Hoy dejo de tratar temas políticos o religiosos. Vamos a contar un hecho real: existe un pequeño piso donde habita una familia. El piso superior dispone de un matrimonio, sin hijos, quienes a cambio de hijos, disponen de dos perrazos que ladran cuando están solos que la mayor parte del tiempo.

La comunidad vecinal ha presentado denuncias aquí y allá y todo ha sido música celestial. Los vecinos del bloque tienen que comerse el ruido con tapones colocados en las orejas, lo que impide el dialogo familiar habitual. Han aprendido el lenguaje de los signos, y así se apañan.

Estamos en una sociedad donde los seres humanos hemos perdido el derecho al descanso de una manera descarada.

Y así hasta cuando?

Tomás de la Torrre Lendínez

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