Vivimos unos tiempos donde poca gente cumple las leyes. Vemos  que los políticos plagian obras, mienten, se expían, se odian, son resentidos y vengativos. Cuando esos pésimos ejemplos salen en los medios de comunicación, el público dice: Si éstos lo hacen y no les pasa nada, igual  lo puedo hacer yo y no me pasará nada. Pobres ilusos súbditos.

La Palabra de Dios dominical  nos trae tres invitaciones muy importantes:

1.- Moisés les ruega a los habitantes del pueblo de Israel que sean fieles cumplidores de los mandamientos de la Ley de Dios, que él había recibido de  las manos divinas esculpidos en piedra en la cima del monte Sinaí.

Les resume todos los mandamientos en dos esenciales: Amar a Dios y amar a los hermanos.

En esto consiste toda la Ley y los Profetas. Hoy se lleva amarse solamente a uno mismo, como los narcisistas, los egoístas, los pretenciosos, los creídos de sí mismo, los encerrados en su propia capsula. Pobres personas que se aman a sí mismo y odian a los demás.

2.- Continúa la carta a los Hebreos hablándonos del sacerdocio de Cristo, que es uno y único. Lo describe con estas palabras claras:

“Jesús, como permanece para siempre, tiene el sacerdocio que no pasa. De ahí que puede salvar definitivamente a los que se acercan a Dios por medio de él, pues vive siempre para interceder a favor de ellos.”

Además, el autor de la carta insiste con fuerza:

“La palabra del juramento, posterior a la ley, consagra al Hijo, perfecto para siempre.”

El sacerdocio de Cristo es eterno y perfecto, impecable, porque es el Hijo de Dios.

Los curas actuales que no sigan al Sacerdote Jesús están regando fuera del tiesto.

3.-  Jesús contesta a un maestro de la ley que le pregunta cuales son los principales mandamientos. El Señor dice: Amar a Dios y a los hermanos. No hay otro camino.

Ante la alabanza recibida por parte del maestro de la ley, Jesús le responde que no está lejos del Reino de Dios. Ante esta exigencia el silencio es completo en la persona del maestro de la ley. Era un teórico que no deseaba comprometerse con valentía.

Tenemos hoy a muchos cristianos que se saben muy bien la teoría de lo que hay que hacer, pero ellos no la practican, porque la comodidad y la cobardía les impide mancharse las manos en el camino de amar a Dios y a los hermanos, donde se exige disponibilidad, servicio, perdón, alegría, paz, tolerancia y saber que somos hermanos y nunca primos.

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