El sortilegio de haber profanado una basílica y la tumba de Francisco Franco trae consecuencias imparables e ineludibles.

La avalancha de nacionales y extranjeros ha llenado la Hospedería que dispone el conjunto del Valle de los Caídos. Hoy está a tope en toda su capacidad.

Recuerdo hace una veintena de años, cuando todos trataban de olvidar su pasado militante franquista, fui llamado por un grupo de amigos a dirigir un retiro de fin de semana en la Hospedería.

Éramos los único en todo el inmenso edificio. El grupo constaba de catorce personas, incluido un servidor. Dialogué con el hermano portero quien afirmó que aquello terminaría por caerse, ya que no aparecían ni las águilas. Porque las de piedra ya estaban allí.

Ahora, la tortilla ha dado la vuelta y la gente acude en masa, aprovechando estos días de puente festivo.

Y es que no hay nada más favorable que prohibir una acción, para que se repita infinitamente.

Tomás de la Torre Lendínez

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