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Vivimos unos días de odio verbal hacia el pueblo español, nacido desde la postura racista y xenófoba de un palurdo con la boina calada hasta las orejas, que no sabe que con esa postura está muy alejado del sentir de la fiesta de hoy Pascua de Pentecostés.

Vivimos unos días de odio verbal hacia el pueblo español, nacido desde la postura racista y xenófoba de un palurdo con la boina calada hasta las orejas, que no sabe que con esa postura está muy alejado del sentir de la fiesta de hoy Pascua de Pentecostés.

Las lecturas de esta fecha de la Pascua de Pentecostés nos emiten los siguientes mensajes:

1.- En la ciudad de Jerusalén, están los apóstoles reunidos, reciben el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego, que los transforma, los anima, los ilusiona, los envalentona, y entre otros dones, alcanzan el don de lenguas.

Aquel día había en la ciudad santa muchos forasteros y extranjeros de diversos países y lugares. Cuando los discípulos salen transformados por la acción del Espíritu Santo se ponen hablar en la lengua misma de las gentes congregadas en las calles y plazas de Jerusalén.

Todos entienden la doctrina que sale de la boca de los amigos de Jesús. Es como si alguien hiciera una traducción simultánea en los varios idiomas, que cada uno de los presentes hablaban.

Desde aquel momento la Iglesia Católica echa a andar en mitad de la variedad de hombres, mujeres, niños de diversos países y razas.

Ya nunca se puede admitir la unilateralidad a la hora de ver y tratar a las personas. La xenofobia, el racismo y todo odio al vecino han sido abolidos.

En el noreste de España han pasado dos milenios, y aún no se han enterado.

2.- San Pablo, en la segunda lectura, vuelve a remachar el sentido de la salvación universal de Cristo a todas las clases de personas, vivan donde sea, tenga el color que sea, y hablen el idioma que sea.

La unidad es Cristo, cabeza del Cuerpo Místico, que es la Iglesia, donde a nadie se le pide ni se le mide su capacidad craneal, para recibir el bautismo del Señor para formar parte de la familia de los hijos de Dios.

Por esto la Iglesia implantada en el noreste de España debe plantearse si dar carta de naturaleza a un tipo y un grupo de gentes que odian a los demás, por ser animales, bestias, y no tener nombres y apellidos extraídos de los doscientos elegidos por el azar para vivir en esa tierra.

3.- En el evangelio de hoy el Señor se encuentra con los discípulos y le concede el Espíritu Santo como abogado y fuerza para abra sus mentes a perdonar a todos los pecados de cada uno.

De esta forma se consigue que el sacramento de la Penitencia sea el instrumento mediante el cual se perdonen los pecados personales y los pecados sociales.

Un gran pecado social es que una minoría de seleccionados por la casualidad miren, impongan, odien, escupan, expulsen… al resto de la gente de la convivencia en un rincón de España, tan español como cualquier otro lugar de esta península que juntaron hace más de cinco siglos unos reyes llamados Católicos, es decir, universales, totales, tal como el Espíritu Santo deseó a los discípulos de Jesús para que fueran hasta el último rincón de la tierra a sembrar el evangelio.

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