En este domingo mucha gente vuelve a sus casas tras haber pasado un largo puente en tales o cuales lugares de descanso, o de cansarse de haber tenido que hacer colas en el restaurante, en los grandes comercios, o en la propia carretera de vuelta a sus domicilios. A todos les deseamos lleguen felices a sus hogares.

Este domingo segundo de Adviento la Palabra de Dios nos envía estos mensajes:

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1.- En la primera lectura el profeta Baruc nos habla cómo el pueblo de Dios expectante ante el anuncio de la llegada del Mesías se acerca hasta Jerusalén, la ciudad santa, donde confluirán las doce tribus ante el gran acontecimiento.

El error fue muy grande. El Mesías llegó sin anuncios de neón, ni grandes letras en los diarios hablados o televisados. Apareció en una cueva de pastores.

Muchas gentes de hoy vuelven a errar pretendiendo que el Mesías vendrá entre bolas de colorines, luces artísticas, pregones paganos, o ropas lujosas. Craso error de estos días.

2.- San Pablo nos dice en la segunda lectura como debemos acudir a la fiesta de la Navidad:

“Así llegaréis al día de Cristo limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús, para gloria y alabanza de Dios.”

Limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia. ¿Realmente estamos limpios y cargados de buenos frutos?.

Durante estos días del Adviento debemos acudir hasta el confesionario a descargar nuestra conciencia de pecados y pesos inútiles, recibiendo el sacramento de la Penitencia, mediante el cual el Señor nos perdona nuestras ofensas y los da la limpieza moral que pide san Pablo.

Quien piensa que una simple ducha de agua limpia el alma está para un manicomio.

3.- En el evangelio de hoy san Lucas nos presenta a un personaje clave en el Adviento: Juan Bautista, a quien sitúa en el tiempo y en el espacio de la historia de la humanidad con una perfección intachable.

Juan  Bautista es el precursor del Mesías, es el que llega para bautizarle en el río Jordán, es quien prepara los caminos al Señor.

El Bautista es un hombre austero, severo, pobre, valiente y cumplidor de la voluntad de Dios.

Aquí tenemos un ejemplo vivo de cómo se debe preparar uno a la Navidad cristiana, con austeridad, con severidad moral, con pobreza de corazón, con valentía decidida, y con un fiel cumplimiento de la voluntad de Dios.

Los modos paganos actuales nos alejan de la cueva de Belén. Juan Bautista nos lleva de la mano hasta el portalico de Belén.

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