Casi todos hemos visto la película Los Diez Mandamientos, donde el protagonista personifica a Moisés de un modo admirable. Hoy domingo se destaca una escena de la cinta que nos hará recordar cómo los autores del guión no inventaron ninguna metedura de pata, como lo hubieran hecho si se hubiera rodado en nuestros días, en los que el respeto a lo sagrado ha pasado al trastero de la historia.

La Palabra de Dios de este domingo nos emite los siguientes mensajes:

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1.- Dios se aparece a Moisés en el pasaje de la zarza ardiendo para encomendarle que sea el caudillo que saque a su pueblo de la esclavitud del pueblo de Israel del dominio dictatorial de los egipcios.

La escena es lo suficientemente clara como para comprender el respeto y la obediencia de Moisés ante Dios, inmenso y todopoderoso, quien pondrá en su boca las palabras necesarias para que sea aceptado por el pueblo como el salvador de la esclavitud de Egipto.

¿Quién cree hoy que Dios coloca sus palabras en nuestra boca?. ¿Quién considera  a Dios tan inmenso y poderoso como para hacer tal cosa?.

Hoy solamente se exalta el egoísmo de la propia estulticia humana. Y así nos va.

2.- San Pablo recuerda a los corintios cómo fue la historia de la salida de Egipto conducido por la mano firme de Moisés. Gracias a aquella gesta el pueblo llegó a la tierra prometida.

Pero al final advierte algo sustancial:

«Todo esto les sucedía alegóricamente y fue escrito para escarmiento nuestro, a quienes nos ha tocado vivir en la última de las edades. Por lo tanto, el que se crea seguro, cuídese de no caer.»

Debemos cuidarnos de no caer tras creernos importantes, imprescindibles y tan autónomos como nos invita la cultura de hoy. Con Dios todo lo podemos, sin Él no somos nadie.

3.- El dueño de la higuera medio seca le da un plazo de un año. Si al siguiente ejercicio no da fruto, el hortelano debe cortarla de raíz, ya que está más seca que la arena del desierto.

En nuestras vidas, somos como esa higuera, el Señor espera que demos frutos visibles de obras de amor a Dios y a los hermanos.

Si no lo hacemos es porque no nos da la real gana, ya que creemos que con la comodidad y el pasar de todo, encontramos la felicidad humana y espiritual. Imposible, pues el camino es la tristeza, la angustia y la desesperación. Y la visita al psicólogo, que no sirve para nada.

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