Durante el tiempo llamado ordinario, la Iglesia desea dar a conocer cómo se trabaja por el Reino de Dios, sin caer en las alharacas de la publicidad que utiliza el mundo comercial, la mayoría de veces con mentiras dulzonas y bobaliconas.

La Palabra de Dios de este domingo nos enseña lo siguiente:

1.- La primera lectura del libro de Isaías es una prueba evidente del amor de Dios a su pueblo cuando lleguen los tiempos mesiánicos, porque entonces todos vivirán la alegría de conocer al Hijo de Dios prometido desde la antigüedad más remota.

La alegría, la humildad, la fraternidad y la filiación divina harán que las gentes del pueblo se acerquen más a Dios y sus obras de amor hacia su pueblo predilecto con el que hizo un pacto de alianza y amistad para siempre.

Cuando llegaron los tiempos mesiánicos aquellas profecías de Isaías no las practicó el pueblo israelita, sino que pidió su muerte en la Cruz.

Hoy ocurre lo mismo. Somos pocos los que vivimos la alegría de la predicación del evangelio del Señor. Somos pocos quienes estamos dispuestos a seguir a Cristo el Señor.

2.- En la segunda lectura encontramos cómo san Pablo se gloría de la cruz de Cristo en la cual  afirma estar crucificado y tener los mismos efectos de la pasión de Cristo.

Todo hijo de Dios por el bautismo está clavado, también, en la Cruz del Señor y tiene las pruebas evidentes de la pasión de Cristo.

Lo que ocurre es que esos cristianos han abominado de la Cruz de Cristo, porque ya no la quieren ver, ni siquiera en los  cruces de los caminos, ni en los centros de salud, ni en la habitación del hospital, y menos aún en los colegios de sus hijos.

3. En el evangelio de san Lucas vemos cómo el Señor da una serie de consejos prácticos a todos los discípulos a la hora de practicar la acción evangelizadora. Son una letanía de consejos entre los cuales destacan que siembren siempre la paz.

Porque la paz es la llave de la justicia, la paz es el regalo de la tranquilidad de la conciencia, la paz es la mejor medicina para no ser pasto de enfermedades mentales, la paz es, esencialmente, la vivencia completa de la alegría de sentirse hijos de Dios y hermanos en la fe con el resto de seres humanos seguidores del Divino Maestro.

Tomemos los consejos del Señor para evangelizar, y entonces, nos sentiremos verdaderos hijos de Dios como pueblo en marcha camino de la Casa del Padre.

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