Feligreses, vecinos y amigos me preguntan por los motivos del silencio eclesial con respecto a la exhumación de Franco de su tumba.

Siempre afirmo que no estoy entre esa tropa de callados por miedo, u otros motivos desconocidos.

Estoy donde siempre he permanecido: en la defensa de la misión salvadora que Franco hizo a la Iglesia y a España, entregando la enseñanza a las comunidades religiosas, devolviendo los bienes incautados por las fuerzas republicanas, y ayudado a levantar templos quemados por los laicistas del bando de color rojo durante la etapa republicana y la guerra civil.

No estoy con los mudos. Los respeto, pero no comparto sus miedos y tibiezas. Rezo por todos para que este tiempo de incertidumbre pase pronto y veamos amanecer un horizonte de paz a partir del 11 de noviembre.

Tomás de la Torre Lendínez

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