Este domingo en la antigua liturgia en lengua latina se llamaba: Gaudete. Es decir es el domingo de la alegría porque se acerca la inmediata conmemoración del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo en una cueva de pastores en la ciudad de David, en Belén de Judá.

Por aquí, mientras, las cenas de empresa, las cestas navideñas, las copas de brindis, la carrera consumista en los grandes almacenes, están a la orden del día. Y nosotros nos preguntamos:

¿Qué mensajes de alegría nos trae la Palabra de Dios de este domingo?

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1.- El profeta Sofonías nos presenta la alegría que debía tener el pueblo de Israel ante la llegada del Mesías. Tenía que ser una alegría de corazón, de alma en paz y de disposición a ser mejores hijos de Dios.

Aquella alegría el pueblo la interpretó de un modo material, más que espiritual. La consideró como una utopía inalcanzable.

De la misma manera, hoy, los cristianos creen que la alegría ante la Navidad es fruto solamente de productos materiales que se comen, beben, fuman, esnifan, o se pinchan.

2.- En la carta a los Filipenses, santo Pablo invita a sus lectores a vivir una alegría criada y nacida desde el corazón en paz con uno mismo, con los demás y con el Señor.

La pretensión de vivir la llamada a la alegría desde fuera de la persona es pretender tapar con un dedo el sol que luce de día, o  la luna de noche. Nunca lo material ha reportado alegría a nadie. Nunca lo material ha llenado el ansía de alegría en ningún ser humano.

Solamente, desde, el corazón en paz se llega a la alegría de alma y cuerpo.

3.- En el evangelio de hoy el precursor Juan Bautista da la clave de su misión preparatoria a la venida del Mesías. Van desfilando ante Juan gentes del pueblo, los recaudadores de impuestos, los soldados…cada uno va buscando que debe hacer para sentirse plenamente feliz y contentos.

A cada grupo les señala cuales deben ser sus actos, actos agradables a la voluntad de Dios, que reportan felicidad al corazón humano que es donde nace la verdadera alegría hondamente cristiana.

Como resumen, Juan Bautista recomienda que se preparen a recibir bien al Mesías que llega, a quien él no es digno de desatar la correa de las sandalias.

Si un cristiano desea entrar en el misterio del Hijo de Dios nacido en Belén, debe hacerlo desde la humildad acompañada por la alegría que reconozca al verdadero Mesías. De lo contrario, la Navidad pasará y todos nos iremos para no volver jamás, como dice el villancico.

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