La lepra siempre ha sido considerada una enfermedad maldita en las antiguas culturas del Oriente Medio. Tanto que los pacientes de esta dolencia eran expulsados a vivir fuera en cuevas o chamizos hechos de cuatro ramas viejas.

Hoy, en la sociedad actual, muchas personas no son echadas fuera de la convivencia, pero sufren marginaciones interiores por pensar de diferente manera, o por pretender disponer un lugar al sol de la  convivencia pacífica con todos.

La Palabra de Dios de este domingo nos trae las siguientes enseñanzas:

1.- En la primera lectura encontramos cómo el sirio Naamán tras bañarse en el río Jordán obtiene la salud quitándose  la lepra que padecía. Es el profeta Eliseo quien le recomienda ese baño, a quien el curado pretende hacerle un gran regalo, a lo que se niega recibirlo.

Y se lo da a su ayudante. Esta situación la encontramos varias veces los sacerdotes, a lo largo de nuestra vida, de gentes agradecidas, que se consideran con la obligación de hacer algún don o regalo por haber recibido alguna gracia espiritual o moral.

En todos los casos la negativa agradecida es la mejor manera de quedar educadamente en buena armonía con toda clase de personas.

2.- En la segunda lectura san Pablo escribe la carta a Timoteo estando en la cárcel con sus cadenas colocadas. Invita a Timoteo a permanecer fiel siempre a la doctrina de Cristo, muerto y resucitado para nuestra salvación, haciéndole ver que solamente la perseverancia en la doctrina es la garantía de la verdadera libertad de los hijos de Dios.

San Pablo confiesa que aguanta la cárcel para la salvación de sus amigos que son todos los hijos de Dios, que él ha ido haciendo a lo largo de su vida apostólica.

Existen cárceles hoy en la actual sociedad que son morales, y sirven para valorar la libertad que perdemos cuando nos apartamos del buen y recto Camino que es Cristo el Señor.

3.- La virtud del agradecimiento a Dios se ha perdido. Hoy los cristianos piden y piden que Dios les haga milagros y buenas acciones, pero, una vez obtenidas, ellos van a su bola olvidándose de una palabra que pocos usamos: Gracias a Dios.

Solamente vuelve un leproso a dar gloria y gracias al Señor por la curación, los otros nueve se olvidan de Jesús que les ha convertido en personas normales aceptadas en una sociedad completamente hostil  para ellos.

Un momento para dar gracias a Dios por los dones recibidos es la Eucaristía dominical. No dejemos pasar la ocasión en este domingo en mitad de octubre, cuando hemos retomado el curso, que ojalá sea fructífero para todos.

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