La expulsión de Adán y Eva del Edén

En el día cuarenta del mes de mayo, o 10 de junio exactamente, salimos de nuevo a través de las ondas de Cadena Ibérica. La liturgia de la Iglesia se encuentra con el llamado Tiempo Ordinario, que nos llevará a lo largo de varios meses hasta finales de noviembre.

En el día cuarenta del mes de mayo, o 10 de junio exactamente, salimos de nuevo a través de las ondas de Cadena Ibérica. La liturgia de la Iglesia se encuentra con el llamado Tiempo Ordinario, que nos llevará a lo largo de varios meses hasta finales de noviembre.

La Palabra de Dios de este domingo nos emite los siguientes pensamientos:

1.- La primera lectura, tomada del libro del Génesis, nos recuerda que hubo un primer pecado en el jardín del Edén, donde los protagonistas fueron el hombre, la mujer y la serpiente, en la que se revistió el demonio tentador.

Aquella vida placentera del paraíso terrenal se fue por el suelo. Adán y Eva descubrieron que no eran invencibles, sino frágiles y pecadores. A partir de entonces la serpiente será mirada como el inicio del mal en el mundo y comienzo de una etapa que nos llevará hasta el fin de este mundo nuestro lleno de la presencia del mal y de la inclinación al pecado.

Es el sacramento del Bautismo el que nos borra la señal del pecado original cometido por la primera pareja humana. Gracias a las aguas bautismales somos hijos de Dios, aunque mantenemos nuestra voluntad de hacer el mal más veces que el bien.

Es nuestra libertad personal la que nos conduce a unos actos u otros. Es una libertad plena sin ataduras de ninguna clase, salvo el límite de la libertad de nuestros hermanos con los que convivimos en la sociedad de nuestros días.

2.- En la segunda lectura, extraída de la carta segunda de san Pablo a los Corintios, aparece muy claro un misterio que ha traído de cabeza a mucha gente:

¿Podemos ver el interior de nuestros semejantes?

Cuando el cuerpo envejece, ¿lo hace igualmente el espíritu?

San Pablo contesta que no. Nuestro cuerpo físico se arruga, se deshace, se entumece, pero nuestra alma nunca envejece porque es un espíritu puro. Por lo tanto, vemos que nuestro exterior sucumbe al paso del tiempo, pero nuestro espíritu puede y debe ser siempre joven.

3.- En el evangelio de hoy vemos cómo los enemigos de Jesús afirman delante suya que tiene dentro de sí a Satanás, al demonio. Se creen como el ladrón que todos son de su condición.

El Señor se defiende claramente afirmando que los endemoniados son los mismos que se lo atribuyen a Él, porque todos los que son hijos del mal creen que los demás también lo son.

Jesús fue impecable. Desde Adán y Eva los únicos pecadores somos todos los demás, sin excepción.

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