Se acerca la semana que molesta a muchas gentes vecinas de España, que viven al margen de la fe católica. Son los que se enfadan porque corten el tráfico en las calles por donde pasan las procesiones de Semana Santa. Son los que les molesta que la gente acuda a ver una salida procesional de un templo o casa de hermandad. Son los que buscan en el calendario irse al extranjero huyendo del bullicio de las playas españolas.

Veamos lo que nos cuenta hoy la Palabra de Dios.

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1.- En la lectura del libro de Isaías se anuncian los tiempos mesiánicos tras la victoria de la Vida sobre la Muerte. Ya se acabarán las luchas, las batallas, las guerras. Solamente reinará la paz y la reconciliación entre Dios y el Nuevo Pueblo elegido, tras el Misterio Pascual de Cristo.

A partir de aquí tenemos que preguntarnos:

¿Somos conscientes de la responsabilidad de formar parte del Nuevo Pueblo de Dios?

¿Tenemos la visión clara de nuestra pertenencia al Pueblo de Dios?

Si contestamos afirmativamente a cada pregunta citada, estamos en el buen camino.

2.- En la segunda lectura encontramos a Pablo lleno de un entusiasmo sin límites por ser un miembro activo y vivo del Pueblo de Dios en marcha camino de la Casa del Padre.

Pablo, como ciudadano romano, conoce los juegos olímpicos organizados en la antigüedad clásica. El mismo apóstol se mete en el interior de la carrera de los atletas comparándose en recibir no un premio material, sino el gran laurel de una corona otorgada por Cristo en el Reino de los Cielos.

Quien vive hondamente estos sentimientos, como Pablo,  está cerca del Reino de Dios.

3.- En el evangelio se encuentra el tema de la mujer pillada en flagrante adulterio, que debía, según la ley de Moisés morir apedreada. El mismo Maestro Jesús que será azotado, flagelado, coronado de espinas, escupido y clavado en la cruz, afirma ante todo los acusadores que quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Todos los oyentes salen volando, porque nadie tenía la conciencia limpia de pecado.

Es fácil condenar a los demás, sin mirar la viga que tiene uno en los ojos, buscando la mota del polvo que se encuentra en los ojos del vecino.

Un buen ejercicio cuaresmal para estos días previos a la Semana Santa está en confesar nuestros pecados de manera detallada. Sería la prueba de que nos sentimos arrepentidos y dispuestos a ser mejores hijos de Dios.

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