Se acerca el verano climatológico tras una primavera muy lluviosa. El calor comienza a azotar las zonas más tradicionalmente calurosas. La liturgia de la Iglesia en este domingo continúa con el tiempo llamado ordinario, donde destaca el color verde de las vestiduras sagradas del sacerdote celebrante.

Se acerca el verano climatológico tras una primavera muy lluviosa. El calor comienza a azotar las zonas más tradicionalmente calurosas. La liturgia de la Iglesia en este domingo continúa con el tiempo llamado ordinario, donde destaca el color verde de las vestiduras sagradas del sacerdote celebrante.

La Palabra de Dios de este domingo nos trae las siguientes sugerencias:

1.- La madera de cedro era y es una de las más cotizadas por los ebanistas. El profeta Ezequiel debió darse cuenta de tal realidad física, que, inspirado por el Espíritu del Señor, compara el Reino de Israel a un gran tallo de cedro plantado en una zona seca de un monte alto, donde crece el árbol produciendo un hermoso ejemplar de cedro.

Abundantes aves se acercan hasta las ramas de ese cedro y anidan en él, sirviendo el gran árbol de sitio para dignificar las vidas de las especies avícolas.

Ese cedro es el reino de Israel, donde habitan las doce tribus del pueblo de Dios, y desde donde se proclama que Dios es el Padre de ese gran pueblo, con quien tiene sellada una alianza.

El resto de árboles reconocen al cedro símbolo del pueblo israelita y rinden obediencia a la magnificencia del cedro plantado por el Señor, según el profeta.

2.-  En la segunda carta a los Corintios, san Pablo nos habla de un gran misterio que es una plena verdad de fe aceptada en el Credo de la Iglesia Católica.

Todos tenemos, con buen ánimo, un cuerpo y un alma. Cuando ambos componentes de nuestra persona caminan juntos y en armonía se produce la mejor madurez cristiana que nos podamos imaginar. Son los grandes momentos de felicidad que experimentamos a lo largo de la vida.

Pero, cuando separamos el cuerpo del alma, cuando vivimos en pecado, enemistados con Señor, con nosotros mismos y con los demás, entonces, somos unos desgraciados que sufrimos en esta tierra sabiendo que el juicio definitivo nos llegará cuando el cuerpo muera y el alma acuda ante el tribunal del Señor, único y definitivo juez de vivos y muertos.

3.- Vuelve san Marcos en el evangelio de hoy a tomar la figura arbórea de la comparación entre la Iglesia y sus hijos, que somos todos los que hemos sido bautizados en el interior del nuevo Pueblo de Dios.

Esa semilla plantada es pequeña, al comienzo, pero conforme pasa el tiempo el árbol se hace grande, los pájaros acuden a anidar en él, y sirve de sombra para muchas personas.

La Iglesia Católica es universal, se encuentra plantada en los cinco continentes, tiene un sentido pleno de barca de salvación para todos los que siguen a Cristo muerto y resucitado. Es vehículo de fraternidad para todos los necesitados de la gracia de Dios y de la mano sincera de todos los hermanos en la misma fe dispuestos a ayudar a todos los caídos en el pecado y en la enemistad con el Señor.

Ojalá, el misterio de la Iglesia una, única, católica, santa, apostólica se viviera de modo completo. El misterio de la Santa Madre Iglesia solamente se entiende desde la fe honda de un hijo a una Madre.

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