Hoy muchas personas celebran su santo. Es la fiesta del nacimiento de Juan Bautista. Otros, perdidos entre las negruras del humo de las hogueras y el culto al sol, están perdiendo el tiempo de forma soberana.

Los católicos aprendemos de las lecturas de este domingo las siguientes sugerencias:

1.- El profeta Isaías cuenta su propia vocación por parte de Dios, quien lo escogió desde el vientre materno para ser su voz y su anunciador por todos los confines de la tierra israelita.

El profeta reconoce su debilidad, su flaqueza, su humildad, pero sabe que con la ayuda de Dios podrá afrontar los retos que se le presenten a lo largo de su misión profética.

Toda la lectura es una anticipación de lo que más tarde, en el futuro, será la llamada de Dios a Juan Bautista para ser el precursor, el vocero, del Mesías prometido desde la eternidad de los tiempos de la historia de salvación.

Esta es la fiesta que hoy celebramos en toda la Iglesia del Señor.

2.- La lectura de los Hechos de los Apóstoles nos recuerda el momento en que san Pablo narra el gran misterio de la elección del Bautista, la misión que Dios le encomienda, y cómo destaca la humildad de San Juan al reconocer que él no era el Mesías, sino su simple anunciador.

¡Que contraste con los actuales portavoces humanos¡

Cuando le dan el carguillo se le sube el humo a la cabeza y hablan más y mal de sus representados, a quienes envidian por razones económicas, esencialmente, aunque influyan razones políticas u oscuras rayando en acciones punitivas.

3.- Cuando en Israel, actualmente, se visita el pueblo donde nació Juan Bautista, se contempla una serie de cuadros donde están representados los hitos esenciales de la vida del precursor.

En el momento en que lo presentan en el templo desean ponerle el nombre de su padre, Zacarías, quien estaba mudo desde la hora en que le anunció el ángel que sería padre, a pesar de su vejez con su esposa Isabel, cuando dudó ante el aviso de Dios.

Ahora toma una tablilla y escribe: Su nombre será Juan.

Desde aquel momento puede hablar y contar lo que tuvo que callar por incrédulo.

Juan será quien administre el bautismo a Jesús. Juan será quien no se siente digno de desatarle sus sandalias. Juan dará la vida por ser fiel a Dios, cuando estando en la cárcel sufrió el martirio de ser degollado para entregarle la cabeza a una niñaca caprichosa que se lo pide a Herodes.

¡Cuántos Juanes Bautistas necesita hoy la Iglesia y el mundo que vivimos¡

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