Ha llegado el día esperado por muchos: la fecha electoral, la fecha en que sin cocinas previas, conoceremos los resultados de unas elecciones generales en las que nos jugamos el ser o el no ser de nuestra Patria llamada España.

Desde aquí invitamos a ir a votar. La abstención, aunque legal, no parece conveniente en estos momentos, dados los elementos que conforman un día de gran responsabilidad.

La Palabra de Dios de este domingo nos emite estas señales:

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1.- En la primera lectura la gente comienza a unirse a la primera comunidad cristiana, tanto que los enfermos y tullidos son llevados ante la presencia de los apostoles, para que por lo menos la sombra de san Pedro produzca la curación de quienes Dios quisiera.

Esta iglesia primitiva es una comunidad de elegidos, de privilegiados, a los cuales a ninguno se les pide ser de sangre israelita, sino sencillamente aceptar desde la fe el Misterio Pascual de Cristo: su muerte y resurrección.

Por lo tanto, en estos momentos la iglesia se abre al mundo y se hace universal.

2.- San Juan en el libro del Apocalipsis comienza demostrando cómo el Espíritu Santo le está indicando lo que debe escribir centrado en el Misterio Pascual, núcleo esencial de nuestra fe para siempre jamás.

Será y es un libro enigmático, el Apocalipsis, pero entra de lleno en la lista de los libros sagrados de la Biblia ocupando el último lugar en su ordenación y catalogación.

Por lo tanto, un buen ejercicio pascual estaría en leer tranquilamente este libro sagrado y pedir ayuda a algún sacerdote que pueda abrir los ojos de la fe a la revelación que se contiene en él.

3.-El famoso evangelio de la aparición de Jesús resucitado de entre los muertos a sus discípulos reunidos en el cenáculo es el de hoy. Están todos excepto Tomás, quien no se traga el cuento cuando lo oye. Y pone condiciones: debe tocar las heridas del cuerpo de Cristo.

Semejante cabezonería es satisfecha cuando Jesús acude de nuevo y lo llama y le dice que no sea incrédulo sino creyente. La humildad de Tomás queda muy comprobada.

Por lo tanto, existe mucha gente que exige pruebas para creer. Por muchas que se les dé seguirán pidiendo más. Necesitan la fe y la humildad de Tomás.

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