Llegamos al último domingo de agosto. A partir del mañana lunes las vacaciones tocan a su fin, las familias vuelven a sus hogares, los niños y jóvenes a los centros de estudios, y la vida real y oficial toma su pulso habitual, aunque el curso que se abre promete ser duro, agitado y muy electoral, tanto al inicio, como en el centro y al final. Dios quiera que todo vaya bien para España y todos los que la amamos y vivimos en ella.

La Palabra de Dios de este domingo nos remite los siguientes mensajes:

1.- En la primera lectura se mantiene un pulso entre Josué y los líderes del pueblo, a quienes les somete a un determinación:

O adorar los viejos ídolos de los antepasados, o seguir creyendo en Dios.

Ganan los que deciden seguir adorando a Dios, verdadero y único artífice de la salida de Egipto, la travesía por el desierto del Sinaí, y la llegada a la conquista de la Tierra Prometida.

Todos responden: Nosotros serviremos solamente al Señor.

En la sociedad actual no existe la unanimidad que muestra el pueblo de Israel. Hoy desde ateos, agnósticos, mediopensionistas y otras opciones religiosas, resulta que el pluralismo es tal que favorece, lógicamente, la abstención religiosa o el abandonismo del seguimiento a Dios.

Mal presente y futuro tiene una sociedad sin referencia religiosa clara y contundente.

2.- San Pablo a los efesios les escribe afirmando que los hombres amen a sus esposas, respetándolas y haciéndolas felices en el hogar y en la educación de los hijos.

Esta unión matrimonial  la refiere a la mística de Cristo con su Iglesia, de modo que es una misteriosa manera de comprender el sacramento del matrimonio, tan olvidado en los momentos actuales de nuestra sociedad, donde solamente menos del cuarenta por ciento contrae matrimonio dentro de la Iglesia Católica.

¿Qué hace el resto de parejas?. Eso solamente lo saben sus propios protagonistas.  Quien desea casarse por la Iglesia, gracias a Dios los hace con plena libertad, sin ataduras sociales ni familiares.

3.- En el evangelio de hoy la gente ante la crudeza de Jesús al hablar sobre el sacramento de la Eucaristía, lo critican y lo abandonan. De forma que el mismo Señor les pregunta a sus discípulos si también lo piensan abandonar.

Es San Pedro, quien abiertamente afirma: Señor, nosotros sabemos que tu eres el Mesías, a donde vamos a ir si solamente tú tienes palabras de vida eterna.

Es cierto. Solamente Cristo es el conductor de nuestras vidas. La plena felicidad solamente está en seguirle a Él. Los demás atractivos humanos no sirven nada más que para vivir engañados.

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