Pascua. Sellos emitidos bajo pontificado Pío XI.

Seguramente fueron razones comerciales de los grandes almacenes las que situaron el día de la madre en el primer domingo de mayo, porque en la Palabra de Dios de hoy no encontramos ninguna razón que avale la jornada dedicada a la madre. Veamos, con detalle, las enseñanzas que nos da la Palabra de Dios de este domingo de la sexta semana de Pascua:

1.- En la primera lectura vemos cómo san Pedro para los pies a uno que pretende arrodillarse ante él, diciéndole claramente que él era una persona humana igual que él. Cornelio se queda de piedra, creyendo que algo nuevo había aparecido en la Iglesia naciente. Y tenía razón.

Más tarde, san Pedro toma la decisión de bautizar a un grupo de gentiles que mezclados con los judíos presentes son receptores del Espíritu Santo. El primer papa es muy claro:

– ¿Se puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros?

Ciertamente que no se puede negar el bautismo a los gentiles. De esta manera entra la Iglesia en ser plenamente católica, es decir, universal, abierta a toda persona de buena voluntad que desee encontrar la salvación ofrecida y conseguida por Cristo con su muerte y resurrección de entre los muertos.

En nuestros días necesitamos este corazón ancho para admitir a quienes llaman a las puertas de los templos pidiendo el sacramento del bautismo. Ojalá fuera así en todos los casos.

2.- Un domingo más el apóstol san Juan nos recuerda que debemos amar a los hermanos, porque Dios nos amó primero de modo exclusivo y sin condiciones.

No amamos a los hermanos porque deseemos hacerlo apoyados en nuestras propias fuerzas humanas, sino todo lo contrario, debemos amarnos mutuamente porque es la Gracia de Dios la que nos lleva a tener la obligación moral de vivir con los brazos abiertos a nuestros semejantes, eludiendo y evitando las peleas y las guerras, que solamente conducen a la destrucción y al envilecimiento de los hijos de Dios.

3.- En el evangelio de hoy (Sexta semana de Pascua) es el mismo Jesús quien afirma que si en algo destacamos los católicos es que tenemos un solo mandato suyo: Que nos amemos unos a otros, lo mismo que el Señor nos ama primero.

La historia de la salvación de Dios a favor del hombre es una historia de amor de entrega total y sin intereses de ninguna clase. Desde el primer hombre Adán hasta el día de hoy Dios nos ha amado primero y, esa fuerza, nos justifica a los demás, para que podamos amarnos no solamente de palabra, sino sobre todo con obras y ejemplos capaces de arrastrar a quienes nos vean actuar.

La santidad de todos los hombres y mujeres que veneramos en los altares es una biografía apoyada siempre en las buenas obras de amor a Dios y a los hermanos, de modo singular a los más pobres y necesitados de una sociedad cuyos pies son apoyados en la injusticia y en la desigualdad completamente alejada del mandamiento de Dios que hoy nos presenta el evangelio de este domingo de Pascua.

Tomás de la Torre Lendínez.

Leave a Reply