Existe, durante los últimos días, un debate curioso. Un cura nonagenario expulsado de la docencia durante los años ochenta por sus herejías de una facultad de teología, resulta que afirma tajante: El demonio no existe, es un cuento para asustar a los viejos.

Por el contrario, el papa actual, amigo del anterior, no cesa de reafirmar que el demonio existe y actúa de modo descarado contra las personas induciéndolas al pecado.

Veamos lo que nos dice hoy la Palabra de Dios.

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1.- La primera lectura es un resumen perfecto de la historia de la salvación del pueblo elegido por Dios para ser el depositario de la Alianza de amor hecha entre ambos.

Como acción de gracias Dios, por boca de Moisés, debe recibir siempre las primicias de la tierra y del trabajo de los hombres, de modo que sirva de ejemplo para que todos hagan lo mismo.

Si algo falta en la presente sociedad es la virtud del agradecimiento a Dios por los muchos beneficios recibidos, por el ejemplo, la salud, la alimentación, la bondad…y tantos otros que deben llevarnos a Dios siempre.

2.- San Pablo señala que todo quien invoque el nombre del Señor será salvado. Y tiene toda la razón, ya que Cristo murió y resucitó para salvarnos a todos del pecado y de la muerte.

De esta forma, ya no hay distinción entre judíos y griegos, ya todos somos iguales en el camino de la salvación ofrecida por Cristo Jesús en su Misterio Pascual.

Hoy olvidamos que esta igualdad nos hace más libres, más capaces de amar a todos, buscando hacer siempre el bien sin mirar a quien.

3.- En el evangelio de hoy aparece clarísimo que el diablo existe, se mueve, tienta a las personas, porque lo hizo al mismo Cristo en el desierto cuando estuvo cuarenta días en oración y ayuno. Base temporal para el tiempo cuaresmal en el que nos encontramos.

El debate que citamos al comienzo de esta reflexión merece acabar, ya que el papa tiene razón y el anciano ex profesor es la prueba de la chochez propia de la edad y de pretender aparecer como singular en las páginas de los medios informativos en manos de la izquierda intelectual, incapaz de crear algo nuevo, bello y estimulante para la vida del espíritu.

El diablo vive y actúa contra cualquiera de nosotros. Negar la evidencia es propio de gentes alienadas y vivientes fuera de la evidencia de cada día.

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