuestra salvación.

Este domingo es una fecha clave para rogar al Señor el aumento de la fe en Él, porque siempre su Palabra nos ayuda a comer el alimento material, por ejemplo, el pescado. Y llevados por la fe, acudimos a la Misa para satisfacer el hambre de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo, para redondear una semana católica sin quedarnos con hambre que nos puede conducir a la debilidad de nuestra fortaleza católica.

II Domingo de Pascua de Resurrección

Por D. Tomás de la Torre Lendínez

Era necesario que todo ocurriera para que se cumplieran las Sagradas Escrituras. Jesús había resucitado de entre los muertos y comenzó a presentarse ante sus amigos, los apóstoles, a quienes, les comenzó a infundir el Espíritu Santo para que perdonaran los pecados. De esta forma se instituye el sacramento de la Penitencia, y a los apóstoles les da la potestad de perdonar  los pecados en el mismo nombre del Señor.

Sin embargo, como siempre, existe una excepción. Los once no estaban juntos. Faltaba uno de nombre Tomás, quien cuando le cuentan la aparición del Señor, se las da de incrédulo y pide pruebas para creer lo que le han dicho sus compañeros.

¿Es esto hoy habitual en la presente sociedad?

1.- Claro que sí. He tenido alumnos de Religión en el instituto. Eran gente muy aplicada en todas las materias incluida la Religión. Eran miembros de familias cristianas comprometidas. Eran buenos amigos míos. Cuando terminaron el bachillerato, fueron a la universidad, de donde volvieron el primer año dudando de todo el pensamiento cristiano adquirido antes de irse de la casa familiar.

¿Es mala la duda sobre asuntos referentes a la Religión Católica?

No es mala la duda. Es conveniente racionalmente, porque sólo quien afianza su pensamiento o creencia religiosa con la ayuda de la razón será un cristiano fuerte, a quien nadie podrá embestir, ni seguirá la última llamada del agnosticismo o del ateísmo.

2.- Por el contrario, si se permanece en la duda haciéndola un gran bache mental, donde cabe, por ejemplo el coqueteo con otras religiones orientales, entonces, ha llegado a esa persona el principio sin fin de su caída en la incredulidad que es la puerta o antesala inmediata de un proceso hacia el agnosticismo o ateísmo.

Estas dos últimas posiciones mentales personales son muy cómodas, porque es mejor vivir al margen de las exigencias de la fe y dela moral de nuestra Religión Católica, que estar entregado a cumplir la voluntad de Dios escrita en los Mandamientos de la Ley de Dios.

3.- ¿Qué hizo Tomás el  incrédulo de pacotilla?.

Sencillamente se rindió como un enamorado ante su dama. Delante de Cristo resucitado y sus pruebas para creer: el costado de la lanza, los orificios de las manos y los pies atravesados por los clavos de la Cruz. Entonces Tomás dijo la famosa frase:

¡Señor mío, y Dios mío¡. A la que Jesús respondió con la gran sentencia: Dichosos los creen sin haber visto. Entre ellos estamos todos los cristianos que no tuvimos la ocasión de conocer a Cristo en persona. Nosotros creemos sin pruebas. Las tenemos solamente escritas en el evangelio, firmado por sus autores, testigos de los hechos que en ellos se narran.

Bienaventurados nos llama el Señor a todos nosotros, a los bautizados en la Iglesia Católica, porque creemos sin haber visto cara a cara a Jesús. Por eso, todos los que tenemos la dicha de tener fe en Dios, debemos sentirnos alegres, contentos, vivos para comunicar el don de la fe a quienes la pierden, a los que se adormilan, a los que la abandonan motivados por la comodidad y la falta de exigencia. Esto solamente lo podemos hacer siendo testigos permanentes de Cristo resucitado.

Tomás de la Torre Lendínez

Ensayo

Novela

Jueves Santo

Por D. Tomás de la Torre Lendínez.

Según ha publicado el Centro de Investigaciones Sociológicas el pasado lunes, los católicos españoles somos el setenta por ciento de la población española. De todo ese número solamente acudimos al templo un veintiséis por ciento, cantidad que me parece excesiva o generosa con la Iglesia Católica. Dejemos los números para los sociólogos y matemáticos.

La realidad es que hoy es Jueves Santo, fecha clave para la vida de cualquier cristiano, que se precie. ¿Qué celebramos en este día?. Varios aspectos que son los siguientes:

1.- Hoy es el día en que Jesús, reunido en el Cenáculo con sus apóstoles, los 12, tomó pan, lo bendijo, y diciendo las palabras: “Tomad y comed todos de Él porque es mi Cuerpo”. Se lo fue pasando a cada uno, incluido Judas que estaba presente.

Luego, tomando la copa, llena de vino, dijo: Tomad y bebed todos de Él porque esta es mi Sangre que será derramada por la salvación de todos”. Fue pasando la copa y todos bebieron incluido el mismo Judas Iscariote.

2.- Antes de esta Última Cena, Jesús había tomado una fuente con agua y había lavado los pies a todos los 12 amigos suyos, pues a partir de ese día le llamaría siempre amigos. Cuando llegó a Pedro, se opuso a que el Hijo de Dios le hiciera aquella escena. El Señor le recriminó una vez más, y Pedro honrado como era aceptó la rectificación para que se cumpliera la voluntad de Dios.

3.- En la Misa de la Cena del Señor de hoy, en todos los templos católicos, celebramos la institución del sacramento de la Eucaristía, y la creación y ordenación de los 12 apóstoles como los primeros obispos de la Iglesia naciente. Dos sacramentos claves en la vida de los cristianos: la Eucaristía, el comer el Cuerpo y la Sangre de Cristo como alimento de nuestra alma y como apoyo para el caminar por el valle de lágrimas que atravesamos. A la vez Cristo fundó el sacramento del Orden Sacerdotal, para que siempre, hasta hoy mismo, hiciéramos la Eucaristía como memorial de su Pasión, Muerto y  Resurrección.

Por lo tanto, el Jueves Santo es para que asistamos a la celebración de la Última Cena, pero a la vez nos demos cuenta que Cristo se quedó en el Sagrario perpetuamente entre nosotros.

Se nos exige que tratemos la Eucaristía con el respeto que supone que es el mismo Cristo. Por consecuencia, hoy es una fecha óptima para que roguemos al Señor que desaparezcan las actuales profanaciones eucarísticas que tanto se prodigan con motivo de robar en el interior de una iglesia, o en manos de los desquiciados enemigos de la Iglesia, que sospechan que profanando un templo, o la Eucaristía, son unos valientes y unos pedazos de machotes, cuando solamente pasan a engrosar la larga lista de depravados profanadores del Cuerpo del Señor.

Uno de ellos, Judas Iscariote comulgó, se fue de la Última Cena, entregó al Maestro y tanto le ardían las monedas en las manos, que cogiendo un olivo cercano se ahorcó. Triste final de todos los profanadores de la Eucaristía.

Viernes Santo

Por D. Tomás de la Torre Lendínez

Conocí a un matrimonio mayor, unidos durante más de cincuenta años, casados por la Iglesia Católica, quienes cada Viernes Santo, ayunaban. Solamente tomaban pan duro y agua. Se marchaban a pasar toda esta jornada a las afueras de su ciudad, donde se alza una colina sobre la que existe una pequeña ermita conocida como el Calvario.  Desde aquella altura se divisa el cementerio católico. Rezaban por los difuntos y por los vivos. Se unían con la Pasión de Cristo que es el centro de la fecha de hoy.

En la acción litúrgica de hoy, la Iglesia celebra la Pasión y la Muerte del Señor. Hoy es el único día en que no se consagra el Cuerpo de Cristo en todo el año. Solamente se lee la Pasión según San Juan, que es sin lugar a dudas la más sobrecogedora de todo el evangelio.

¿Qué consecuencias sacamos para nuestra vida en esta fecha?

1.- No huyamos de la pasión, del dolor, del padecimiento, del desprecio de los demás. Jesús sufrió todos los malos tragos de la Pasión sin rechistar. Fue llevado como cordero inocente hasta el matadero, nos dice el profeta Isaías. Se colocó todos los pecados de la humanidad entera en sus espaldas sangrientas, lo coronaron de espinas, lo escupieron, lo azotaron, lo abofetearon, se mofaron de Él, y no dimitió del cumplimiento de la voluntad del Padre.

Las personas de hoy despreciamos el dolor, porque nos gusta que todo nos salga bien; cuando vemos la cara amarga de la vida salimos huyendo, y nos peleamos en esa huida hasta con nosotros mismos y con el Señor.

2.- Muchos, sin fe, echan la culpa de sus males o  enfermedades a la crueldad de Dios con la humanidad. ¡Qué equivocados van por la vida con esos pensamientos¡. El mismo Cristo tomando la Cruz sobre su espalda no tuvo una mala palabra, ni una mala acción contra nadie. Todo lo contrario, cuando se caía ante el peso del madero y recibía latigazos siempre ponía buena cara dentro de los males que sufría. Así lo dejó estampado en el pañuelo que le colocó la Verónica sobre su cara llena de sangre.

Llegado el momento, llamaron a uno que le ayudara a llevar la Cruz. Será conocido como el Cirineo. ¿Somos nosotros cirineos de los sufrientes en nuestra casa o en el hospital?. ¿Abrimos los ojos a quienes acusan a Dios y se rebelan contra Él como el culpable de los sufrimientos humanos?.

Más vale ser cirineo, que morir ahogado de rebelión contra Dios.

3.- Cristo está clavado en la Cruz y a la vez está perdonando a todos los autores de su drama, porque no saben lo que hacen. Perdona al buen ladrón, al centurión, y al resto que gentuza que incluso se echan a suerte su túnica, cosida por su Madre María que estaba al pie de la Cruz, junto a San Juan y las santas mujeres.

Desde la Cruz, los cristianos tenemos a María como Madre nuestra. Fue el mejor regalo que nos hizo el Señor a todos los seguidores suyos, que después hemos llegado. ¡Qué triste es la vida de los que no aceptan a la Virgen como Madre¡.

Mejor es ser un cristiano mariano, que un tristón seguidor de doctrinas contrarias a María.

Domingo de Resurrección

Por D. Tomás de la Torre Lendínez

Cuando llega el tercer día, según lo había prometido, el Señor resucitó de entre los muertos para nunca más morir. Hoy es el día de la alegría. No la alegría que reporta una borrachera, una dosis de droga blanda o dura, una aventura amorosa a escondidas de la esposa legítima…Estos hatajos solamente conceden infelicidad, angustia, dolores físicos y psíquicos, entradas y salidas a una depresión que puede conducir al suicidio como el último premio.

La alegría de la Pascua de Resurrección no es postiza. Nace del corazón de carne, lleno de la Gracia de Dios, puesto en paz con uno mismo, con los hermanos y con el Señor. La alegría del cristiano no es de un rato, o unas horas. Es para toda la vida. Es para siempre jamás.

¿Qué supone esta alegría para nosotros?

1.- Vivir con alegría dentro del dolor; saber compartir alegremente lo poco que tengamos para vivir; entregar nuestra vida por los más pobres y necesitados de la sociedad; donar nuestro tiempo, por ejemplo, a Cáritas, que es el brazo solidario de la Iglesia Católica, porque no existe mayor alegría que dar todo a cambio de no recibir nada.

Esta es la alegría católica. Cuando alguien propone otra solución está engañando.

2.- La alegría cristiana nos acompaña toda la vida. Por eso, cuando entras en un hospital y ves al enfermo sonreír dentro de su dolor ves a un cristiano verdadero, sincero, leal, amigo de Dios y de los hermanos sufrientes como él mismo.

¿Por qué, quien no tiene una cruz interna que solamente conoce quien la posee?

Saber llevar la Cruz por la calle de la Amargura, nos conduce a morir en esa Cruz para resucitar en el último día cuando el Señor venga a juzgar a vivos y muertos.

No nos reencarnamos en perros, gatos, vacas…cuando morimos lo hacemos para recibir el pago a nuestras buenas obras en el Juicio final cuando pasemos ante el tribunal del Señor.

3.- Ese Juicio, no es para vivamos asustados, amedrentados, tristones, ni mucho menos, es para que estudiemos la única asignatura que nos dejó el Señor. Su único mandato:

“Amaos, unos a otros, como yo os he amado”

Según San Juan de la Cruz en el final de la tarde seremos examinados en el Amor por el Amor. Por eso nuestra asignatura permanente es la caridad para Dios y los hermanos. Debemos sacar buena nota en los diversos exámenes, u ocasiones, que se presentan a lo largo de nuestra vida. Son los exámenes o evaluaciones parciales. Consiguiendo una buena nota media, cuando llegue el examen final podremos aprobar, por lo menos, con un pequeño esfuerzo.

El pago de la buena nota será estar con el Señor por toda la eternidad en el Reino de los Cielos. Donde la alegría ya sí que es perpetúa y definitiva. Esa alegría de sabernos hijos de Dios salvados por la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.

Feliz Pascua de Resurrección para todos los oyentes.