Estamos en las puertas de la Navidad del Señor. Estamos en el cuarto domingo del tiempo del Adviento. Mañana día 24 será Nochebuena y al día siguiente será la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. Son fechas hondamente cristianas.

Por el contrario, la sociedad actual las ha convertido en unas olimpiadas del gasto, el disfrute material, el viaje huidizo, y las vacaciones invernales.

La Palabra de Dios de este domingo nos recuerda las siguientes verdades:

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1.- El profeta Miqueas, en la primera lectura, nos propone cómo en Belén de Judá, la ciudad de David, nacerá el Mesías.

Cuando se visita Belén se encuentra uno cómo debió ser aquella aldea hace más de dos mil años. Actualmente el sitio de la cueva de pastores donde vino el Mesías al mundo forma parte de una hermosa basílica.

Un hermoso regalo cristiano es vivir la Navidad en Tierra Santa. ¿Cuánta gente se perderá estos días por tierras exóticas, islas ignotas, países perdidos?.

Cuando vuelven están vacíos, aunque llenos de fotos en el móvil. El cristiano que viaja a Tierra Santa estas fechas vuelve con el corazón lleno de la Gracia de Dios. Aquí está la diferencia.

2.- En la segunda lectura de la carta a los Hebreos encontramos cómo ya no se necesitan los viejos sacrificios de animales del Antiguo Testamento. Ahora es el mismo Hijo de Dios quien nace y ofrecerá toda su vida como pleno sacrificio de entrega a cumplir la voluntad del Padre.

Voluntad que se resume en salvar a toda persona de buena voluntad mediante su vida de trabajo escondido en Nazaret, de predicación del evangelio por la tierra de Israel, que acabará consumando su sacrificio en la Cruz y posterior Resurrección.

Quien desee dimitir de la vida, es decir, suicidándose, no ha entendido el misterio de Jesús Redentor.

3.- En el evangelio de San Lucas la Virgen María acude hasta la casa de su prima Isabel a ayudarle en el parto de Juan Bautista. El encuentro de ambas primas fue tan esencial que supone un canto a la Vida, una gran canción a cómo la maternidad no es un castigo a las mujeres, sino un regalo de Dios para traer hijos al mundo y la historia humana continúe.

Los tiempos actuales no potencian la maternidad, ni la procreación filial. Ahora se premia la soledad vacía de una soltería llena de caprichos, tiempo libre y afanes de imitación a los varones, quienes han sido tachados como enemigos seguros de toda mujer. Cuando en la unión entre el hombre y la mujer, en el matrimonio, es donde se encuentra la verdadera felicidad y complementariedad humana y espiritual. De esa unión nacen los hijos, que son la bendición de Dios a la pareja.

Feliz y cristiana Navidad a todos, amigos.

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