Siempre, en los peores años del terrorismo etarra, sus escondites, sus almacenes de armas, sus salas de reuniones, eran en cuevas ignotas o en caseríos perdidos del mapa vasco.

Desde hoy, con la querencia y el pago del plagiario, la cueva de asesinos es RTVE, con suelo de moqueta, luces de colores, cámaras de primera tecnología, y con el silencio cómplice de los trabajadores del ente público, quienes si eso lo hiciera un partido de derechas irían vestidos de negro.

Ahora nada de eso. Bajan la cabeza. Visten de colores y reciben a los asesinos y sus amigos en el edificio televisivo.

Mientras, la oposición se opone de modo suave, sin estridencias, sin medidas drásticas, total un verdadero teatro de variedades. Y el plagiario ríe con cara de cartón piedra su pírrica victoria.

Quienes sí lloran son las víctimas de mil personas asesinadas por los terroristas con un tiro o una bomba. Una pena que no tiene remedio. Han ganado los asesinos. Lástima de esta España insensible y envuelta en un calor atosigante.

Tomás de la Torre Lendínez

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