Conmemoramos hoy, 2 de mayo, el levantamiento frente al enemigo exterior, Francia, de un pueblo, el de Madrid, que en 1808  sirvió como chispa para el posterior levantamiento nacional conocido como  Guerra de Independencia.

Conmemoramos el levantamiento de un pueblo frente a la traición de un gobierno, el de Manuel Godoy. Hoy como ayer, España depende única y exclusivamente de sí misma. Hoy como ayer, somos los españoles los que tenemos que pelear para evitar nuestra desaparición como nación. Los hechos acaecidos hace 210 años son una muestra de lo que un puñado de españoles, apenas armados, puede hacer cuando descubren una unidad de destino en lo universal. Ni Napoleón, ni el mejor y más moderno Ejército del mundo, puede contener a los hombres que, como manada de lobos, defiende la tierra que Dios les dio en suerte. Recordamos a héroes como los capitanes Daoiz y Velarde, al alcalde de Móstoles -D. Andrés Torrejón-, o a una sencilla costurera de 16 años como Manuela Malasaña. Recordémoslo antes de que la gentuza antiespañola que hoy gobierna Madrid, Zaragoza o Barcelona, decida quitarles las calles por fascistas o casposos.

El 2 de mayo de 1808 es una fecha para recordar, para conmemorar, para que nos sirva de inspiración en la lucha frente al enemigo de allí y al  traidor de aquí. Tengamos siempre muy presente como pueblo que somos, que ellos, los poderosos, los de la alta política, los del IBEX no necesitan tener patria. Nosotros, sí.

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