Uno de los dogmas intocables de la religión laicista que nos rodea es el cambio climático. Nadie puede poner en duda ninguna de sus afirmaciones que sobrepasan toda la ciencia sensata. El congreso sobre el clima en Madrid va a ser un cuento más, un teatro público pretendiendo hacer a los seres humanos responsables de males apocalípticos. De todo este momio más del setenta por ciento de la hostelería comerá durante unos días. No hay mal que por bien no venga.

Mientras, los países pobres serán más y tendrán que alimentarse con las últimas migajas que se caen de las mesas de los restaurantes madrileños.

Está Madrid lleno de caraduras, comilones, cuentistas y profetas de calamidades, que estarían mejor en sus países que viniendo a engañar y meter miedo al resto de la humanidad.

Pero la nueva religión lo exige, así que a cumplir y mentir.

Tomás de la Torre Lendínez

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